13 de Octubre de 2026
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El estudio longitudinal Mil Primeros Días, del Centro de Justicia Educacional UC, da cuenta de que 36% de los cuidadores de niños y niñas que pasan de la educación parvularia a la escolar presenta síntomas depresivos y uno de cada cinco, estrés parental. "Esto refuerza la necesidad de avanzar en políticas de apoyo psicosocial, programas de parentalidad y redes de cuidado que permitan reducir el estrés familiar", afirma la investigadora Marigen Narea.
Por Valentina Gónzalez
¿Qué tan preparados están niños y niñas para ingresar al sistema escolar? Esa es una de las preguntas que busca responder el estudio longitudinal Mil Primeros Días, del Centro de Justicia Educacional UC (CJE).
Desde 2019, la investigación ha seguido a una cohorte de más de mil familias, incorporadas a partir del primer control de salud infantil en centros públicos de Santiago, cuando sus hijos tenían 13 meses. A través de sucesivas olas de medición, el estudio ha permitido observar cambios, continuidades y desafíos a lo largo del tiempo.
Hoy, con los niños y niñas a los seis años y ya incorporados a la educación escolar, la quinta ola de medición abordó cómo enfrentaban la transición desde la educación parvularia a esta nueva etapa.
“Es de los pocos estudios en Chile que permite mirar la trayectoria de niños y niñas desde sus primeros mil días de vida hasta que llegan al colegio, una etapa clave para comprender cómo se van configurando sus oportunidades de desarrollo” – Marigen Narea, académica UC.
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“Es de los pocos estudios en Chile que permite mirar la trayectoria de niños y niñas desde sus primeros mil días de vida hasta que llegan al colegio, una etapa clave para comprender cómo se van configurando sus oportunidades de desarrollo”, indica Marigen Narea, académica de la Escuela de Psicología UC e investigadora del Centro de Justicia Educacional.
Los resultados muestran avances importantes en el desarrollo y el bienestar infantil, pero también brechas persistentes que, según enfatizan, “demandan una respuesta integral desde las políticas públicas”.
Alto acceso al sistema escolar, pero persiste el ausentismo grave
Los resultados de esta quinta ola, realizada entre agosto de 2024 y marzo de 2025, muestran que la preparación para la educación escolar es heterogénea. En términos de acceso, los resultados son positivos: el 99,4% de los niños y niñas está matriculado en kínder o en primero básico, lo que indica una incorporación casi universal al sistema escolar.
Sin embargo, un 31% presenta ausentismo grave, lo que puede afectar la continuidad de los aprendizajes y la adaptación al entorno escolar.
El estudio también sugiere que los niños y niñas llegan a la educación escolar con avances importantes en lenguaje y habilidades cognitivas, pero con rezagos en lectoescritura y una proporción relevante de dificultades socioemocionales.
La importancia de apoyar a quienes cuidan
En el ámbito socioemocional, la mayoría de los niños se ubica en rangos normales. Sin embargo, un 16% presenta indicadores en el rango clínico y otro 16% en el rango de riesgo, especialmente en problemas de internalización, como ansiedad o retraimiento.
A ello se suman altos niveles de estrés y depresión entre los cuidadores: un 35,9% presenta sintomatología depresiva, es decir, más de un tercio, mientras que un 19,9% se ubica en el rango clínico de estrés parental, equivalente a uno de cada cinco cuidadores.
“Cerca de un 36% de los cuidadores presenta sintomatología compatible con depresión, lo que refuerza la necesidad de avanzar en políticas de apoyo psicosocial, programas de parentalidad y redes de cuidado que permitan reducir el estrés familiar y generar mejores condiciones para el desarrollo de niños y niñas” – Marigen Narea, académica UC.
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“Los resultados muestran la importancia de apoyar también a quienes cuidan. Cerca de un 36% de los cuidadores presenta sintomatología compatible con depresión, lo que refuerza la necesidad de avanzar en políticas de apoyo psicosocial, programas de parentalidad y redes de cuidado que permitan reducir el estrés familiar y generar mejores condiciones para el desarrollo de niños y niñas”, afirma la académica UC.
Implicancias para la política pública
A partir de estos resultados, desde el centro UC se plantea la necesidad de fortalecer la articulación entre la educación parvularia y la educación básica, mediante estrategias que aseguren la continuidad pedagógica y el acompañamiento durante la transición escolar. Asimismo, se enfatiza la importancia de abordar el ausentismo escolar de forma temprana, mediante la implementación de sistemas de alerta y apoyo a las familias para prevenir la inasistencia crónica.
También se destaca la necesidad de reforzar los programas de estimulación temprana, de lectura y de matemáticas iniciales, especialmente en contextos con menor acceso a recursos educativos. En paralelo, el estudio subraya el rol clave de las familias en el aprendizaje infantil, por lo que recomienda fortalecer programas de apoyo a la parentalidad y redes de acompañamiento comunitario, considerando los altos niveles de estrés detectados entre cuidadores.
Desde el CJE, se enfatiza que los primeros años escolares son decisivos para consolidar trayectorias educativas exitosas y reducir las desigualdades de origen. En ese sentido, sostienen que garantizar oportunidades equitativas para todos los niños y niñas requiere fortalecer simultáneamente la calidad de la educación inicial, la salud mental de los cuidadores y el acompañamiento a las familias, elementos clave para una política de infancia basada en evidencia.


