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Magnifica humanitas: una palabra oportuna para pensar la inteligencia artificial con esperanza

Heriberto Cabrera Reyes

Académico de la Facultad de Teología

25 de Mayo de 2026

3 MINUTOS DE LECTURA

La publicación de Magnifica humanitas, carta encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, llega en un momento especialmente oportuno. En medio de un debate público muchas veces marcado por entusiasmos desmedidos o por temores paralizantes, el Papa propone una mirada serena, profundamente humana y esperanzadora.

El valor del documento está precisamente en la manera de abordar la temática. La encíclica no presenta la inteligencia artificial como una amenaza inevitable ni como una solución mágica a los problemas de la humanidad. La sitúa, más bien, dentro de una pregunta mayor: qué significa seguir siendo humanos en una época marcada por algoritmos, automatización, plataformas digitales y nuevas formas de comunicación.

Esta perspectiva resulta particularmente fecunda para la vida universitaria. La inteligencia artificial no interpela solo a las facultades vinculadas directamente con la tecnología. Toca también a la educación, la salud, la economía, el derecho, las comunicaciones, las ciencias sociales, las artes, la filosofía, la teología y todas las disciplinas que se preguntan por el ser humano, la convivencia, la justicia y el futuro común.

Una mirada que abre caminos

Uno de los aportes más significativos de Magnifica humanitas es que invita a reconocer las posibilidades reales de la tecnología. La encíclica afirma que la tecnología puede curar, conectar, educar y cuidar la Casa común, aunque también advierte que puede dividir, descartar y generar nuevas injusticias cuando no está orientada al bien. Esta formulación permite salir de una alternativa estrecha entre aceptación acrítica y rechazo defensivo. La cuestión decisiva no es simplemente decir “sí” o “no” a la tecnología, sino discernir al servicio de qué proyecto humano y social queremos ponerla.

En este sentido, la encíclica ofrece una palabra especialmente valiosa para la Universidad Católica: invita a pensar la innovación desde la dignidad de la persona, el bien común, la justicia social, la educación integral y la cultura del encuentro. No se trata solo de regular la inteligencia artificial, sino de formar personas capaces de usarla con responsabilidad, creatividad, sentido crítico y apertura al otro.

La referencia simbólica a Rerum novarum es también significativa. Así como León XIII en 1891 discernió los desafíos humanos y sociales de la revolución industrial, León XIV invita ahora a discernir pastoralmente los desafíos de la revolución digital. La Iglesia vuelve a mirar las “cosas nuevas” de la historia no desde el miedo, sino desde la confianza en que el Evangelio puede iluminar los cambios de época.

Esta encíclica llega, además, en un buen momento porque se hace cargo de una preocupación cada vez más importante cuando se habla de paz. Hoy la paz no depende solo de la ausencia de guerra, sino también de la calidad de la comunicación pública, del acceso justo al conocimiento, del uso responsable de los datos, de la protección de los más vulnerables, de la justicia en el trabajo y del modo en que las tecnologías pueden fortalecer o debilitar los vínculos sociales. No es casual que el documento sitúe la reflexión sobre la inteligencia artificial dentro de un horizonte más amplio: la cultura del poder y la civilización del amor, la necesidad de “desarmar las palabras” y de construir la paz en la justicia.

La cita central del texto expresa bien esta orientación: “tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo” (Magnifica humanitas, 15).

Para la Pontificia Universidad Católica de Chile, Magnifica humanitas es una invitación a leer, estudiar y discernir la inteligencia artificial desde todas las facultades y comunidades universitarias. Su recepción puede abrir espacios de diálogo interdisciplinario, investigación, formación ética, reflexión pastoral y evangelización digital, para que la tecnología esté siempre al servicio de la persona humana, del bien común y de una convivencia más justa, fraterna y esperanzada.

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