17 de Julio de 2026
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El director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), Luis Larrondo, se convierte en el cuarto científico del país en ser nombrado miembro asociado de la prestigiosa organización europea. Su ingreso subraya la relevancia de los centros de excelencia para el desarrollo nacional.
Por Nicolás Massai D.
Luis Larrondo, investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha sido distinguido como miembro asociado de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), un selecto grupo que reúne a cerca de 2.100 científicos de élite a nivel mundial. Este reconocimiento, se otorga mediante una votación colegiada tras un riguroso proceso de evaluación de antecedentes.
Para Larrondo, esta elección es una señal potente del nivel actual de la investigación local, e indica “que lo que se está haciendo en Chile está impactando, está siendo reconocido y es mirado con muy buenos ojos”.
La nominación de Larrondo nació desde la propia base de la organización en Europa, siendo propuesto por el científico suizo Felix Naef y respaldado por otros miembros del continente, lo que garantiza que el reconocimiento responde estrictamente a la calidad de sus contribuciones.
Según Larrondo, el proceso no es una decisión a puertas cerradas, sino una validación de sus pares: “Hay una evaluación de antecedentes y esto se somete a un mecanismo colegiado”.
Hongos y relojes biológicos: El puente hacia mecanismos humanos
La carrera de Luis Larrondo se ha centrado en responder preguntas fundamentales sobre la interacción de los organismos con su entorno. Su laboratorio estudia cómo los hongos perciben estímulos ambientales, especialmente la luz, y cómo esta regula sus procesos biológicos a través de “relojes circadianos”. Esta investigación tiene un valor que trasciende al reino fungi, ya que estos mecanismos son sorprendentemente similares a los de nuestra especie.
“Uno puede tratar de entender cómo funciona la regulación circadiana en un hongo y ese conocimiento es traslacional a lo que ocurre en humanos”, explica Larrondo. Este enfoque ha permitido avanzar en la comprensión mecanística de cómo los ritmos biológicos regulan nuestra biología, posicionando su trabajo en la interfaz entre la ciencia fundamental y sus aplicaciones.
“Al mismo tiempo, nuestros hallazgos han permitido comprender cómo variables temporales, como la alternancia entre el día y la noche, modulan la capacidad de ciertos hongos para atacar plantas o de otros para controlar plagas. El tiempo, en una escala de 24 horas, permea procesos biológicos esenciales, desde los hongos hasta nuestro propio organismo”, complementa el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas.
El rol del Instituto iBio como polo de talento
Este hito personal es inseparable de su gestión como director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio) desde 2017. El instituto ha demostrado ser un ecosistema fértil para la excelencia: de los ocho chilenos que han recibido algún tipo de reconocimiento por parte de la EMBO, cinco pertenecen al iBio. Para el científico, esto no es una coincidencia, sino el resultado de un modelo de trabajo colaborativo.
“Los centros de excelencia son capaces de agrupar talento, son capaces de potenciar talento. se generan propiedades emergentes y algo virtuoso en el sentido de lograr aún mayores cosas”, afirma Larrondo. El iBio no solo produce conocimiento básico sobre nutrición vegetal o patógenos, sino que ha impulsado innovaciones biotecnológicas, como el uso de levaduras patagónicas para crear un whisky nacional con procesos de ahumado originales que protegen el medioambiente. “Estas son cosas que te puedo asegurar que no hubieran ocurrido si cada uno de nosotros seguía trabajando en sus cosas independientes”, añade respecto a la sinergia que permite el centro.
Una inversión estratégica para el país
A pesar de estos éxitos, el futuro de centros como el iBio se ve amenazado por la incertidumbre de los ciclos de financiamiento estatal. Este instituto cumplirá sus primeros 10 años en 2027. Su director, Luis Larrondo, advierte que la continuidad de estos polos es vital para evitar la pérdida de capital humano avanzado y seguir posicionando a Chile en el mapa científico global. Lejos de una demanda puntual, el bioquímico plantea la necesidad de una visión de Estado a largo plazo sobre la ciencia: “No se trata de un gasto en ciencia, sino de una inversión en futuro”. La relevancia de estos centros, concluye, radica en su capacidad de tener una visión que va más allá de la suma de sus partes, lo que los hace fundamentales para el ecosistema de innovación y soberanía del conocimiento del país.




