22 de Julio de 2026
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En los últimos años, dirigir un establecimiento educacional pasó de solo administrar a enfrentar múltiples desafíos en convivencia, salud mental, bienestar, gestión y mejora de los aprendizajes en las comunidades educativas. Expertos del Centro de Liderazgo para la Transformación de los Territorios Educativos (CELITED), de la Facultad de Educación UC, explican por qué este escenario exige una nueva forma de liderar las escuelas.
Por Patricio Velásquez
Quienes lideran las comunidades educativas deben responder simultáneamente a diversos desafíos: fortalecer la convivencia, cuidar el bienestar de estudiantes y docentes, enfrentar problemas de salud mental, mejorar los aprendizajes y desenvolverse en un entorno de crecientes exigencias de gestión.
Para Magdalena Müller, académica de la Facultad de Educación UC y jefa de Liderazgo Docente del Centro de Liderazgo para la Transformación de los Territorios Educativos (CELITED), este contexto obliga a replantear la manera en que se entiende el liderazgo: “dirigir un colegio hoy es gestionar una complejidad que hace una década no existía con esta intensidad”.
Durante años el liderazgo escolar se asoció principalmente a la capacidad de dirigir un establecimiento. Según la encuesta TALIS 2024 de la OCDE, los propios directores reportan destinar más del 60 % de su jornada laboral a tareas administrativas, lo que reduce significativamente su tiempo para acompañar los procesos de enseñanza y aprendizaje.
“Ya no basta con el director que administra desde su oficina, ni con el líder solitario que carga todo el peso de la institución. La complejidad de hoy no se resuelve con una sola persona. Se necesita distribuir el liderazgo entre directivos, docentes, estudiantes y también entre los sostenedores que definen las condiciones para el funcionamiento de las escuelas” – Magdalena Müller, académica UC.
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“Ya no basta con el director que administra desde su oficina, ni con el líder solitario que carga todo el peso de la institución. La complejidad de hoy no se resuelve con una sola persona. Se necesita distribuir el liderazgo entre directivos, docentes, estudiantes y también entre los sostenedores que definen las condiciones para el funcionamiento de las escuelas”, sostiene Müller.
Las capacidades que hoy hacen la diferencia
Si el liderazgo educativo cambió, también cambiaron las capacidades que necesitan quienes conducen los procesos de mejora en las escuelas.
Para Ernesto Treviño, director ejecutivo de CELITED y profesor de la Facultad de Educación UC, uno de los principales desafíos es fortalecer el liderazgo pedagógico, entendido como la capacidad de acompañar el aprendizaje de docentes y estudiantes, promover el trabajo colaborativo y utilizar evidencia para orientar las decisiones que se toman dentro de las comunidades educativas.
“Uno de los ejemplos más claros aparece en el uso de evidencia para la toma de decisiones”, explica el académico. De acuerdo con los datos de la Agencia de Calidad sobre el SIMCE 2025, un 83 % de los docentes de II medio declara usar los resultados del SIMCE para implementar mejoras y un 61 % de los docentes afirma que sus directores analizan junto a ellos los resultados de las evaluaciones.
Pero la principal brecha se encuentra entre lo declarado y el uso efectivo, ya que solo un 30 % señala que esa información se utiliza efectivamente para orientar el trabajo pedagógico y apoyar la mejora de los aprendizajes.
Una situación similar ocurre con el desarrollo profesional docente. La investigación muestra que la observación de clases y la retroalimentación sistemática son dos de las prácticas de liderazgo con mayor impacto sobre la calidad de la enseñanza.
Sin embargo, en Chile, de acuerdo con el Índice Nacional de Bienestar Docente de USS/UDD/Elige Educar/Fundación Santillana (2025), el 43 % de los docentes dice que su director nunca ha observado el aula y el 41 % nunca ha recibido retroalimentación basada en la observación.
“Las capacidades que hoy aparecen más descendidas, por tanto, son la toma de decisiones basada en evidencia y la retroalimentación para fortalecer las prácticas docentes” – Ernesto Treviño, académico UC.
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“Las capacidades que hoy aparecen más descendidas, por tanto, son la toma de decisiones basada en evidencia y la retroalimentación para fortalecer las prácticas docentes”, resume Treviño.
Avanzar en estas capacidades implica comprender que el liderazgo pedagógico no consiste en supervisar el trabajo docente, complementa Magdalena Müller, sino en generar condiciones para que los equipos aprendan de manera colaborativa.
La académica agrega que la convivencia escolar también debe entenderse desde esa lógica de desarrollo de capacidades. Más que responder únicamente cuando aparece un conflicto, las comunidades educativas necesitan construir relaciones de confianza, promover la participación de estudiantes y familias, y generar espacios permanentes de colaboración para prevenir problemas y fortalecer el bienestar colectivo.
Una apuesta por transformar el liderazgo educativo
Fortalecer estas capacidades es precisamente el propósito del Centro de Liderazgo para la Transformación de los Territorios Educativos (CELITED), iniciativa impulsada por la Facultad de Educación UC junto a la Universidad de Antofagasta y la Universidad Católica Silva Henríquez.
El centro entregó 170 becas completas para el Diplomado en Liderazgo Pedagógico para la Mejora de los Aprendizajes, la Convivencia y la Trayectoria Escolar, además de 70 becas completas para el Diplomado en Liderazgo Docente para la Mejora Colaborativa de los Aprendizajes, la Convivencia y la Vinculación Escolar.
A esta oferta se suman tres nuevos cursos especializados que comenzarán durante el segundo semestre: “Rutas de liderazgo Directivo y Territorial para transformar la escuela”, que iniciará el 3 de agosto con 40 cupos; “Liderazgo pedagógico y mejora continua en la gestión estratégica de la enseñanza”, que comenzará el 31 de agosto con 90 cupos; y “Liderazgo pedagógico, ciudadanía y bienestar estudiantil: Escuelas que participan, estudiantes que se motivan”, que partirá el 5 de octubre con 130 cupos.
En conjunto, esta nueva oferta permitirá ampliar las oportunidades de formación para líderes y comunidades educativas de los territorios de Antofagasta, la Región Metropolitana y Los Ríos.


