8 de Septiembre de 2026
9 MINUTOS DE LECTURA

Desde las ciencias aplicadas y la historia, Gloria Montenegro y Ana María Stuven han seguido caminos muy distintos, pero con una convicción común: llevar el conocimiento más allá de la academia para responder a problemas concretos de la sociedad.
Por Visión Universitaria
Las investigaciones de Gloria Montenegro comenzaron entre plantas, pólenes y mieles chilenas. Con los años, ese conocimiento salió del laboratorio: permitió certificar propiedades de la miel nativa, desarrollar patentes y entregar nuevas herramientas a apicultores para agregar valor a sus productos. Ana María Stuven recorrió un camino muy distinto. Mientras investigaba la historia de las mujeres desde el campus San Joaquín, descubrió que al otro lado de avenida Vicuña Mackenna había cerca de 2.000 mujeres privadas de libertad. Esa constatación terminaría cambiando también la forma en que entendía su trabajo académico.
Una viene de las ciencias y la otra de las humanidades. Sin embargo, las trayectorias de Gloria Montenegro Rizzardini, Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2026, y Ana María Stuven Vattier, Premio Nacional de Historia 2026, comparten una característica: para ambas, la investigación no termina con la publicación de un artículo o un libro. El conocimiento adquiere una nueva dimensión cuando logra encontrarse con problemas concretos de la sociedad.
Montenegro, profesora emérita de la UC, y Stuven, licenciada en Historia de esta Universidad y académica durante parte importante de su trayectoria, muestran desde disciplinas muy distintas esa forma de entender la investigación.
Para la vicerrectora de Investigación y Postgrado, María Angélica Fellenberg, ambas trayectorias reflejan una vocación que la Universidad busca profundizar en su Plan Estratégico 2026-2030. “Queremos impulsar una investigación de excelencia que sea capaz de ampliar las fronteras del conocimiento, pero que al mismo tiempo dialogue con los desafíos de nuestra sociedad y encuentre caminos para contribuir a ellos. Gloria Montenegro y Ana María Stuven muestran, desde ámbitos completamente diferentes, que esa vocación de impacto puede tomar muchas formas y que es parte esencial de la tarea que tenemos como universidad”, señala.
De la flora nativa a los apicultores
Durante más de cuatro décadas, Gloria Montenegro ha estudiado la flora nativa chilena. Su investigación en botánica, biología celular y melisopalinología la convirtió en una referente internacional en el estudio de las propiedades bioactivas de las plantas y, particularmente, de los productos derivados de la apicultura.
Pero para ella generar ese conocimiento es solo una parte del proceso. “Siempre he creído que hay que transferir la investigación científica y tecnológica a los usuarios, a la gente que realmente lo necesita”, afirma.
En su caso, esa convicción la ha llevado a trabajar directamente con la agricultura familiar campesina y con empresas, buscando problemas concretos que puedan ser abordados desde la investigación. Uno de los mejores ejemplos está en las mieles chilenas.
Su trabajo permite determinar el origen floral de una miel, clasificarla de acuerdo con estándares internacionales y estudiar propiedades biológicas como su capacidad antibacterial, antiinflamatoria o antioxidante. Información que después puede acompañar al producto y diferenciarlo frente a otros.
Una miel deja de ser solamente un producto genérico cuando es posible establecer científicamente de dónde proviene y qué atributos posee. Ese conocimiento puede llegar hasta la etiqueta del frasco y permitir que el consumidor reconozca, por ejemplo, una miel con determinadas propiedades funcionales. “Eso es agregar valor”, explica Montenegro.
El efecto de esa investigación ha alcanzado a pequeños y medianos apicultores y a empresas exportadoras, entregándoles herramientas para diferenciar sus productos y competir en mercados de mayor valor. Es una cadena que conecta flora nativa, investigación científica, propiedad intelectual, transferencia tecnológica y desarrollo productivo.
Montenegro defiende, además, que esa vocación aplicada no supone renunciar a la investigación fundamental ni a la excelencia académica. Su trayectoria suma más de 250 publicaciones y la dirección de más de 30 proyectos competitivos, junto con 42 solicitudes de patentes de invención.
“Tú puedes conciliar la investigación básica con la investigación aplicada”, sostiene. Para la investigadora, es posible producir resultados capaces de publicarse en revistas internacionales de alta calidad y, simultáneamente, “aplicar esos resultados y poder contribuir de alguna manera a la sociedad”.
Esa búsqueda de impacto también supone acercar la investigación a quienes enfrentan los problemas. Montenegro destaca la necesidad de que investigadores, productores y empresas trabajen conjuntamente para encontrar soluciones que permitan avanzar en el desarrollo económico.
En 1998, además, se convirtió en la primera científica latinoamericana en recibir el Premio L’Oréal-UNESCO For Women in Science, un reconocimiento pionero al trabajo de las científicas de la región.
De una ventana en San Joaquín a la cárcel de mujeres
Hace unos 25 años, Ana María Stuven investigaba la historia de las mujeres en Chile y dictaba un curso sobre el tema en la Universidad. Fue entonces cuando descubrió algo que, pese a estar físicamente muy cerca, hasta ese momento desconocía: frente al campus San Joaquín, al otro lado de avenida Vicuña Mackenna, había una cárcel en la que vivían cerca de 2.000 mujeres privadas de libertad.
La distancia eran apenas unos metros, pero Stuven la percibió como mucho mayor.
“Me causó mucha impresión saber que las más desfavorecidas de la sociedad estaban justo al frente de las y los más favorecidos”, recuerda. Para la historiadora, descubrir aquella realidad mientras trabajaba precisamente sobre la historia de las mujeres se convirtió en un momento simbólico: le hizo preguntarse por la invisibilidad de determinados sectores de la sociedad.
De esa experiencia nació la Corporación Abriendo Puertas, que fundó para acompañar y capacitar a mujeres privadas de libertad. Con los años, Stuven también ha participado en instancias de política pública vinculadas al sistema penitenciario, entre ellas el Subcomité de Perspectiva de Género.
Ese trabajo no significó abandonar la investigación histórica. Licenciada en Historia por la UC y doctora por la Universidad de Stanford, Stuven ha desarrollado una trayectoria de más de cuatro décadas dedicada a la historia política e intelectual de Chile y, especialmente, a la historia de las mujeres y el género.
Su producción comprende más de veinte libros como autora o editora. Entre ellos se encuentra La seducción de un orden: las élites y la construcción de Chile en las polémicas culturales y políticas del siglo XIX, que contribuyó a renovar la comprensión sobre la formación política e intelectual del Chile republicano. Este año publicó Feminismo, un concepto necesario para la historia de las mujeres en Chile, una investigación que ella define como “plenamente historiográfica”.
Pero las dos dimensiones de su trabajo volvieron a encontrarse. En 2025 publicó junto a Verónica Undurraga e Ingrid Bachmann Salir del infierno: Historias de mujeres y cárcel, donde la experiencia de mujeres que han pasado por el sistema penitenciario se convierte también en objeto de reflexión e investigación.
“He intentado que ambas actividades se potencien una con la otra”, explica Stuven. “Mi visión es que la academia nunca debe estar al margen de la realidad social en la cual el historiador o el académico está inmerso. Son dos miradas de una misma realidad”.




