21 de Julio de 2026
4 MINUTOS DE LECTURA

Expertos UC coinciden en que este formato constituye una forma válida de lectura, y que si bien los estudios muestran que la lectura visual tiende a ser más precisa al recordar citas y extractos de textos, con la lectura auditiva las historias ganan en emocionalidad.
Por Josefina Lira
Los audiolibros han ganado terreno en los últimos años, tanto en términos de oferta como de consumo. La pandemia marcó un punto de inflexión en el crecimiento de este formato. El estudio anual de la Audio Publishers Association y Edison Research muestra que, en Estados Unidos, el porcentaje de adultos que declara haber escuchado al menos un audiolibro aumentó del 46% en 2020 al 58% en 2026.
Los audiolibros permiten dedicar nuevos tiempos a la lectura, como durante traslados, al conducir, o en momentos de descanso si hay fatiga visual. Pero junto con ampliar las formas de acceder a la literatura, el auge de este formato plantea el debate de si “escuchar” un libro puede considerarse o no una forma de lectura.
El académico de la Facultad de Letras UC James Staig sostiene que, desde los estudios literarios, no existe una definición clara de lo que significa leer, por lo que no se debería delimitar qué se considera lectura y qué no.
“Leer puede tomar muchas formas: con los ojos en papel, con los ojos en una pantalla, con los dedos en una línea braille o con los oídos. Todos estos modos son lectura”, dice.
“Los audiolibros no son una forma nueva de narrar historias; venimos de culturas orales y es más bien la lectura silenciosa la que es nueva” – Soledad Véliz, académica UC
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En la misma línea, Soledad Véliz, académica de la Facultad de Educación UC, recalca que “los audiolibros no son una forma nueva de narrar historias; venimos de culturas orales y es más bien la lectura silenciosa la que es nueva“. “Es llamativo que este formato todavía tenga un estatus marginal en los estudios literarios y de literacidad”, plantea.
La lectura visual ayudaría a recordar mejor y la auditiva a sentir
Entre las ventajas que se destacan del audiolibro -al igual que en los libros digitales- está su facilidad de transporte. Además, las historias pueden ganar emocionalidad, lo que favorece la inmersión.
“Hay estudios que han mostrado que, a nivel de memoria, la lectura visual tiende a ser más precisa al recordar citas y extractos de textos, mientras que la lectura en audio favorece una comprensión más amplia del sentido de un texto, sobre todo cuando este tiene una fuerte carga emocional”, explica el académico de Letras UC.
El académico también indica que ambos formatos pueden generar niveles similares de comprensión y retención. Esto ocurre en personas que dominan plenamente las habilidades necesarias para desenvolverse en cada uno de ellos.
“Hay que recordar que la gran mayoría de nosotros pasó 12 años entrenándose en la lectura visual en papel. La escolaridad nos forma como lectores de ese formato” – James Staig, académico UC.
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“Esto quiere decir que no podemos esperar los mismos niveles de comprensión y retención en personas que están en proceso de alfabetización, que todavía presentan dificultades para decodificar el lenguaje escrito o en situaciones similares”, señala el experto. “Hay que recordar que la gran mayoría de nosotros pasó 12 años entrenándose en la lectura visual en papel. La escolaridad nos forma como lectores de ese formato”.
La comprensión lectora, explica Soledad Véliz, es un proceso complejo. En él intervienen múltiples factores, desde aspectos cognitivos y socioculturales hasta las características propias de los textos. Por ello, el impacto de los audiolibros y los libros impresos difieren según los lectores.
La investigación existente, aunque aún no es resolutiva, muestra que ambas modalidades benefician la comprensión cuando se presentan en conjunto, aclara la experta. Esto ocurre tanto en personas que están aprendiendo otro idioma como en lectores con dificultades en la decodificación y en personas de ciertas edades.
“La forma en que leemos es definitivamente multisensorial y multimodal. Cada medio tiene sus pros y sus contras. Creo que aún hay mucho potencial inexplorado en el formato aural, no solo para lectores con discapacidad, sino también para enriquecer las experiencias de lectura en el ámbito escolar”.


