4 de Junio de 2026
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Desde una infancia marcada por la curiosidad científica hasta la apertura de una línea pionera en catálisis heterogénea en la UC, el profesor titular con doble pertenencia en ingeniería y química ha construido una trayectoria académica basada en el rigor, el riesgo y la convicción de que la ciencia puede —y debe— aportar a un desarrollo sustentable desde Chile.
Por Cristina Pérez y Eliette Angel
Desde muy temprano, la ciencia fue para Néstor Escalona Burgos una forma de mirar el mundo. Nacido y criado en la comuna de San Joaquín, recuerda que ya en la enseñanza básica participaba en academias y ferias científicas de su colegio municipal. “Siempre me gustó la física, la química, la matemática, la biología. Me interesaba entender el porqué de las cosas”, dice. Esa curiosidad, alimentada por el apoyo decisivo de su profesor de Ciencias Naturales, marcó el inicio de una trayectoria que, sin atajos ni certezas previas, lo llevó a convertirse en profesor titular con doble pertenencia académica en la Escuela de Ingeniería y la Escuela de Química UC.
Ingresó a estudiar Licenciatura en Química en la Universidad de Santiago (USACH) a comienzos de los noventa. Reconoce que los primeros años no fueron fáciles: no provenía de un colegio emblemático y el ritmo académico fue exigente. Aun así, perseveró.
“Fue difícil, pero la carrera me dio herramientas para entender el mundo”, recuerda. Ese esfuerzo sostenido lo llevó a terminar como el primero de su generación, una experiencia que hoy conecta directamente con una convicción que atraviesa su trabajo académico: los talentos están distribuidos en todos los niveles socioeconómicos y requieren oportunidades, confianza y trabajo para desplegarse.
Un actor fundamental en ese proceso fue el profesor Francisco Javier Gil (1951-2021), quien dirigió su pregrado y su doctorado. Más que un mentor académico fue una figura formativa en lo humano e intelectual. “Creyó en mí cuando yo todavía no sabía si podía ser un buen científico”, señala Escalona. Gil —impulsor de políticas de inclusión en la USACH y en la UC y convencido de que el talento no distingue origen social— le abrió las puertas a la catálisis heterogénea, área que marcaría un antes y un después en su carrera. También lo conectó con redes internacionales que luego le permitirían realizar un postdoctorado en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS).
La experiencia en Lyon (Francia) fue decisiva, pero nunca pensó en quedarse fuera del país. “Siempre quise volver. Aquí se puede hacer ciencia con pocos recursos y aun así hacer cosas relevantes”, afirma. Tras 11 años como académico en la Universidad de Concepción —etapa que describe como una verdadera escuela de mentorías y aprendizajes—, junto a su familia tomó la decisión de regresar a Santiago. En 2015 ingresó a la UC, asumiendo el desafío de levantar una línea de investigación desde cero, en un campo que requiere infraestructura, equipamiento y equipos humanos altamente especializados.
La UC, dice, fue clave en ese proceso. “La universidad me dio espacio, apoyo y confianza para desarrollarme como científico”. Hoy, esa apuesta se traduce en un grupo de investigación consolidado a nivel nacional y en la apertura de una línea inédita en la Escuela de Ingeniería: la catálisis heterogénea aplicada a procesos energéticos y medioambientales, un ámbito estratégico para el desarrollo del país.

Su investigación —centrada en la síntesis de nuevos catalizadores y en cinética heterogénea— parte desde la ciencia básica más fundamental, pero con una orientación clara hacia problemas reales. Desde su tesis doctoral, su trabajo ha buscado dar soluciones ambientales, primero en la eliminación de azufre en combustibles fósiles líquidos y luego en la transición hacia energías más limpias.
Con el tiempo, esa experiencia migró hacia desafíos país: combustibles sintéticos, procesos sustentables y reducción de costos industriales a partir de conocimiento desarrollado en Chile.
Ver cómo la investigación sale del laboratorio y comienza a dialogar con la industria ha sido una experiencia transformadora. “Traer catalizadores desde afuera hace inviables muchos procesos sustentables. Si los desarrollamos aquí, bajamos costos y hacemos real la transición”, explica. Para Escalona, entender los mecanismos de una reacción no es un lujo teórico, sino la condición necesaria para escalar procesos y transferir conocimiento. Ese enfoque ha marcado un antes y un después en su carrera, pasando de comprender a pequeña escala a proyectar aplicaciones industriales con impacto concreto.
La docencia ocupa un lugar central en ese camino. “Me encanta enseñar”, dice sin dudar. Disfruta transmitir lo aprendido, simplificar conceptos complejos y mostrar a sus estudiantes que pueden llegar más lejos de lo que él llegó. Su labor docente está atravesada por una idea fuerza: creer que es posible. “Les digo a mis estudiantes que se arriesguen, que se la crean. No necesitamos que alguien de afuera venga a decirnos que sí se puede”.

Ese compromiso se extiende más allá de la universidad. A través de instrumentos pedagógicos basados en el juego, ha acercado la química sustentable y el cuidado del medio ambiente a más de 15 mil estudiantes de colegios a lo largo del país, reforzando su convicción de que la ciencia no pertenece a una élite, sino que debe ser una herramienta de transformación social.
Nada de eso, reconoce, habría sido posible sin su familia. Esposo y padre de dos hijas, habla con honestidad de los costos de la vida académica. “Es difícil vivir con un científico. No trabajamos de nueve a seis, es 24/7”. Por eso, decidió compartir sus logros y experiencias con ellas: viajes, congresos y estadías que se transformaron en una forma de estar presente. “No lo veo como un costo, sino como una inversión”. Hoy, la titularidad es también un orgullo familiar, una confirmación de un camino largo y exigente, sostenido por apoyo, perseverancia y afectos.
Mirando hacia adelante, su motivación sigue siendo la misma: formar investigadores, fortalecer una línea estratégica y seguir traspasando fronteras. Su grupo reúne estudiantes y jóvenes científicos de distintos países, una señal de que el trabajo realizado desde Chile dialoga con el mundo. “Quiero ser un acelerador de investigadores, un trampolín para las nuevas generaciones”, afirma.
En el futuro, le gustaría ser recordado como alguien que abrió líneas de investigación, que apoyó a muchos estudiantes y que contribuyó al desarrollo de la catálisis en el país. Pero, sobre todo, como alguien que devolvió la mano a quienes confiaron en él desde el inicio.
Esta entrevista es uno de los 28 reportajes que forman parte del libro “Profesores titulares. Nombramientos 2025”, disponible en este link.

Catalizando la investigación
Su investigación, se articula desde la ciencia básica hacia la aplicación industrial. Su trabajo en catálisis heterogénea se enfoca en la síntesis de catalizadores específicos y en la comprensión de los mecanismos de reacción a nivel fundamental, con el objetivo de escalar procesos y transferir conocimiento a la industria nacional. Esta línea —pionera en la Escuela de Ingeniería UC— busca aportar al desarrollo de energías limpias, procesos sustentables y reducción de costos, fortaleciendo capacidades científicas locales con impacto ambiental y productivo. A través de este trabajo busca formar estudiantes capaces de comprender, arriesgarse y transformar el conocimiento en soluciones sustentables para el país.




