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Lefebvristas y Vaticano: las claves históricas y actuales de una fractura que sigue tensionando a la Iglesia 

31 de Julio de 2026

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La decisión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de consagrar nuevos obispos sin autorización papal profundizó un conflicto que la Santa Sede ha intentado resolver durante décadas. El historiador Claudio Rolle explica las raíces de la ruptura iniciada por Marcel Lefebvre, mientras que el canonista Cristián Montes analiza las implicancias del actual escenario para la Iglesia universal y chilena.

Por Virginia Soto-Aguilar | Fotografías: Pexels.

La consagración de cuatro obispos por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), realizada el 1 de julio de 2026 en Écône, Suiza, sin mandato del papa León XIV, volvió a situar en el centro del debate una controversia que afecta a la Iglesia Católica. Para comprender el alcance de la crisis actual es necesario remontarse a los años posteriores al Concilio Vaticano II y a las tensiones que dieron origen al movimiento liderado por monseñor Marcel Lefebvre.

El profesor Claudio Rolle, director del Instituto de Historia de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política UC, explica que las raíces del conflicto surgieron en el contexto de las transformaciones impulsadas por el Concilio. “Surgieron tempranamente grupos que cuestionaron o que resistieron algunas de las reformas que proponía el Concilio, y entre ellos aparecieron grupos tradicionalistas que cuestionaron de manera muy significativa algunos de los principios que estaban presentes en la orientación general del Concilio, que tiene que ver, por ejemplo, con los decretos sobre la libertad religiosa, con el ecumenismo y con la colegialidad de lo que después se ha llamado sinodalidad. Ponían un acento particularmente fuerte en la reforma litúrgica”.

Entre quienes encabezaron esa resistencia destacó Marcel Lefebvre, arzobispo francés que había participado en las sesiones conciliares. “Monseñor Lefebvre se resiste y rechaza la idea de aceptar varios textos del Vaticano II y, en general, su orientación. Esto se va agravando a medida que van pasando los años, después de 1970 sobre todo, cuando se establece el nuevo orden de la liturgia romana. A partir de 1974, Monseñor Lefebvre va teniendo actitudes de crítica sistemática al Concilio y particularmente al tema de la liturgia”, cuenta Rolle.

El camino hacia la ruptura de 1988

Las diferencias entre Lefebvre y Roma se profundizaron durante la década de 1970, aunque existieron intentos de acercamiento. “Monseñor Lefebvre se mantiene en su línea de criticar severamente al Concilio, donde el papa le hace presente que cuestiona el Concilio y señala que va contra la tradición de la Iglesia. Se busca una vía de acercamiento, pero esta no se dio. A medida que se fueron acentuando las críticas al Vaticano II, diciendo que estaba contra el espíritu de la Iglesia y cuestionando su legado, el obispo donde estaba situado el seminario de esta fraternidad decidió quitarle la licencia, pero Monseñor Lefebvre insistió en mantener una posición de rebeldía”, contextualiza el académico UC.

El punto de quiebre se produjo en 1988. Frente a la posibilidad de que su movimiento quedara sin sucesión episcopal, Lefebvre decidió avanzar en una medida que cambiaría el rumbo de la relación con la Santa Sede. Según Rolle, “monseñor Lefebvre, alegando la idea de que era un estado de necesidad urgente para salvar a la verdadera Iglesia, para evitar lo que él consideraba la destrucción de la Iglesia a través de la reforma o de los decretos y normas del Vaticano II, necesitaba nombrar obispos dentro de su fraternidad sacerdotal y actuó. Consideraba que la Iglesia se estaba destruyendo y entonces explicaba que esto era una necesidad y, a pesar de la expresa indicación de no hacerlo, consagró cuatro obispos el 30 de junio de 1988”.

La interpretación oficial de la Iglesia quedó expresada entonces por San Juan Pablo II. Como recuerda Rolle, “la raíz de este acto cismático se puede individualizar en una imperfecta y contradictoria noción de tradición. Es imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la tradición, que progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo. Pero, sobre todo, es contradictoria una noción de tradición que se oponga al magisterio universal de la Iglesia, al cual corresponde el obispo de Roma y el colegio de los obispos. Nadie puede permanecer fiel a la tradición si rompe los vínculos con aquel a quien Cristo confirió el ministerio de unidad de la Iglesia”.

“Genera realmente un cisma”

La controversia volvió a escalar este año tras la nueva consagración de obispos realizada por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Para el presbítero Cristián Montes, vicario judicial, presidente del Tribunal Eclesiástico de Santiago y asesor de la Pastoral UC, la situación actual representa una profundización de la ruptura histórica.

Lo que pasó el 1 de julio de 2026 genera realmente un cisma, porque es no querer reconocer desde el punto de vista teológico el Concilio Vaticano II. Tampoco se puede reconocer de manera parcial la autoridad de la Iglesia. La Iglesia Católica ha tratado de dar los pasos posibles para abrir caminos de solución, pero esta nueva ordenación de obispos constituye un acto que profundiza la ruptura y afecta directamente la comunión eclesial”.

El impacto de esta decisión ha trascendido ampliamente el tamaño del movimiento. Montes sostiene: “Esta situación ha tenido revuelo en todo el mundo, a pesar de que se trata de una comunidad pequeña dentro de la Iglesia. Es doloroso porque una parte de la Iglesia quiere hacer algo distinto y eso afecta a todos. Lo que está en juego es la comunión. Un acto como la ordenación de obispos sin mandato pontificio constituye un acto cismático, porque implica no reconocer la autoridad del Papa y decidir por cuenta propia quién será obispo”.

“La Iglesia intentó acercamientos importantes. Benedicto XVI levantó en 2009 la pena de excomunión a los obispos ordenados en 1988 para buscar un camino de reconciliación. Se permitió incluso la celebración de la liturgia que ellos utilizan y se exploraron fórmulas jurídicas para integrarlos plenamente a la vida de la Iglesia. Sin embargo, nunca se logró llegar a un acuerdo respecto de la aceptación del Concilio Vaticano II”, explica el canonista.

La presencia lefebvrista en Chile

En Chile, el fenómeno tiene una presencia limitada, aunque estable. De acuerdo con Montes, “efectivamente hay un grupo pequeño en Chile. Llegaron en la década de los noventa y hoy tienen un lugar donde se reúnen en Santiago. Congregan semanalmente a unas 300 o 400 personas que adhieren a esta forma litúrgica y a esta visión eclesial. Por lo tanto, sí existe presencia lefebvrista en nuestro país, aunque se trata de un grupo reducido dentro de la realidad católica nacional”.

La situación, sin embargo, continúa abierta desde el punto de vista canónico. “Hoy no sabemos qué va a pasar; es una noticia en desarrollo. Los responsables presentaron un recurso ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que fue el organismo que impuso la excomunión. Ese recurso tiene efecto suspensivo mientras se estudia la situación. Por eso estamos ante un escenario abierto, aunque el trasfondo sigue siendo el mismo: la relación de este movimiento con la autoridad de la Iglesia y el Concilio Vaticano II”, concluye el presidente del Tribunal Eclesiástico de Santiago.

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