23 de Junio de 2026
4 MINUTOS DE LECTURA

Un estudio liderado por investigadores del Centro Interdisciplinario de Neurociencia UC propone un cambio de paradigma sobre lo que ocurre cuando nos distraemos: “Estos espacios de ocio mental parece ser que tienen una utilidad evolutiva de limpieza cíclica ante los estímulos sensoriales a los que nos enfrentamos como humanos”
Por Victoria Agouborde
En medio de una reunión, en una clase o en la lectura de un libro es común la experiencia de perder la atención. La mente empieza a rumiar, aparecen otros pensamientos y escenarios imaginados de forma no consciente que provocan distracción. A este fenómeno, muchas veces frustrante, se le denomina mindwandering o divagación mental, y durante décadas se le asoció con la activación de una red específica del cerebro que lleva el nombre de Default Mode Network (DMN) o Red de Modo por Defecto.
Sin embargo, un estudio recientemente publicado en la revista Scientific Reports, liderado por investigadores del Centro Interdisciplinario de Neurociencia UC, cambia el paradigma y aporta nueva evidencia sobre este fenómeno: los resultados muestran que los episodios de divagación mental involucran la coordinación de múltiples sistemas cerebrales que van más allá de la tradicional Red de Modo por Defecto. Así, la divagación mental emergería como un estado cerebral activo y organizado, más que como una simple interrupción, pausa o error de la actividad cognitiva.
“El trabajo propone entender la divagación mental no simplemente como una falla de la atención, sino como parte de la dinámica natural de nuestra actividad cerebral”, explica el doctor Rodrigo Henríquez, quien dirigió la investigación junto a Joaquín Herrero —primer autor y entonces estudiante de doctorado— y los doctores Reinaldo Uribe, Christian Cantillano, Jaime Godoy, Patricio Mellado, Pablo Fuentealba, Pablo Billeke y Francisco Aboitiz. El proyecto combina neurociencia básica, neurología y neurocirugía.
“Estos espacios de ‘ocio mental’ o desacople espontáneo de la atención parecen ser una posibilidad de valor adaptativo que hemos conservado durante la evolución humana, donde la ‘limpieza cíclica sensorial’ ante la abundante carga y estímulos nos ha permitido adaptarnos y coordinarnos con el mundo” – Rodrigo Henríquez, académico UC.
Para estudiar este fenómeno, el equipo de investigación analizó a pacientes con epilepsia resistente a medicamentos que ya tenían electrodos implantados en el cerebro por razones clínicas. A estos participantes, se les realizó una tarea de atención en vivo y a lo largo del ejercicio tuvieron que indicar si estaban concentrados o distraídos. Mientras tanto, se les midió su actividad cerebral y observaron que los períodos de divagación mental involucraban la conexión y coordinación entre diferentes regiones del cerebro.
“A través de este ejercicio podemos mirar cómo la actividad cerebral asociada a esos espacios tiene trayectoria diferente. De esta manera, entendemos cómo se organizan las redes del cerebro previamente a que la atención se desacople y comencemos a divagar, nos quedemos dormidos o estemos atentos y distinguimos claramente, como con una huella digital, cada uno de estos eventos mentales que tienen a su vez un correlato neurofisiológico rastreable, medible y cuantificable”, agrega el académico del Departamento de Neurología UC.
Los investigadores observaron que estos cambios son globales y aparecen de manera abrupta y aperiódica en la dinámica cerebral, asociados a distintos estados mentales como la atención sostenida, la divagación mental y la somnolencia.
Un limpiaparabrisas para el cerebro
A partir de este experimento, una de las hipótesis de los autores es que la divagación mental no se debe entender simplemente como una pérdida de concentración, sino como un estado que ayuda a nuestro cerebro a responder a las múltiples demandas cognitivas y estímulos que provienen del entorno.
De este modo, tal como lo hacen los limpiaparabrisas, la divagación mental ayudaría al cerebro a trabajar y reorganizar periódicamente la actividad de manera eficiente para manejar la enorme cantidad de información y estímulos que procesa continuamente: “Estos espacios de ‘ocio mental’ o desacople espontáneo de la atención parecen ser una posibilidad de valor adaptativo que hemos conservado durante la evolución humana, donde la ‘limpieza cíclica sensorial’ ante la abundante carga y estímulos nos ha permitido adaptarnos y coordinarnos con el mundo”, explica el investigador.
En concordancia con esa funcionalidad, estos períodos de desacoplamiento espontáneo de la atención tendrían un rol fundamental en aspectos como el éxito de la atención selectiva, el pensamiento interno, la memoria y la imaginación, sostienen los investigadores.




