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Alfredo Zamudio a estudiantes UC: “La guerra no empieza con tanques, empieza con la desconfianza” 

14 de Octubre de 2026

6 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraZamudio, profesor visitante de la UC y exdirector del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, compartió aprendizajes de su trayectoria en contextos de conflicto. Crédito foto: César Dellepiane.

En el lanzamiento de la Academia de Ayudantes-Facilitadores del Proyecto Voces, el exdirector del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo reflexionó sobre el valor de la escucha, la construcción de confianza y los desafíos de propiciar conversaciones en contextos de conflicto.

Por Antonieta Sánchez

¿Cómo generar espacios de diálogo en una sociedad marcada por la desconfianza, la sobreinformación y las diferencias? Esta fue una de las preguntas que atravesó la conversación que Alfredo Zamudio sostuvo con los ayudantes-facilitadores del Proyecto Voces, en una actividad que dio inicio a la Academia de Ayudantes-Facilitadores en la UC.

El encuentro reunió a alumnos y autoridades universitarias en torno a una reflexión sobre el diálogo como una práctica que se aprende y perfecciona con la experiencia. Zamudio, profesor visitante de la Universidad Católica y exdirector del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, compartió aprendizajes de su trayectoria en contextos de conflicto, desde la guerra de Bosnia hasta el conflicto armado en Colombia. La conversación fue moderada por Álvaro Jopia, estudiante de Periodismo y ayudante-facilitador senior.

El encuentro en el campus San Joaquín reunió a estudiantes y autoridades universitarias en torno a la reflexión sobre el diálogo como una práctica que se aprende y perfecciona con la experiencia. Crédito foto: César Dellepiane.

Crear espacios para encontrarse

Frente a un mundo donde la información circula a gran velocidad y las conversaciones parecen estar cada vez más condicionadas por la eficiencia, Zamudio invitó a los estudiantes a recuperar el tiempo y la disposición necesarios para escuchar. A su juicio, muchos jóvenes buscan espacios de conversación, pero sienten inseguridad ante la posibilidad de equivocarse o de no tener suficiente conocimiento para participar.

Su propuesta fue simple y clara: crear espacios amables, escuchar sin apuro y permitir conversaciones cuyo resultado no esté definido de antemano. “Ese es un regalo que uno le da a otra persona”, señaló, aludiendo al tiempo y la atención que supone encontrarse genuinamente con alguien.

En ese sentido, destacó el impacto que puede alcanzar el trabajo de los facilitadores generando espacios de diálogo. Una suma de encuentros que, aunque pequeños, puede contribuir a transformar la manera en que las personas se relacionan.

Zamudio también animó a los jóvenes a asumir su autonomía y aprender de la experiencia. Retomando una idea del biólogo Humberto Maturana, destacó la importancia del derecho a equivocarse: facilitar implica probar, reconocer las dificultades y seguir aprendiendo.

Caminar con otros, no enseñarles

Durante el diálogo surgieron preguntas sobre cómo llevar estas herramientas a contextos complejos, como las cárceles, y cómo facilitar conversaciones entre personas de distintas generaciones o con prejuicios mutuos.

La conversación fue moderada por Álvaro Jopia, estudiante de Periodismo y ayudante-facilitador senior. Crédito foto: César Dellepiane

Al responder, Zamudio compartió experiencias personales y profesionales que mostraron el valor de los encuentros auténticos. Recordó una conversación con jóvenes sicarios en Colombia, en la que decidió compartir parte de su propia historia de violencia y vulnerabilidad. En lugar de presentarse como alguien que tenía respuestas, buscó establecer una conexión desde su experiencia. Ese gesto abrió un espacio para hablar sobre el futuro y las posibilidades de una vida diferente.

Para el invitado, el diálogo no consiste en llegar con soluciones ni en asumir que se sabe lo que el otro necesita. Por eso, propuso reemplazar la idea de enseñar por la de “caminar con otros por el camino”. La tarea del facilitador es crear condiciones para que las personas puedan expresarse, hacer preguntas y reconocerse mutuamente, incluso cuando existen diferencias de poder o experiencias de vida muy distintas.

También distinguió el diálogo de otras herramientas: mientras la negociación o la mediación pueden ser necesarias cuando se requieren respuestas urgentes, el diálogo permite profundizar en las relaciones y comprender al otro.

Zamudio invitó, además, a practicar pequeñas acciones cotidianas de amabilidad, incluso fuera de los espacios de diálogo formal. Escuchar a alguien que necesita hablar, recibir su historia sin juzgarla y respetar sus tiempos son gestos que pueden abrir oportunidades de encuentro. No se trata de tener todas las respuestas, sino de estar disponibles para escuchar.

Una academia para aprender y compartir experiencias

La conversación también marcó el comienzo de una nueva etapa para el Proyecto Voces: la Academia de Ayudantes-Facilitadores, una iniciativa orientada a formar y acompañar a los estudiantes que cumplen un rol central en la implementación de los talleres de diálogo del programa Voces UC. La academia busca transformar a este grupo de alumnos colaboradores en una comunidad con espacios propios de formación, reflexión, mentoría y networking.

Magdalena Ortega, directora de Voces UC, encabezó el encuentro el 30 de septiembre. Crédito foto: César Dellepiane

El secretario general de la Universidad, Juan Eduardo Ibáñez, destacó la importancia de contar con un espacio donde los estudiantes puedan compartir sus experiencias, dificultades y aprendizajes, especialmente al enfrentarse a contextos complejos. “El diálogo es un oficio, que se va entrenando con el tiempo, entonces hay experiencias valiosas que compartir”, señaló.

Ibáñez explicó que la academia busca profundizar las habilidades de diálogo y escucha activa, al mismo tiempo que promueve la transmisión de conocimientos entre estudiantes con distintos niveles de experiencia. La iniciativa tiene así una dimensión intergeneracional. “Lo que nosotros buscamos en la academia es que los facilitadores que tienen más experiencia y que van a ir egresando del sistema, vayan entregando este conocimiento a los nuevos estudiantes que se interesan por el diálogo”, afirmó.

Hacia el final de la conversación, Zamudio abordó el vínculo entre diálogo y paz, recordando que los conflictos no comienzan necesariamente con la violencia física, sino mucho antes, cuando se instala la desconfianza y se deja de reconocer al otro como interlocutor. “La guerra no empieza con tanques. Empieza con la desconfianza”, afirmó, subrayando que cuidar la democracia y prevenir los conflictos también requiere fortalecer los vínculos entre las personas.

La conversación con Zamudio abrió un espacio para pensar el diálogo no solo como una metodología, sino como un oficio que se construye en la práctica y una disposición cotidiana hacia los demás: escuchar, dedicar tiempo y reconocer que incluso en medio de las diferencias es posible comenzar a construir confianza.

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