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Cómo los algoritmos que “predicen” nuestros intereses adormecen la curiosidad, habilidad clave para el aprendizaje

11 de Agosto de 2026

8 MINUTOS DE LECTURA

Cómo los algoritmos que “predicen” nuestros intereses adormecen la curiosidad, habilidad clave para el aprendizaje
photo_cameraLa personalización constante de contenido no solo implica acceder a información sesgada o perder la noción del tiempo por el scroll infinito. Hay algo más que se ve afectado: la curiosidad, habilidad clave para el aprendizaje, el pensamiento crítico y la vida democrática.

Las plataformas digitales prometen mostrarnos exactamente lo que queremos ver. Pero esa lógica de recomendaciones permanentes podría estar afectando algo mucho más profundo: nuestra capacidad de explorar lo desconocido, creando burbujas de información que limitan la curiosidad. "Perder esa capacidad implicaría reducir nuestro potencial para crear, innovar y comprender el mundo más allá de lo que un algoritmo considera relevante", advierte el académico de Psicología UC David Carré.

Por Andrea Fuentes Uribe

No importa cuál sea la plataforma. Cada vez que abrimos Instagram, YouTube, Tik Tok o Netflix, el contenido que surge parece calzar exactamente con lo que queremos o necesitamos ver. Esto es gracias a los algoritmos, que filtran la información que vemos y determinan constantemente qué publicaciones aparecen en nuestro feed, desde historias en redes sociales, videos en YouTube hasta productos para comprar.

Los algoritmos son programas computacionales que aplican matemática, estadística y aprendizaje automático para predecir qué contenido es más probable que enganche a cada usuario específico, para luego sugerirlo.

“La motivación es principalmente económica”, explica Gabriela Arriagada, académica del Instituto de Éticas Aplicadas y del Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional (IMC) UC. “Lejos de ser neutrales, los algoritmos están diseñados para captar nuestra atención y maximizar beneficios. Más tiempo en pantalla equivale a más ingresos publicitarios. Y mostrar contenido que ya sabemos que le gusta al usuario es la estrategia más efectiva para retenerlo”.

La curiosidad es un motor fundamental para el proceso de aprender. Cuando surge un interés genuino por descubrir algo nuevo, el cerebro activa regiones clave, como el hipocampo, lo que favorece la concentración, fortalece la conexión con conocimientos previos y mejora la retención de información a largo plazo. 

La curiosidad activa regiones clave del cerebro

¿Cuáles son los costos de esta personalización constante? Información sesgada; estado de hipnosis, distorsión del tiempo, pérdida de control por el scroll infinito y hasta compras compulsivas. Pero también hay algo más que se ve afectado: la curiosidad, habilidad clave para el aprendizaje, el pensamiento crítico y la vida democrática.

Desde la Psicología, la curiosidad se entiende como el deseo o impulso de buscar información nueva. Un motor fundamental para el proceso de aprender, ya que transforma la simple memorización pasiva en una motivación intrínseca por adquirir conocimiento. Cuando surge un interés genuino por descubrir algo nuevo, el cerebro activa regiones clave, como el hipocampo, lo que favorece la concentración, fortalece la conexión con conocimientos previos y mejora la retención de información a largo plazo.

“Somos una especie naturalmente curiosa. Perder esa capacidad implicaría reducir nuestro potencial para crear, innovar y comprender el mundo más allá de lo que un algoritmo considera relevante. Sería importante proteger eso que nos hace inherentemente humanos”.- David Carré, académico de Psicología UC.

“La curiosidad es el resultado de nuestra motivación para descubrir y aprender cosas nuevas. Existen diversos factores que pueden despertarla. Por un lado, surge cuando nos damos cuenta de que lo que sabemos no basta para entender el mundo que nos rodea. Por otro, también nace del placer que sentimos al vivir experiencias nuevas“, explica David Preiss, académico de Psicología UC y director de la Academia de Desarrollo de Talentos Rolando Chuaqui.

Burbujas de contenido a medida que reducen el impulso de explorar

Sin embargo, este contenido “a medida” deja fuera aquello que no coincide con nuestras preferencias, reduciendo la exposición a ideas, voces y realidades distintas. “Esto se conoce como ‘filtros burbujas’, donde los algoritmos filtran el contenido, creando burbujas sociales que hacen que no interactuemos con burbujas ajenas a nuestros intereses”, explica la académica Gabriela Arriagada.

Los algoritmos nos llevan una y otra vez al lugar de partida, reforzando nuestro sesgo de confirmación. La creencia de que ese pequeño lugar que habitamos es toda la realidad o que la opinión que tenemos no tiene refutación. Al reducir nuestras brechas de conocimiento, reduce nuestra subjetividad y curiosidad”, advierte el profesor David Preiss.

Desde una mirada cognitiva, la falta de novedad impacta en el aprendizaje, la creatividad y el pensamiento crítico. “Cuando esa exploración disminuye, se reduce nuestra capacidad de imaginar alternativas y construir nuevas perspectivas. Eso limita la creatividad y la capacidad de generar nuevas ideas”, señala el académico de Psicología UC, David Carré.

“Paradójicamente, ahora que tenemos acceso a un mundo infinito de contenidos, los algoritmos nos cierran la posibilidad de ampliar nuestras perspectivas y de conocer lo que aún ignoramos”.- David Carré, académico de Psicología UC.

Aunque aún no hay estudios concluyentes que indiquen que la curiosidad desaparece, sí puede volverse más pasiva. “Si no fuésemos curiosos nos quedaríamos siempre en el mismo lugar. Los algoritmos buscan que dejes de buscar activamente para que veas lo que te muestran. No necesariamente matan la curiosidad, lo que hacen es organizar las condiciones bajo las cuales la curiosidad puede surgir. Es lo que se ha denominado spoon fed. Contenido servido en la boca”, explica Carré.

“Paradójicamente, ahora que tenemos acceso a un mundo infinito de contenidos, los algoritmos nos cierran la posibilidad de ampliar nuestras perspectivas y de conocer lo que aún ignoramos”, reflexiona el académico.

Las implicancias de esto son especialmente determinantes en etapas tempranas de la vida, donde la exploración es un aspecto clave para el desarrollo. “Cuando las recomendaciones personalizadas se vuelven omnipresentes, existe el riesgo de que esa exploración se reduzca. Si el mundo que un niño o adolescente conoce se estrecha, también se estrechan las posibilidades de desarrollo. En ese sentido, la menor capacidad de autorregulación frente a contenidos digitales hace que la exposición repetida a lo mismo sea aún más crítica”, advierte Carré.

En la actualidad, los algoritmos procesan información que va desde la ubicación hasta expresiones faciales, tono de voz e incluso señales fisiológicas, para adaptar las recomendaciones a su estado emocional actual. 

Scroll infinito, autoplay, rachas y más: las señales de que hay mecanismos de enganche

¿Y cuáles son los insumos que utilizan los algoritmos para recomendar contenido? En la actualidad, procesan información relacionada con hábitos de visualización (tiempo de reproducción, tasa de finalización, patrones de abandono), interacciones (clics en recomendaciones) y datos contextuales (dispositivo, ubicación, horario y condiciones de conectividad).

Pero la académica del IMC, Gabriela Arriagada, advierte que algunos programas están apuntando más lejos. “Existen sistemas de recomendación que incorporan emociones del usuario al proceso, analizando datos como expresiones faciales, tono de voz e incluso señales fisiológicas, para adaptar las recomendaciones a su estado emocional actual. Esto todavía es experimental, pero representa la dirección hacia donde apunta la industria”.

Algunos elementos visuales que ayudan a identificar si una plataforma utiliza mecanismos de enganche son: el scroll infinito (sin pausas naturales que invitan a reflexionar o cambiar de tema), autoplay (que el siguiente contenido comience solo), sistemas de rachas y recompensas (incentivos para volver a la misma plataforma y no explorar otras) o ausencia de motores de búsqueda o secciones temáticas.

Pero aunque el panorama parece abrumador, aún hay espacio para el descubrimiento en el mundo digital. Arriagada explica que sí existen plataformas orientadas a fomentar la curiosidad, que incorporan lo que los diseñadores llaman serendipidad: la posibilidad de encontrar algo valioso que no se estaba buscando. “Un ejemplo es lo que ocurre con Wikipedia, cuya estructura de hipervínculos invita a saltar entre temas relacionados, pero distintos, creando los llamados ‘rabbit holes’, que van desde un artículo sobre una película hasta filosofía o historia medieval“, explica Arriagada.

Gabriela Arriagada explica que hay plataformas que sí fomentan la curiosidad, pues incorporan la posibilidad de encontrar algo valioso que no se estaba buscando. “Un ejemplo es Wikipedia, cuya estructura de hipervínculos invita a saltar entre temas relacionados, pero distintos”, señala. 

Legislación incipiente

El nuevo escenario digital exige que los usuarios sean capaces de adoptar hábitos más conscientes respecto a su navegación, pero también plantea la necesidad de marcos regulatorios que aborden esta realidad. “La única manera de bajar la intensidad de lo que se ofrece constantemente es a través de regulaciones para la industria“, señala David Carré.

En distintos países se están viendo esfuerzos por abordar este tema. En Chile, en junio de 2026 ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto que busca crear un estatuto de responsabilidad algorítmica y protección digital de niños, niñas y adolescentes, estableciendo obligaciones específicas para proveedores de plataformas digitales. Uno de sus ejes es la regulación del denominado “diseño algorítmico adictivo”. Si bien es un avance, el foco sigue siendo el riesgo de adicción o contenido dañino, no el impacto en el desarrollo cognitivo y la capacidad de curiosidad de las infancias.

En tiempos que todo parece estar diseñado para anticipar nuestros deseos, preservar la curiosidad podría convertirse en una de las formas más importantes de libertad. “Somos una especie naturalmente curiosa. Perder esa capacidad implicaría reducir nuestro potencial para crear, innovar y comprender el mundo más allá de lo que un algoritmo considera relevante. Sería importante proteger eso que nos hace inherentemente humanos”, afirma Carré.

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