28 de Abril de 2026
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Un estudio internacional –liderado en Chile por la académica de Psicología UC Paula Luengo–, utiliza una metodología inédita para seguir, durante 30 días, el comportamiento de escolares chilenos, centrándose en sus muestras de empatía –cuándo aparecen, cuándo se interrumpen y qué la dificulta– y los conflictos relacionales que enfrentan en su vida diaria.
Por Psicología UC
¿Cómo se manifiesta la empatía en la vida diaria de los adolescentes?, ¿con quiénes son más empáticos?, ¿qué factores favorecen u obstaculizan sus muestras de empatía? Estas son algunas de las preguntas que busca responder un estudio internacional –liderado en Chile por la académica de Psicología UC Paula Luengo–, que utiliza una metodología inédita.
La principal novedad de la investigación –desarrollada en colaboración con la Universidad de Glasgow (Escocia) y otras universidades del mundo– es que utilizó una aplicación móvil que permitió, durante 30 días, seguir el comportamiento de unos 170 adolescentes, de 13 a 16 años, quienes debían autorreportar diariamente sus experiencias de empatía y los conflictos relacionales que enfrentaban en su rutina.
“Gran parte de los estudios sobre empatía se han hecho con instrumentos poco sensibles a la cultura y a las edades del desarrollo. La empatía se mide muchas veces fuera de la vida cotidiana, cuando en realidad se construye y se pone a prueba día a día”, explica la profesora Paula Luengo, también directora de ProCivico.
Una habilidad clave para la cohesión social
El proyecto –que surgió a partir de una invitación del académico David Landy, de la Universidad de Glasgow, para postular a un fondo internacional de la Templeton Foundation– busca estudiar cómo la empatía, una habilidad clave para la cohesión social, se expresa y se puede medir, considerando contextos culturales diversos y distintas etapas del desarrollo, con especial foco en la adolescencia.
Estudiar la empatía no es solo un ejercicio teórico. De acuerdo a la profesora Luengo, los altos niveles de aislamiento social, polarización, intolerancia y problemas de salud mental en adolescentes están profundamente conectados con la dificultad de establecer vínculos significativos. “La empatía es el puente entre el yo y el otro”, enfatiza la académica.
En ese sentido, comprender cuándo y cómo surge o cuándo se interrumpe, puede ser clave para diseñar intervenciones educativas preventivas. “Lo que se construye en la adolescencia tiende a consolidarse en la adultez. Adolescentes empáticos tienen más probabilidades de convertirse en adultos empáticos, cooperativos y menos aislados”, explica.

¿Son empáticos solo con sus similares o cruzan la frontera del grupo?
Uno de los principales desafíos del estudio –cuyos primeros resultados se publicarán en los próximos meses– fue captar la empatía tal y como ocurre en la vida diaria. “Ver cuándo aparece, cuándo se interrumpe y qué la dificulta. También queríamos saber si los adolescentes ejercen empatía solo con quienes son similares a ellos o si logran cruzar fronteras de grupo, como diferencias sociales, culturales o migratorias”, comenta Luengo.
En ese sentido, afirma que la investigación es una oportunidad para observar patrones clave sobre el desarrollo de la empatía en la adolescencia. Una etapa que la psicología del desarrollo considera como un segundo momento crítico, donde hay más flexibilidad a nivel cerebral.
“Por eso trabajamos tanto en la adolescencia, porque es como una segunda oportunidad en la vida. Aquello que, por distintos motivos, quizá no se construyó en la primera infancia, se puede reconstruir o redireccionar en la adolescencia. Y eso es mucho más probable que esté a la base de un adulto cooperativo, empático, más conectado con los demás, menos aislado, menos retirado”, explica.

Participaron colegios de Providencia y Quilicura
El mismo estudio también se desarrolla en Escocia, Italia, Estados Unidos, Nueva Zelandia y China. Chile es el único país latinoamericano. “Que Chile esté presente es muy significativo. Somos un país con altos índices de desigualdad, y eso nos permite analizar de manera más profunda hacia quiénes dirigimos nuestra empatía y cómo influyen el contexto escolar y familiar”, afirma la investigadora.
En la investigación participaron dos establecimientos municipales, uno en Providencia y otro en Quilicura, seleccionados por su heterogeneidad social, para así contar con una muestra sociodemográficamente diversa.
Durante su desarrollo, algunos adolescentes recibieron mensajes breves que los invitaban a “ser más empáticos” durante el día, de manera de evaluar si este tipo de estímulos, similares a los que circulan en redes sociales, pueden tener un efecto concreto en las conductas empáticas. También se realizaron ferias escolares sobre empatía y convivencia, que reforzaron el trabajo colaborativo entre la universidad y los colegios participantes.
En el proyecto participaron, además, estudiantes de pregrado y postgrado de Psicología, varios de ellos a través del Fondo de Investigación para Estudiantes de Pregrado (IPRE), además de tesis y prácticas de investigación. “Este tipo de investigación no sería posible sin el apoyo institucional y sin el compromiso de los estudiantes y las comunidades escolares. Estudiar la empatía hoy es una apuesta por relaciones sociales más sanas mañana”, concluye la académica.



