26 de Junio de 2026
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La académica del Instituto Interdisciplinario de Estética UC, organizadora del Congreso Internacional Antígona Sudaca, explica cómo el mito griego cobra fuerza en la actual América Latina. Se trata de una fuerza femenina que insiste, persiste y nunca desiste ante el deseo de justicia, dice
Por Sofía Gallardo y Lissette Fossa
Antígona es una joven de la antigua Grecia marcada por un destino trágico. El conflicto entre las leyes divinas y las terrenales la condena a la pérdida de sus seres queridos. La protagonista de la tragedia clásica de Sófocles desobedece al rey Creonte para dar sepultura a su hermano Polinices, desencadenando una cadena de muertes, incluyendo el suicidio de su prometido y el arrepentimiento del monarca.
Así comienza este drama que fue el puntapié inicial del Congreso Internacional Antígona Sudaca: Deseo–Naturaleza–Vida, realizado entre el 10 al 12 de junio, realizado por el Instituto Interdisciplinario de Estética UC. Su organizadora es la académica UC Luciana Cadahia, doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.
“Antígona es una tragedia universal que nos cuenta la historia de una fuerza femenina que insiste”.
El encuentro reunió durante tres jornadas a investigadoras e investigadores de Chile, México y España para reflexionar sobre la vigencia de la figura de Antígona en los debates contemporáneos sobre política, memoria, feminismo, duelo y cuidado de la vida. Además de mesas de discusión académica, el congreso incluyó presentaciones de estudiantes y conferencias magistrales, que exploraron las múltiples resignificaciones de este personaje clásico en contextos latinoamericanos y globales.
Entre las actividades, destacaron las conferencias de la filósofa mexicana Rosaura Martínez Ruiz (UNAM), quien abordó las formas de elaboración de la pérdida a partir de la figura de Antígona; Andrés Henao Castro (University of Massachusetts Boston), que analizó los vínculos entre Palestina, la biopolítica y el duelo decolonial; Ana Carrasco Conde (Universidad Complutense de Madrid), con una lectura filosófica de las “otras Antígonas” más allá de Sófocles; y Alejandra Castillo (UMCE), quien reflexionó sobre la dimensión disidente de este personaje. También participaron destacadas académicas chilenas como Olga Grau Duhart y Cecilia Sánchez, cuyas intervenciones pusieron en diálogo la tradición filosófica, el pensamiento feminista y referentes culturales latinoamericanos como Gabriela Mistral.
“Antígona es una tragedia universal que nos cuenta la historia de una fuerza femenina que insiste, persiste y nunca desiste ante el deseo de justicia”, afirma Luciana Cadahia y explica cómo una tragedia clásica puede decirnos más de lo que imaginamos de los problemas actuales de las mujeres.

“Tiene algo para decirnos ante los peligros del odio”
-El congreso se llamó “Antígona Sudaca”. ¿Cómo puede una figura nacida en la tragedia griega convertirse en una Antígona latinoamericana? ¿Qué tiene que decirnos hoy desde este lado del mundo?
La ficción tiene el poder de contarnos dramas humanos que nos recuerdan cuán unidos estamos a nivel sentimental. Antígona, en tanto tragedia, ha sido una ficción que ha cruzado las barreras del tiempo y del espacio. Es una tragedia universal que nos cuenta la historia de una fuerza femenina que insiste, persiste y nunca desiste ante el deseo de justicia. Su hermano ha sido asesinado por un poder autoritario e injusto que le niega la sepultura. Ella, encerrada en el ámbito doméstico como la mayoría de las mujeres de la Grecia clásica, toma la decisión de atravesar esa barrera y hacer escuchar su voz. Su voz doméstica se vuelve una voz pública que exige una ética: que la humanidad sea una fraternidad no sacrificial.
Esta ficción, aunque haya surgido en el Mediterráneo hace miles de años, aún hoy tiene algo para decirnos ante los peligros del odio, la aniquilación y exclusión del otro. Incluso acá, en América Latina, un mosaico de tantas civilizaciones antiguas. También heredamos esta experiencia.
“A través de la figura de Antígona es posible pensar el cuidado de la vida como lazo social”.
-Si pensamos en Antígona en el mundo actual, ¿Dónde la encontraríamos? ¿En las luchas sociales, en el arte, en las redes sociales, en los conflictos ambientales o en otros espacios?
Hay una frase que circula entre intelectuales que a mí me gusta repetir: Antígona es a la filosofía lo que Edipo al psicoanálisis. Para la filosofía, Antígona ha sido una figura muy importante para pensar los cambios de época. Es la figura femenina preferida de Kierkegaard para pensar la mutación de la tragedia antigua a la tragedia moderna y el surgimiento del individuo y la libertad de acción; es elegida por Hegel para pensar el vínculo ético-político dentro de la comunidad; la emplea María Zambrano para pensar los horrores del fascismo y la lógica sacrificial; también la escoge Butler para hablar de los procesos de normalización social.
Y acá, en América Latina, aparece en el ámbito de la filosofía pero también del feminismo y del teatro. Ha sido una figura clave para pensar la figura de los desaparecidos políticos y el esfuerzo de sus madres por encontrarlos y darles sepultura. Antígona aparece en cada pacto ético que las mujeres hacemos a favor de la vida.
-Su investigación propone pensar a Antígona desde el vínculo entre naturaleza y vida. En un contexto marcado por la crisis ecológica, ¿Qué puede enseñarnos esta figura sobre nuestra relación con el mundo que habitamos?
Lo voy a expresar con una idea muy breve: a través de la figura de Antígona es posible pensar el cuidado de la vida como lazo social que apuesta por un deseo afirmativo.
-Para quienes nunca han leído a Sófocles, ¿Qué obras latinoamericanas -novelas, películas, series, obras de teatro o artistas-, dialogan hoy con Antígona y nos ayudan a reconocer su presencia en nuestra cultura?
Muchísimas. Recomiendo buscar porque son tantas que no me alcanzaría el espacio para la respuesta. Pero si me preguntan por dónde empezar recomiendo Antígona Vélez, de Leopoldo Marechal.


