El Papa León XIV y la centralidad de Cristo

Padre Alejandro Vial
Sacerdote Asesor de la Pastoral UC
11 de Mayo de 2026
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Al mirar este año de pontificado del Papa León XIV nos damos cuenta de que un Papa es su historia, pero mucho más.
Sin duda que en estos meses hemos podido ver la influencia de su nacionalidad estadounidense, su formación matemática, canónica y agustiniana, sus años de misionero en Perú, sus períodos como superior de una comunidad religiosa con presencia en todo el mundo y el tiempo que estuvo trabajando en la Congregación para los Obispos.
Pero más que ese conjunto de influencias, hemos podido ver un Papa, un sucesor de San Pedro, un Vicario de Cristo. Nos ha mostrado como, en fidelidad al mandato de Cristo, ha estado confirmando a sus hermanos en la fe.
La centralidad de Cristo está en su mensaje, desde el primer día: “Dios nos quiere, Dios los ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor”.
Nos invita a iluminar el mundo, no con cualquier luz, la luz de Cristo y Cristo resucitado, que nace del inmenso amor de Dios por todos. Esa luz nos lleva a vivir con esperanza y sin miedo. Desde Cristo nos invita a iluminar la pobreza, los migrantes, los perseguidos, los que sufren la guerra y el odio, y a trabajar para que esa luz transforme esas realidades, ha querido tocarlas en sus primeros viajes. Con la certeza de saberse amado por Dios, incluso en sus propias debilidades, no lee un discurso, transmite una experiencia viva.
En el discurso de este 8 de mayo en Nápoles al clero y los consagrados, podemos ver mucho de lo que hay en el corazón de León XIV:
“En primer lugar, el cuidado de la vida interior y espiritual, alimentando constantemente nuestra relación personal con el Señor en la oración y cultivando la capacidad de escuchar lo que se agita dentro de nosotros, para hacer discernimiento y dejarnos iluminar por el Espíritu”.
Ve la necesidad de cultivar el contacto permanente con Cristo y desde ahí dejarse iluminar por el Espíritu Santo para el discernimiento de la vida.
“El cuidado de nuestro ministerio, sin embargo, también pasa por la fraternidad y la comunión… …escúchense, caminen juntos, creen una sinfonía de carismas y ministerios, y así encuentren las formas de pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, capaz de interceptar la vida concreta de las personas.”
Para León XIV la comunión y la fraternidad es un signo de la presencia de Cristo, por eso se la juega por la unidad y la comunión, tanto dentro de la Iglesia como en el mundo entero.
Mirando sus palabras y gestos podría decir que León XIV busca poner a Cristo en el centro de la vida y la historia, con la humanidad unida y dejándose iluminar por Él. O como diría San Agustín: el Cristo Total, donde Cristo cabeza ilumina y conduce al cuerpo a su plenitud, somos uno en Cristo.