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Melanie Jones, alumna de intercambio de 73 años: “Uno nunca deja de aprender”

23 de Junio de 2026

5 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraDespués de trabajar en el servicio público en California, como secretaria y operadora de emergencias, Melanie quiso cumplir el sueño que tenía pendiente: aprender español a la perfección y salir a explorar el mundo. Crédito fotográfico: Samuel Díaz.

Hace pocos días la estudiante californiana concluyó su estadía de 5 meses perfeccionando su español en la Facultad de Letras. Dominar el idioma no es un sueño egoísta: “Me gustaría hacer un voluntariado y ayudar a familias hispanohablantes en California”, dice.

Por SAMUEL DÍAZ COLMENARES

Melanie Jones lleva 50 años casada, es madre de dos hijos y abuela de dos nietas. Durante gran parte de su vida trabajó en el servicio público en California, desempeñándose como secretaria y, durante un año, como operadora de emergencias atendiendo llamadas al 911. Más adelante, decidió dedicar tiempo al cuidado de sus hijos y, posteriormente, de sus nietas. Sin embargo, había un sueño que seguía pendiente: aprender español a la perfección y salir a explorar el mundo.

Todo comenzó hace casi 30 años, inspirada por su hija. Desde entonces tomó cursos, practicó el idioma cada vez que pudo y terminó matriculándose en una licenciatura de español en la Universidad Estatal de California. Sin embargo, quería más.
“Disfruto estudiando los cursos de literatura e historia, además de aprender sobre las costumbres, la comida y el arte de América Latina. Todo eso expande mi entendimiento de una cultura rica, más allá de solo aprender el idioma”, explica.

Así fue como decidió venir a Chile para realizar un intercambio académico. Aunque reconoce que su familia no estaba del todo convencida de que viajara sola al otro extremo del continente a sus 73 años, ella no dudó de su decisión. “Chile es el mejor país de Chile”, dice entre risas cuando le preguntan por qué eligió nuestro país.

Estudiante de licenciatura de español en la Universidad Estatal de California, Melanie llegó en marzo al campus San Joaquín. Crédito fotográfico: Samuel Díaz

Fue acogida por una familia anfitriona chilena y asegura que esa experiencia ha sido una de las partes más especiales de su viaje.

Vida de campus

Durante estos meses, Melanie ha compartido salas de clases, trabajos grupales y evaluaciones con estudiantes varias décadas menores que ella. Lejos de sentirse limitada por la diferencia generacional, asegura haber encontrado apoyo y compañerismo. “A veces me siento completamente fuera de lugar y otras veces me siento como una de ellos, especialmente cuando me invitan a trabajar en grupo o me saludan cuando nos encontramos en el campus”, detalla.

Cuenta que, en más de una ocasión, personas en el campus se le acercaron para preguntarle por salas de clases u horarios, asumiendo que trabaja en la Universidad. Su respuesta siempre provoca sorpresa: “No, yo soy estudiante”.

“Me encantan los chilenismos. Algunas de mis palabras favoritas son fome, carrete, cachaí, al tiro y otras que no puedo decir” – Melanie Jones, estudiante de intercambio de Letras UC.

La experiencia académica también ha significado un desafío importante. Todas sus clases fueron en español y, al comienzo, adaptarse al ritmo de las conversaciones y exposiciones no fue sencillo. Sin embargo, agradece la ayuda recibida de parte de sus compañeros. “Ha sido difícil tener todas mis clases en español, pero ellos me ayudaron mucho”, señala.

Una más del clan

Uno de los aspectos más significativos de su intercambio ha sido la convivencia con una familia anfitriona chilena. Melanie asegura que esta experiencia le permitió conocer el país desde una perspectiva cotidiana y cercana. “Tengo la mejor familia chilena. Desde el primer día me hicieron sentir cómoda y me trataron como una más de la familia”, afirma.

Su familia chilena está compuesta por una madre y su hija, quienes han integrado a Melanie plenamente en su rutina. Los domingos participa de las visitas a la abuela, comparte conversaciones familiares durante la once con té y marraqueta, y hasta van juntas al supermercado. Precisamente allí encontró una de las sorpresas más inesperadas de su estadía: “Tienen un nivel muy alto, con máquinas que te dicen el estado de la palta y verduras frescas”, relata con sorpresa.

Gracias a esta convivencia ha descubierto costumbres locales, compartido conversaciones familiares y aprendido expresiones que difícilmente habría encontrado en un libro. Antes de llegar al país ya conocía la fama del español chileno, reconocido por muchos como uno de los más desafiantes del mundo hispanohablante, pero que logró dominar y terminó convirtiéndose en una experta. “Me encantan los chilenismos. Algunas de mis palabras favoritas son fome, carrete, cachaí, al tiro y otras que no puedo decir”, dice entre risas.


Inspiración para sus nietas

Más allá de obtener un título universitario, Melanie considera que estudiar en esta etapa de la vida tiene un valor personal profundo. Durante años postergó este objetivo mientras desarrollaba su carrera laboral y se dedicaba al cuidado de su familia. Hoy siente que está cumpliendo una meta pendiente. “Quisiera lograr el título que no tuve la oportunidad de completar. Estudiar y aprender otro idioma en la tercera edad ayuda a la mente y amplía la perspectiva sobre la vida y el mundo”, reflexiona.

Cuenta que perfeccionar su español no es un sueño egoísta, sino una herramienta para poder aportar a la comunidad latina en Estados Unidos: “Me gustaría hacer un voluntariado y ayudar a familias hispanohablantes en California”, señala.

Pero sus planes no terminan con este intercambio. De hecho, ya piensa en una próxima experiencia académica en América Latina, posiblemente en México. “Me gustaría hacer un intercambio al menos una vez más y después seguir viajando por toda América Latina”, adelanta.

Hace pocos días, finalizados sus estudios en la UC y de vuelta en California, hace un balance y asegura que no cambiaría nada de lo vivido en Chile. Cuando le preguntan qué les mostrará a sus hijos y nietas para explicar por qué este viaje valió la pena, responde con sencillez: “El entusiasmo que me dejó toda la experiencia”.

Con una personalidad arrolladora y gran sentido del humor, Melanie se siente una inspiración para sus nietas; además, anima a otras personas mayores. Cree que nunca es tarde para aprender, viajar o atreverse a empezar algo nuevo.
“Si tienen tiempo y están bien de salud, deberían hacerlo”, comenta. “Uno nunca deja de aprender”.

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