29 de Diciembre de 2025
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El documento propone una guía para los próximos 12 años y se basa en cuatro ejes principales que delinean un sistema sostenible y dinámico, orientado a integrar la docencia, la investigación, la innovación y la vinculación con el medio.
Por Josefina Lira
Pensar la educación superior más allá de los ciclos políticos, responder a un país en transformación y preparar a las universidades para los próximos 12 años. Ese es el objetivo de la Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior 2026-2038, un documento que propone cambios estructurales en el acceso, la docencia, la generación de conocimiento y la gobernanza del sistema.
El documento propone una hoja de ruta para los próximos 12 años, orientada a fortalecer las capacidades del sistema de educación superior frente a los desafíos sociales, tecnológicos y productivos del país.
El plan, presentado por la Subsecretaría de Educación, estuvo a cargo de un Consejo Asesor conformado por 48 expertos. Entre ellos se encuentran tres especialistas de la Universidad Católica: Cristóbal Villalobos, académico de la Facultad de Educación y subdirector del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (CEPPE UC); Chantal Jouannet, directora de Enseñanza e Innovación Docente (CDDoc) de la Vicerrectoría Académica; y Harald Beyer, académico de la Escuela de Gobierno UC.
La estrategia define cuatro ejes prioritarios, 16 objetivos estratégicos y 52 líneas de acción, las cuales orientan las políticas públicas y el quehacer de las instituciones en el mediano y largo plazo.
Para Cristóbal Villalobos, la motivación principal de contar con este documento es que permite tener una perspectiva de largo plazo para la educación superior. “Chile hasta ahora no había tenido ninguna”, dice. “Esto es crítico en un momento como el actual, de maduración del sistema, marcado por la instalación de la gratuidad, una nueva ley de educación superior y por un crecimiento inorgánico, que no ha sido acompañado hasta la fecha por una reflexión profunda sobre el rol que debe cumplir la educación superior en el país”.
Cuatro desafíos estructurales
El documento plantea una visión de un sistema de educación superior sostenible y dinámico, orientado a integrar la docencia, la investigación, la innovación y la vinculación con el medio para responder al cambio social y tecnológico, con capacidad para aportar al desarrollo sostenible, la cohesión social y la equidad territorial.
Los cuatro ejes principales que desarrolla son: trayectorias formativas flexibles y articuladas, generación de conocimiento como valor público, capacidad de anticipación y adaptación del sistema, y gobernanza y sostenibilidad del sistema.
Entre los desafíos que se postulan, Harald Beyer destaca el fortalecimiento de los procesos de generación de conocimiento, innovación e investigación, vinculado al objetivo estratégico de proyectar internacionalmente los postgrados.
También recalca la propuesta de avanzar hacia un sistema que ofrezca trayectorias educativas articuladas y flexibles a lo largo de la vida de las personas.
“El mundo de transformaciones vertiginosas que estamos viviendo invita a repensar la manera en que se preparan las personas para acomodarse de modo frecuente a esta realidad. En 20 años, la formación de pregrado va a ser muy distinta a la actual y tenemos que comenzar a transitar ese camino” – Harald Beyer, académico UC.
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“El mundo de transformaciones vertiginosas que estamos viviendo invita a repensar la manera en que se preparan las personas para acomodarse de modo frecuente a esta realidad. En 20 años, la formación de pregrado va a ser muy distinta a la actual y tenemos que comenzar a transitar ese camino”, comenta.
Sobre la gobernanza, destaca la búsqueda de un sistema coherente que permita avanzar hacia un modelo de regulación orientado a resultados, que asegure la calidad y se articule en armonía con las distintas misiones de las instituciones.
Por su parte, Villalobos explica que el desafío de avanzar hacia un nuevo modelo del sistema “implica integrar mejor las misiones institucionales, como son la investigación, la docencia, la innovación y la vinculación, y también repensar el rol del aseguramiento de la calidad y la articulación entre distintas agencias involucradas en el desarrollo de la educación superior”.
“Hablar de bienestar, de trayectorias flexibles, de reconocimiento de aprendizajes previos. Nos parece que las leyes y políticas de las últimas décadas no han tenido suficientemente a los estudiantes como foco, y eso era necesario profundizar hoy” – Cristóbal Villalobos académico UC.
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Y agrega que es clave poner a los estudiantes al centro: “hablar de bienestar, de trayectorias flexibles, de reconocimiento de aprendizajes previos. Nos parece que las leyes y políticas de las últimas décadas no han tenido suficientemente a los estudiantes como foco, y eso era necesario profundizar hoy”, explica el académico UC.
La docencia como eje estratégico
Uno de los aportes sustantivos al diseño de la Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior provino del trabajo en docencia, innovación y formación integral, liderado desde la Dirección de Enseñanza e Innovación Docente de la Vicerrectoría Académica.
Chantal Jouannet se concentró especialmente en el objetivo estratégico orientado a transitar hacia trayectorias formativas flexibles y articuladas, capaces de reconocer la diversidad de necesidades formativas y responder a los desafíos sociales, culturales y productivos del futuro.
Respecto a este punto, la estrategia releva el fortalecimiento del trabajo académico como una condición clave para mejorar la calidad del sistema. Entre las propuestas destaca el desarrollo de programas de certificación docente —de carácter nacional o con implementación local— para reconocerla como una práctica profesional especializada.
“Los profesores de educación superior son expertos en sus disciplinas, pero eso no siempre va acompañado de formación pedagógica”, dice la directora del CDDoc. “Fortalecer la docencia es una condición clave para mejorar la calidad y la pertinencia de la educación superior”.
En un escenario marcado por aulas cada vez más diversas y una acelerada tecnologización, se propone avanzar hacia una práctica pedagógica basada en evidencia.
“La calidad de la educación se juega en el aula y en las experiencias de aprendizaje, potenciando la innovación y la investigación en docencia no como un complemento, sino como una condición clave para una formación pertinente”, subraya Chantal Jouannet.
Otro eje relevante es la formación integral y ciudadana del estudiantado, entendida como una condición para asegurar trayectorias educativas exitosas. El plan promueve modelos de formación general que fortalezcan habilidades personales, sociales y ciudadanas, fundamentales para la permanencia, la titulación oportuna y el compromiso con el entorno.
“Formar profesionales competentes exige también formar ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con su entorno, capaces de aprender a lo largo de la vida y contribuir activamente al bien común”, Chantal Jouannet, directora del CDDoc.
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“Formar profesionales competentes exige también formar ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con su entorno, capaces de aprender a lo largo de la vida y contribuir activamente al bien común”, enfatiza.
Una estrategia de Estado
Uno de los puntos clave de la propuesta es su vocación de política de Estado, es decir, que es una estrategia que vaya más allá de los ciclos gubernamentales.
“El documento elaborado es deferente hacia los próximos gobiernos y respeta la autonomía de las instituciones. No tiene planteamientos demasiado específicos, sino que aspira a reconocer desafíos y objetivos estratégicos. Va acompañado de líneas de acción que podrían satisfacer esos propósitos, pero sin llegar a ser políticas públicas concretas. Es un verdadero marco orientador”, explica Harald Beyer.
Villalobos asegura que el primer paso fue la entrega del informe al ministro de Educación, Nicolás Cataldo, junto con su validación institucional y “ahora necesitamos que se socialice, se discuta en las comunidades universitarias, que no quede en el papel, y que luego pueda evaluarse, monitorearse y actualizarse”, concluye el académico UC.


