28 de Septiembre de 2026
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En un conversatorio en el Museo de Artes Visuales MAVI UC, el artista guatemalteco, quien expone en la trienal ART CUT, reflexionó sobre la espiritualidad maya, el respeto absoluto de su pueblo por la naturaleza y el arte como herramienta de sanación.
Por Lissette Fossa
El arte no existe como una categoría abstracta en las lenguas indígenas del pueblo Maya Tz’utujil; en su lugar, existe lo sagrado. Y con esa perspectiva el destacado artista guatemalteco Benvenuto Chavajay habló de sus obras artísticas como obras sagradas, en el conversatorio con la curadora Alexia Tala en el MAVI UC, el pasado lunes 21 de septiembre, en el contexto de la primera trienal de arte contemporáneo ART CUT en Chile, organizado por la Universidad Católica por invitación del Dicasterio para la Educación y la Cultura de la Santa Sede.
En la charla, Chavajay habló sobre la memoria, la relación no antropocéntrica con el entorno y el potencial curativo que él afirma que tiene el arte. El artista y escultor enfatizó la urgente necesidad de reconsiderar la posición del ser humano en el planeta y la forma en que nos vinculamos con los objetos y la naturaleza en la sociedad contemporánea.
Para Chavajay, la cosmovisión maya no sitúa al ser humano en el centro de la existencia, sino como una parte más de una red interconectada de relaciones que abarca a la tierra, las plantas, las piedras y las memorias ancestrales.
“Mis papás me decían que todas las cosas tienen alma y tienen vida, hasta una bolsa plástica negra que se lleva el viento. En nuestros pueblos hay un respeto absoluto con la naturaleza. Por eso yo pongo un estetoscopio a una piedra, porque es sagrada. El mundo occidental no tiene ese respeto y por eso golpea la materia”, explicó el artista durante la actividad.
Frente a la desconexión del mundo hiperconectado y la pérdida de empatía social, Chavajay planteó una paradoja provocadora: “Hay que deshumanizar la humanidad para llegar a una plena humanidad”, instando a retornar a un respeto integral donde cada elemento del entorno sea reconocido como un ente vivo.

Sanar a través de la memoria
Chavajay también abordó cómo el arte actúa como una herramienta de sanación profunda y de rescate histórico. Con referencias directas al Popol Vuh —libro sagrado de la cosmovisión maya donde la humanidad nace del maíz—, el artista posiciona su propio cuerpo como un espacio de sacrificio, homenaje y resistencia, lo que puede verse en la obra que expone en la Trienal, titulada “La creación de la humanidad del Popol Vuh”.
Chavajay recordó cómo con ayuda de un curandero indígena, su madre prolongó su vida gracias al uso ritual de la ruda frente a un diagnóstico médico adverso. Su respeto a esta planta lo hizo integrar la misma planta en su proceso performático en la obra expuesta en la trienal, donde en una fotografía aparece su cuerpo lleno de hojas de ruda. Aunque la aplicación directa de la ruda le provocó quemaduras físicas en la piel, Chavajay lo concibe como un tránsito ritual para “mudar de piel” y abrazar una nueva esperanza.
El escultor también señaló que su obra no busca simplemente rendir un tributo pasivo a sus padres o antepasados, sino asumir una responsabilidad histórica suspendida en el tiempo.
“Mis papás y mis ancestros ya no están en este plano, pero lo que ellos no pudieron decir o hacer, a mí me toca capturarlo. Sin herir, transformar ese silencio y llevarlo a mis obras. Me siento como una bisagra que abraza la historia y da un giro: soy esa voz, esa lágrima y ese aliento que simplemente captura y sopla“, concluyó.


