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Cuando el perro “se vuelve un problema”: cómo evitar que una convivencia difícil termine en abandono

21 de Julio de 2026

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Las expectativas poco realistas y la falta de herramientas para comprender y gestionar la conducta de un perro pueden convertirse en detonantes directos de la renuncia a su cuidado. En el marco del Día del Perro, que se conmemora este 21 de julio, académicos de la Escuela de Medicina Veterinaria UC explican que, con información previa y asesoría experta, muchas de estas dificultades se pueden prevenir o abordar a tiempo.

Por Magdalena Villarroel | Fotografías: Karina Fuenzalida y César Dellepiane

Un perro que ladra sin parar y provoca quejas recurrentes de los vecinos; algunos sillones y muebles aparecen destrozados y cada paseo se convierte en una experiencia agotadora, en que la mascota parece ignorar cada instrucción del tutor. Lo que comenzó como una adopción llena de ilusión se transforma, poco a poco, en una fuente permanente de estrés. En medio del cansancio emocional, entregarlo o dejarlo ir puede comenzar a percibirse, erróneamente, como la única salida.

El abandono no empieza el día en que el perro queda en la calle, sino antes. A menudo, no ocurre porque la familia no quiera al perro, sino porque la convivencia se ‘echa a perder’ y las personas no saben cómo resolverlo“, explica Rodrigo Morales, médico veterinario de la Comisión Nacional de Tenencia Responsable del Colegio Médico Veterinario (Colmevet) y profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria UC, donde dirige un curso de formación general en esta materia.

“De hecho, en Chile, la relación con los perros cambió profundamente entre 2002 y 2026: un estudio realizado en Santiago muestra que la razón principal para tener una mascota pasó de ser funcional a ser afectiva”, agrega.

Por lo tanto, las dificultades no aparecen por falta de cariño, sino por una lectura equivocada de lo que la mascota está pidiendo. “Detrás de cada conducta problemática existe una necesidad no comprendida. Por ejemplo, lo que los tutores interpretan como desobediencia son, en realidad, formas de comunicación: si le das una orden y el perro se asusta, pareciese que no te obedece, pero en realidad está congelado como respuesta al miedo” afirma Astrid Concha, etóloga y profesora de la Escuela de Medicina Veterinaria UC.

Antes de adoptar: expectativas y realidad

Una familia que está pensando en adoptar debe evaluar si cuenta con el tiempo, el espacio, los recursos y la disposición emocional necesarios para acompañar a la mascota durante toda su vida. También es importante considerar su edad, temperamento, nivel de actividad y compatibilidad con la dinámica del hogar.

Uno de los errores más frecuentes es elegir un perro por apariencia, moda, tamaño o impulso emocional. Adoptar es un compromiso, es asumir una decisión informada, colectiva y para siempre. La adopción no termina cuando el perro llega a casa: ese día recién comienza el proceso”, explica Morales.

Y ese proceso contempla una serie de etapas que los tutores deben conocer. La profesora Concha señala que, en la socialización temprana de los cachorros -aproximadamente entre las tres y las 16 semanas de vida-, es esperable que muerdan objetos o personas, entre otras razones, debido a la dentición.

Más adelante, en la adolescencia –una fase poco visibilizada y que puede extenderse desde los cinco o seis hasta los 18 meses-, la liberación de hormonas y los cambios estructurales del sistema nervioso pueden provocar que los perros se muestren más desobedientes o reactivos. Manifiestan también miedos situacionales ante estímulos que antes toleraban.

Por eso, tanto los cachorros como los perros adultos necesitan experiencias graduales que les permitan acostumbrarse a distintos espacios, personas y animales. Este proceso debe ir acompañado del refuerzo de las conductas que se espera que repitan. “Lo que no se acompaña en esos meses suele reaparecer después como un problema de convivencia”, aclara la etóloga.

Qué significa realmente tenencia responsable

La tenencia responsable no se limita a la alimentación y las visitas al veterinario. La Ley 21.020 establece obligaciones como deberes como la identificación, registro, manejo sanitario y responsabilidad por los daños que el animal cause.

Pero el bienestar de un perro implica ir más allá de esas exigencias básicas. “Según un estudio de la UC, solo el 38% de los perros está inscrito en el Registro Nacional de Mascotas y cerca de uno de cada tres no accede regularmente a controles preventivos”, detalla Morales.

El académico recalca que “la tenencia responsable no es propiedad, es compromiso”. Adoptar no es solo abrir la puerta de la casa, es asumir una decisión informada, conversada y para siempre, que cambiará y enriquecerá la vida de la familia y la de la mascota.

Este compromiso implica hacerse cargo de necesidades que suelen pasarse por alto. La profesora Concha explica que la actividad física “no es solo caminar o ejercitar, sino que debe incluir dinámicas de juego conjunto y exploración olfativa, lo que permite una mejor regulación emocional del perro y afianzar el vínculo”. Advierte que hábitos como el paseo diario, pierden su sentido cuando el tutor está pendiente del celular y no interactúa con el animal. “Al igual que un niño, sin interacción el perro se siente solo”, señala.

Cuando aparecen las dificultades: cómo actuar y dónde buscar ayuda

Distinguir entre un perro que ‘no quiere’ y uno que ‘no puede’ es el primer paso hacia una buena convivencia. Por esto, frente a conductas problemáticas reiteradas -como destrozos por frustración o ansiedad por separación-, la respuesta jamás debe ser el castigo físico o psicológico, ya que esto solo cronifica el miedo y fractura el lazo familiar.

“Buscar ayuda a tiempo puede evitar el abandono porque permite intervenir cuando la familia todavía tiene energía, disposición y vínculo con el perro”, explica Morales.

El primer paso es descartar que exista una causa médica detrás del comportamiento y luego buscar orientación idónea con un médico veterinario con formación en etología o un adiestrador. “Lo importante no es la popularidad social, sino sus credenciales profesionales y los métodos utilizados”, precisa Concha.

Morales recomienda también buscar orientación en universidades, colegios profesionales, organizaciones de protección animal y redes comunitarias, además de revisar campañas educativas. Advierte que las agrupaciones animalistas no siempre tienen capacidad para recibir a un nuevo perro.

“Es importante decirlo con claridad: las organizaciones animalistas suelen estar sobrepasadas y no pueden transformarse en la solución automática para cada caso. La prevención y la búsqueda temprana de ayuda siguen siendo claves”, afirma el académico.

Pedir ayuda también es cuidar

Afrontar dificultades en el manejo de una mascota no define a nadie como un mal tutor. De hecho, reconocer la necesidad de apoyo es un acto de responsabilidad. Para guiar a los tutores a generar un entorno seguro y armónico, los académicos de la UC entregan recomendaciones:

  • Antes de adoptar: informarse sobre las características y necesidades del perro, y evaluar con realismo si la familia puede ofrecerle el tiempo, el espacio, los recursos y las actividades que requiere.
  • Rutinas adecuadas: definir horarios que le entreguen seguridad, realizar paseos que fortalezcan el vínculo, disponer de un lugar tranquilo para el descanso y ofrecer juegos que estimulen sus capacidades físicas y mentales.
  • Observar lo que ocurre: registrar cuándo aparece la conducta que preocupa, qué sucedió antes y frente a qué estímulos se presenta. Estos antecedentes pueden ser muy útiles durante una evaluación del profesional.
  • Pedir ayuda a tiempo: acudir a un médico veterinario de confianza y solicitar apoyo a un especialista que pueda demostrar su formación y explicar claramente los métodos que utiliza. También puede buscar información en campañas educativas como “Adopta con Compromiso“. (www.compromisoanimal.cl).
  • Comprometer a toda la familia: acordar reglas y formas de actuar en conjunto. Cuando cada integrante responde de una manera distinta, el aprendizaje se vuelve más difícil.

Muchas situaciones que al comienzo parecen inmanejables, pueden mejorar con orientación, paciencia y un trabajo constante. La pregunta no es qué hay de malo en el perro, sino qué necesidad está tratando de expresar o resolver a través de su comportamiento.

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