21 de Julio de 2026
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Aunque el cerebro no siente dolor de manera directa, una sobrecarga de este puede manifestarse a través de distintos sistemas del cuerpo. En el Día Mundial del Cerebro, el académico UC Ariel Lara explica desde la neurociencia cómo reconocer estas señales de agotamiento.
Por Montserrat Quiroz
A diferencia de otros órganos del cuerpo, el cerebro no avisa cuando está en peligro mediante un dolor directo. Al carecer de nociceptores (las terminaciones nerviosas que detectan el daño y disparan esa señal) el tejido cerebral no tiene la capacidad de reaccionar con dolor.
El cerebro puede estar en riesgo cuando es sobreexigido, cuando enfrenta estados de estrés crítico o privación constante de descanso. En estos casos, sus funciones pueden verse alteradas, lo que se manifiesta en el envío de alertas a través de otros sistemas del cuerpo.
“El dolor de cabeza no viene del cerebro, sino de las membranas que lo envuelven, de sus vasos sanguíneos y de los músculos del cuello”, explica Ariel Lara, académico de College UC y de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica.
Desde falta de concentración hasta alteraciones intestinales
Según el docente, cuando el cerebro está sobreexigido, su forma de comunicar el malestar se refleja en tres áreas clave: el pensamiento (falta de concentración y lentitud), el ánimo (irritabilidad y pérdida de motivación) y el cuerpo (alteraciones intestinales, tensión muscular y problemas de sueño).
Estos síntomas, aclara el experto, no son una debilidad del carácter o “falta de voluntad”, sino respuestas biológicas reales producidas por la activación sostenida del cortisol, la hormona del estrés.
“El cerebro comanda el sistema nervioso autónomo y las glándulas que liberan cortisol. Cuando está sobrecargado, el efecto sale por las vías que él controla. El cerebro habla a través del cuerpo precisamente porque no tiene voz propia”, sostiene.
Esta fatiga biológica impacta directamente en la capacidad de aprendizaje. El docente advierte que estudiar de noche en períodos de sobreexigencia académica es contraproducente, ya que durante las fases específicas del sueño es donde se consolida la memoria: “Trasnochar para estudiar es un mal negocio: se sacrifica justamente el momento en que lo estudiado se guarda en el cerebro”.
“El cerebro comanda el sistema nervioso autónomo y las glándulas que liberan cortisol. Cuando está sobrecargado, el efecto sale por las vías que él controla. El cerebro habla a través del cuerpo precisamente porque no tiene voz propia” – Ariel Lara, académico UC.
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Tres hábitos esenciales para cuidar la salud cerebral
Para proteger el sistema nervioso y evitar que la ansiedad se traduzca en conductas compulsivas o desgaste crónico, el académico destaca tres hábitos esenciales:
- Priorizar la regularidad del sueño: El reloj biológico se ordena con la luz natural de la mañana y la consistencia en los horarios, no tiene efecto el “acumular” horas el fin de semana.
- Realizar actividad física diaria: Moverse activamente ayuda a regular las hormonas del estrés y mantener el equilibrio corporal.
- Fortalecer los vínculos sociales: La presencia de personas cercanas actúa como un “amortiguador social” que disminuye biológicamente la respuesta de estrés.
Por otra parte, identificar cuándo el estrés ha sobrepasado los límites individuales no siempre resulta sencillo, ya que el mismo órgano que detecta el problema es el que sufre la alteración.
¿Cómo saber cuándo es momento de buscar ayuda profesional?
El experto señala que, ante la falta de dolor físico, el equivalente a una alerta médica en el cerebro es la pérdida sostenida de función. Para reconocer si es tiempo de consultar, sugiere evaluar las siguientes señales:
- Persistencia en el tiempo: Síntomas de desánimo o ansiedad que se mantienen casi todos los días durante semanas o meses.
- Falta de concentración: Dificultad real para rendir en el estudio, el trabajo o mantener relaciones interpersonales.
- Cambios de personalidad: Notar que la forma habitual de ser y reaccionar ha cambiado de manera permanente.
- Disociación severa: Sensación de desconexión con la realidad o incapacidad total para funcionar.
En cuanto a la red de apoyo, Lara enfatiza que la primera consulta médica o la derivación no debe causar temor. El médico general es la puerta de entrada ideal para descartar causas físicas, mientras que la psicología y la psiquiatría abordan los aspectos emocionales y funcionales de forma complementaria. “Consultar temprano no es exagerar, es lo que acorta el sufrimiento”, concluye el especialista.


