27 de Julio de 2026
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La colaboración pedagógica entre docentes y equipos directivos es uno de los factores que mejora de forma directa la calidad de la enseñanza. Ahora se medirá por primera vez a nivel nacional, a través de una nueva escala que se incorporará en el Cuestionario Docente del Simce. Esta herramienta fue desarrollada por investigadores de la Facultad de Educación UC y seleccionada por la Agencia de Calidad de la Educación.
Por Patricio Velásquez
La colaboración pedagógica entre los docentes y con los equipos directivos es uno de los elementos que mejora de forma directa la calidad de la enseñanza en las escuelas. Permite compartir ideas, crear mejores clases y apoyar de mejor modo a los estudiantes en sus aprendizajes. Algunas de estas prácticas incluyen la observación de clases, la retroalimentación entre pares, la planificación conjunta y el análisis compartido de la enseñanza.
Dada su importancia para el diagnóstico del sistema escolar, la Agencia de Calidad de la Educación incorporará este año una nueva escala para medir la colaboración pedagógica en el Cuestionario Docente del SIMCE. Esta herramienta permitirá levantar, por primera vez, información nacional sobre cómo colaboran los docentes y equipos directivos para mejorar la enseñanza.
La actual política educativa chilena promueve estas prácticas -especialmente, a partir de la Ley 20.903 de Desarrollo Profesional Docente-, pero hasta ahora no existía un instrumento nacional que permitiera conocer cómo esto se desarrollaba efectivamente en las escuelas.
Iniciativa surgida desde la investigación académica
Esta iniciativa surge de una línea de investigación desarrollada por la Facultad de Educación UC sobre liderazgo instruccional, colaboración docente y mejora escolar, liderada por Paulo Volante, jefe de Incidencia del Centro de Liderazgo para la Transformación de los Territorios Educativos (CELITED) y académico de la Facultad de Educación UC, en colaboración con Felipe Coloma, del programa doctoral de la Facultad de Educación UC.
“Esta sería la primera vez que el SIMCE mediría, a nivel nacional, prácticas asociadas al desarrollo profesional docente, que promueve la Ley 20.903. Eso permitirá contar con evidencia cuantificable para orientar políticas públicas y comprender cómo avanzan las escuelas en la instalación de estas prácticas”, destaca Paulo Volante.
Desde la Agencia de Calidad de la Educación, la incorporación de esta escala responde a un esfuerzo colaborativo por abrir las puertas a la academia en temas prioritarios para el país.
“Con esta información no solo visibilizaremos la importancia del trabajo entre docentes, sino que fomentaremos el uso de datos y evidencia científica para impulsar mejoras reales en nuestra educación”, explica Consuelo Chadwick, analista de la División de Estudio y Gestión del Conocimiento de la Agencia de Calidad.
Evidencia para fortalecer las decisiones educativas
La nueva escala formará parte del proceso SIMCE 2026 y permitirá construir una base de datos inédita sobre colaboración pedagógica en el sistema escolar chileno.
Podrán utilizar esta información investigadores, establecimientos educacionales y organismos públicos para comprender cómo evolucionan estas prácticas, evaluar programas de desarrollo profesional docente y fortalecer decisiones de política pública basadas en evidencia.
“El liderazgo instruccional necesita una influencia adicional que conecte esa conducción con la práctica cotidiana de los profesores. Esa variable mediadora es la colaboración pedagógica”, señaló Volante.
El académico agrega que, si la medición permanece en el tiempo, se podrá desarrollar estudios longitudinales para comprender cómo evolucionan estas prácticas y qué relación mantienen con otros factores asociados a la mejora educativa.
¿Por qué medir la colaboración pedagógica?
La evidencia muestra que aún existe una importante distancia entre el reconocimiento de la colaboración docente como una prioridad y su desarrollo efectivo en las escuelas.
De acuerdo con el análisis que realizó el equipo de investigación a partir de la encuesta internacional TALIS 2018, el 43 % de los docentes en Chile declara participar mensualmente en conversaciones sobre el aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, solo el 24 % participa en actividades de aprendizaje profesional colaborativo y apenas un 6,3 % observa y retroalimenta regularmente las clases de otros profesores, cifras considerablemente inferiores a las que registran los países de la OCDE.
“Uno de los principales desafíos del liderazgo educativo es superar la lógica de la enseñanza individual, para construir culturas profesionales donde la mejora pedagógica sea un proceso compartido”.- Paulo Volante, académico e investigador UC.
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En un artículo publicado en Cuadernos de Pedagogía, Paulo Volante sostiene que uno de los principales desafíos del liderazgo educativo es superar la lógica de la enseñanza individual, para construir culturas profesionales donde la mejora pedagógica sea un proceso compartido.
Para el investigador, uno de los principales aportes de este trabajo es demostrar que la investigación universitaria puede convertirse en una herramienta concreta para fortalecer las políticas públicas.
“La universidad pone al servicio de quienes toman decisiones una propuesta basada en evidencia que puede ayudar a orientar políticas públicas. Ese es uno de los principales aportes que puede hacer la investigación educativa”, afirma.


