La paz que desarma: claves del primer año de León XIV

Pablo Arteaga
Académico Facultad de Teología
11 de Mayo de 2026
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León XIV se presentó hace un año atrás en el balcón de la Plaza de San Pedro con el saludo que el mismo Cristo resucitado nos dio “La Paz sea con ustedes”. No fue un gesto protocolar. En ese instante, el nuevo pontífice adelantaba lo que sería el eje más profundo de su pontificado: volver a proponer la paz como horizonte teológico, social y cultural en un mundo herido por la polarización, la violencia y la desconfianza.
En efecto, la paz no aparece en León XIV como una consigna superficial, sino como una tarea exigente. Él mismo ha insistido en que se trata de una paz “desarmada y desarmante”: una paz que no se impone, sino que se construye mediante el diálogo, la escucha y la reconciliación. En este sentido, su magisterio interpela directamente a nuestra sociedad, y también a la vida universitaria, llamada a ser espacio privilegiado para el encuentro de la verdad sin imposiciones.
En segundo lugar, este anuncio de paz está estrechamente vinculado a una convicción eclesial: la unidad. El lema del Papa —“en Cristo somos uno”— no es simplemente una afirmación espiritual, sino una tarea concreta. En una Iglesia y en un mundo atravesados por tensiones, León XIV invita a reconstruir la comunión, no uniformando, sino integrando la diversidad. Para la universidad, esto supone un desafío particularmente actual: formar comunidades académicas capaces de sostener el disenso sin caer en la fragmentación.
Un tercer rasgo de su pontificado es la centralidad de la dignidad humana y la justicia social. Inspirado en la tradición de la doctrina social de la Iglesia, León XIV ha subrayado con fuerza que no es posible hablar de paz sin justicia. Las desigualdades estructurales, la exclusión de los más débiles y las nuevas formas de vulnerabilidad —también aquellas asociadas al desarrollo tecnológico— exigen un discernimiento ético profundo. En este ámbito, la universidad tiene una responsabilidad insustituible en la formación de profesionales y ciudadanos comprometidos con el bien común.
Finalmente, todo ello converge en una visión de Iglesia decididamente misionera. León XIV ha insistido en la necesidad de salir, dialogar y construir puentes. Su experiencia pastoral en contextos diversos le permite comprender que la fe no puede quedar encerrada, sino que debe encontrarse con las preguntas reales del mundo contemporáneo. También aquí la universidad aparece como un lugar clave, donde la fe y la razón no se excluyen, sino que se iluminan mutuamente.
A un año de su elección, el pontificado de León XIV no se define por grandes rupturas, sino por una claridad serena: paz, unidad, justicia y misión. Cuatro claves que, más que un programa eclesial, constituyen una invitación intelectual y espiritual para nuestro tiempo.