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¿Cómo puede un sendero convertirse en un “laboratorio vivo”?

9 de Octubre de 2025

5 MINUTOS DE LECTURA

Investigadores en Parque Nacional Villarrica
photo_cameraEste laboratorio vivo no es un espacio cerrado ni una instalación convencional. Es un recorrido por el bosque que invita a detenerse, observar, tocar, escuchar y pensar. Fotografía: CEDEL UC.

El proyecto Laboratorio Vivo de los bosques, aguas y Cambio Climático transformará el sendero Rukapillán del Parque Nacional Villarrica en un espacio de aprendizaje inmersivo, donde la naturaleza se convertirá en aula, experimento y reflexión.

Por Virginia Soto-Aguilar

En el Parque Nacional Villarrica, el sendero Rukapillán será el escenario de una innovadora propuesta educativa que busca cambiar la forma en que nos relacionamos con el entorno. El Laboratorio Vivo de los bosques, aguas y Cambio Climático, liderado por el investigador Nicolás Gálvez del Centro de Desarrollo Local (CEDEL UC), propone una experiencia transformadora que combina ciencia participativa, arte y reflexión ambiental.

Este laboratorio vivo -que se está construyendo- no es un espacio cerrado ni una instalación convencional. Es un recorrido por el bosque que invita a detenerse, observar, tocar, escuchar y pensar. “La motivación principal no fue solo levantar un circuito educativo, sino generar un recorrido inmersivo que inspire: que quien lo recorra se lleve no solo información, sino también una sensación de pertenencia y responsabilidad frente al lugar que habita”, explica Gálvez.

“Cada visitante se enfrenta a la pregunta: ¿cómo estamos habitando este territorio y qué podemos aprender de otras formas de existencia?” – Nicolás Gálvez del Centro de Desarrollo Local (CEDEL UC

El territorio desde tres perspectivas

Sendero Rucapillán
La mirada del micromundo revela lo invisible: insectos, hongos, líquenes y raíces que sostienen la vida del bosque.

El sendero se estructurará en torno a tres enfoques: la mirada humana, la mirada del micromundo y la mirada cóndor, cada una con una propuesta sensorial y reflexiva.

La mirada humana pone en el centro nuestras acciones y vínculos con la naturaleza, invitando a reflexionar sobre cómo habitamos el entorno. La mirada del micromundo revela lo invisible: insectos, hongos, líquenes y raíces que sostienen la vida del bosque. La mirada cóndor ofrece una visión panorámica, conectando río, volcán, bosque y cielo.

“Cada visitante se enfrenta a la pregunta: ¿cómo estamos habitando este territorio y qué podemos aprender de otras formas de existencia?”, señala Gálvez. Esta estructura busca que cada persona se reconozca como parte de un sistema vivo, interdependiente y en constante transformación.

El proyecto promueve la ciencia participativa, donde cada persona se convierte en observadora activa, intérprete del entorno y protagonista de su propio aprendizaje.

¿Qué rol tienen los visitantes en este laboratorio natural?

El proyecto promueve la ciencia participativa, donde cada persona se convierte en observadora activa, intérprete del entorno y protagonista de su propio aprendizaje.

A lo largo del sendero, se instalarán estaciones temáticas con esculturas de especies locales, elementos gráficos y actividades sensoriales. El objetivo es que los visitantes interactúen con el espacio, más allá de la observación pasiva. “Cada actividad es una excusa para dialogar con el entorno: tocar, observar, escuchar y conectar con otras formas de vida que conviven con nosotros en el bosque”, comenta el investigador.

Una de las claves del proyecto es que no concibe a los visitantes como espectadores, sino como participantes activos. Se les invita a registrar observaciones, compartir reflexiones y participar en una instancia de reflexión colectiva al final del recorrido. “La idea es que esta experiencia no quede anclada en el bosque, sino que viaje con cada persona hacia su vida cotidiana, generando compromisos personales sobre cómo habitamos nuestro entorno”, afirma Gálvez.

“El proyecto nace de una necesidad urgente: poner en valor el agua y su rol ecosistémico, especialmente en un escenario de crisis climática” – Nicolás Gálvez.

Equipo Laboratorio Vivo
El proyecto es financiado por el Programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. La iniciativa es liderada por CEDEL UC y realizada en conjunto con la Corporación Nacional Forestal, la Universidad Católica de Temuco y el Museo Regional de La Araucanía.

Un laboratorio vivo en tiempos de cambio climático

El Laboratorio Vivo de los bosques, aguas y Cambio Climático surge en un contexto de urgencia ambiental. El Volcán Villarrica, con su imponente presencia, ofrece un escenario privilegiado para evidenciar cómo interactúan los sistemas naturales y cómo las transformaciones climáticas afectan la vida de todos. “El proyecto nace de una necesidad urgente: poner en valor el agua y su rol ecosistémico, especialmente en un escenario de crisis climática”, enfatiza Gálvez.

Este laboratorio no solo busca educar, sino también generar un cambio cultural profundo. Es una invitación a mirar distinto, a reconectarse con el entorno y a asumir un rol activo en la construcción de un futuro más sostenible.

El proyecto es financiado por el Programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. La iniciativa es liderada por CEDEL UC y realizada en conjunto con la Corporación Nacional Forestal, la Universidad Católica de Temuco y el Museo Regional de La Araucanía.

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