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Prohibición de celulares: Cómo gestionar la resistencia de escolares y evitar que tensione el clima en el colegio

11 de Marzo de 2026

7 MINUTOS DE LECTURA

Prohibición de celulares: Cómo gestionar la resistencia de escolares y evitar que tensione el clima en el colegio
photo_cameraInvestigaciones muestran asociaciones entre el uso del celular en clases y la atención y el rendimiento académico. Crédito foto: Pexels

Expertas UC instan a las comunidades educativas a no abordarlo desde el control y la sanción, sino como una invitación a construir relaciones sanas con la tecnología, y una oportunidad para que niños y adolescentes desarrollen habilidades de autorregulación. También es clave la alineación de las familias con la medida, y la coherencia de criterios en la casa y el colegio.

Por Patricio Velásquez, coordinador de comunicaciones Valoras UC

Volver a clases suele implicar cambios: desde nuevos compañeros y profesores nuevos hasta cambios en las asignaturas, horarios y rutinas. Pero este retorno a clases 2026 suma un ingrediente adicional, ya que se comienza a implementar en los establecimientos educacionales del país la Ley 21.801, que prohíbe y regula el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos móviles durante la jornada escolar.

La norma define una aplicación diferenciada según los niveles educativos, permite su uso en actividades pedagógicas autorizadas y contempla excepciones justificadas. Además, entrega a cada establecimiento la responsabilidad de definir, en su reglamento interno, cómo implementará esta norma en su propio contexto.

La ley responde a preocupaciones crecientes sobre los posibles efectos del uso temprano e intensivo de dispositivos móviles en el aprendizaje, la convivencia escolar y el bienestar de los estudiantes. El estudio Kids Online Chile 2022 muestra que más de la mitad de niños, niñas y adolescentes obtuvo su primer teléfono con acceso a internet antes de los 10 años. Investigaciones internacionales muestran asociaciones entre su uso en clases y la atención y el rendimiento académico. El estudio PISA 2022 de la OCDE indica que en Chile el 50% de los estudiantes, durante las lecciones de matemáticas, se distrae utilizando dispositivos digitales. Por otra parte, un uso pedagógico moderado -hasta una hora diaria- se asocia positivamente con el rendimiento. Pero pasado ese tiempo, la relación es negativa (OCDE, 2024).

Una oportunidad pedagógica

Pero mientras continúa el debate sobre este asunto, lo cierto es que en Chile ya se aprobó una legislación que regula el uso de estos dispositivos, la que debe ser implementada en los colegios. En ese sentido, una de las primeras preguntas que se hacen muchas comunidades escolares es cómo reaccionarán los estudiantes frente a esta medida, ya que el celular ocupa hoy un lugar importante en la vida cotidiana de niños y adolescentes: es una herramienta de comunicación, entretenimiento y también un espacio donde ocurre buena parte de su vida social.

Cuando una norma cambia prácticas muy instaladas, es natural que aparezcan resistencias”, señala la psicóloga y doctora en Educación Viviana Hojman, directora ejecutiva de Valoras UC. “Por eso es importante generar espacios donde los estudiantes puedan compartir sus preocupaciones y soluciones frente a esta decisión”.

La investigadora plantea que regular el uso de celulares no debiera entenderse solo como una medida de control, sino como una oportunidad para repensar cómo se aprende y se convive en contextos educativos cada vez más digitales. “Regular su uso no debería entenderse solo como una prohibición, es una oportunidad pedagógica para que las comunidades educativas conversen sobre cómo cuidar la atención, el bienestar y la convivencia”, dice.

La socióloga y doctora en Ciencias de la Ingeniería Magdalena Claro, directora del Centro para el Bienestar y Desarrollo de la Adolescencia y Niñez en la Era Digital (BAND), coincide en que la discusión sobre tecnología en la escuela debe ir más allá del control de dispositivos. “Los teléfonos y otras herramientas digitales pueden aportar al aprendizaje cuando su uso tiene un propósito pedagógico claro. El desafío es aprender a utilizarlos de manera consciente y responsable”.

En Chile, más de la mitad de niños, niñas y adolescentes obtuvieron su primer teléfono con acceso a internet antes de los 10 años, según muestra el estudio Kids Online Chile 2022.

Aprender a tener una relación sana con la tecnología

En esa línea, algunas comunidades educativas han comenzado a abrir conversaciones breves en consejos de curso o reuniones escolares para reflexionar sobre preguntas concretas: ¿en qué momentos el celular estaba afectando la atención en clases?, ¿de qué manera influía en la convivencia entre compañeros?, ¿qué situaciones podrían resultar más difíciles sin el dispositivo?

Magdalena Claro señala que estos procesos también forman parte del aprendizaje. “Cuando los estudiantes entienden el sentido de las reglas, es más probable que desarrollen autorregulación y hábitos digitales más saludables”.

La forma en que se implemente la normativa también puede influir en el clima escolar. Si la regulación se aplica únicamente desde una lógica de control o sanción, es más probable que genere tensiones entre estudiantes y docentes. En cambio, cuando se integra a una conversación más amplia sobre aprendizaje y convivencia escolar, puede contribuir a fortalecer el ambiente educativo.

La convivencia educativa no se sostiene solo por las reglas, sino por el sentido que las comunidades construyen en torno a ellas”, explica la directora de Valoras de la UC. “Por eso es importante revisar periódicamente cómo están funcionando los acuerdos y ajustarlos cuando sea necesario”.

“La convivencia educativa no se sostiene solo por las reglas, sino por el sentido que las comunidades construyen en torno a ellas” .- Viviana Hojman, directora ejecutiva Valoras UC.

Desde la perspectiva de la educación digital, la directora de BAND agrega que este proceso también implica aprender nuevas formas de relación con la tecnología. “Regular el celular no es solo reducir distracciones. También es una oportunidad para desarrollar habilidades de autorregulación para uno uso equilibrado, orientado a los aprendizajes y a construir relaciones sanas y positivas en el entorno digital. Las nuevas generaciones nacen y crecen en un mundo híbrido -digital y físico- y ambos entornos son fundamentales para su bienestar y desarrollo integral”.

Las primeras semanas del año escolar suelen ser especialmente relevantes para instalar estos acuerdos. Sin embargo, mantener conversaciones durante el año permite evaluar cómo están funcionando las medidas y realizar ajustes cuando sea necesario.

No recibir mensajes contradictorios en la casa

La implementación de la normativa en los colegios también depende de lo que ocurre fuera de la escuela. Muchos de los hábitos digitales que influyen en el aprendizaje, como el uso nocturno del celular, la exposición prolongada a pantallas o los límites en el trato a los demás, también se pueden cuidar desde la casa.

“Los hábitos digitales se construyen en distintos espacios de la vida cotidiana”, explica Claro. “Por eso es importante que las familias comprendan el propósito educativo de estas medidas y acompañen a niños y adolescentes en el desarrollo de prácticas digitales saludables”.

La coherencia entre lo que se promueve en la escuela y lo que ocurre en la casa suele ser clave. Cuando los estudiantes reciben mensajes contradictorios entre ambos espacios, las normas escolares tienden a perder legitimidad.

Cuando las familias comprenden y comparten el sentido de estas decisiones, es más fácil sostener acuerdos que favorezcan el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes. En este sentido las acciones solo informativas no son tan eficaces”, concluyó la Dra. Hojman.

Entre los temas que pueden abordarse con las familias están los tiempos de uso del celular en el hogar, la generación de actividades cotidianas sin pantallas, y el acompañamiento a niños/as y adolescentes cuando tienen dificultades para manejarlo.

Más allá de la regulación específica del uso de celulares, la nueva ley abre una pregunta más amplia para las comunidades educativas: cómo aprender y convivir a través de la tecnología en la vida cotidiana. En un contexto donde la digitalidad forma parte de la experiencia diaria, las escuelas pueden transformarse en un espacio privilegiado para aprender a usarlas con criterio, equilibrio y responsabilidad. En ese sentido, la normativa no solo introduce nuevas reglas para la jornada escolar. También invita a docentes, estudiantes y familias a conversar sobre un desafío educativo más profundo como cuidar la atención, el bienestar y la convivencia en una sociedad cada vez más digital.

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