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María “Cuky” Pérez, exejecutiva de Silicon Valley: “Entender cómo funciona la IA es la clave para proteger lo humano”

5 de Noviembre de 2026

8 MINUTOS DE LECTURA

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En vísperas de su participación en el 8° Congreso Social UC, la experta en inteligencia artificial advierte sobre los riesgos de delegar decisiones a los algoritmos, la importancia de comprender cómo funcionan y las oportunidades que ofrece esta tecnología para reducir desigualdades.

Por Felipe Aldunate M.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a trabajar mejor, resolver problemas complejos y ampliar oportunidades. Pero también está transformando la manera en que aprendemos, pensamos y tomamos decisiones. Y no siempre somos conscientes de las consecuencias.

María “Cuky” Pérez conoce de cerca esta transformación. Durante su trayectoria en Silicon Valley trabajó con algoritmos y equipos de ciencia de datos, una experiencia que hoy alimenta su reflexión sobre los desafíos de la inteligencia artificial.

En esta entrevista, realizada antes de su participación en el 8° Congreso Social UC, donde abordará el desafío de cuidar lo humano en tiempos de inteligencia artificial, plantea una advertencia: si dejamos que las máquinas hagan el trabajo de quienes recién comienzan su vida laboral, podríamos terminar sin profesionales experimentados capaces de supervisarlas.

También cuestiona nuestra creciente dependencia de herramientas que tienden a darnos la razón, advierte que los algoritmos incorporan decisiones humanas y sostiene que comprender su funcionamiento es indispensable para aprovechar sus oportunidades.

—¿Cuál es el cambio provocado por la inteligencia artificial para el que estamos menos preparados?

“Uno de los cambios que más me preocupa, y que ya empieza a aparecer en los datos, es que estamos cerrando las puertas del primer empleo a los jóvenes. Muchas empresas están incorporando agentes de inteligencia artificial para realizar análisis básicos y otras tareas que tradicionalmente realizaban personas sin experiencia, recién egresados. Es una decisión muy tentadora desde el punto de vista de los costos, pero también muy cortoplacista. El primer empleo es donde uno aprende el oficio, desarrolla el juicio crítico y comienza a entender cómo funciona realmente el trabajo. Recuerdo que mi primer empleo como analista en Estados Unidos consistía en limpiar bases de datos. Ahí empecé a preguntarme si los datos tenían sentido, a detectar problemas y a desarrollar un criterio que uno no adquiere simplemente por haber pasado por la universidad”.

“Muchas empresas están incorporando agentes de inteligencia artificial para realizar análisis básicos y otras tareas que tradicionalmente realizaban personas sin experiencia, recién egresados”.

“En Estados Unidos ya se observa que el empleo de personas sin experiencia está estancado, mientras crece el de trabajadores más experimentados. No estamos viendo despidos masivos de jóvenes, pero sí dificultades para que ingresen al mercado laboral”.

“Y mi preocupación no es solamente el desempleo juvenil. ¿Quiénes van a tener el juicio necesario para revisar lo que hace la inteligencia artificial en diez o quince años más? Si hoy les cerramos la puerta a quienes necesitan aprender, mañana podríamos no contar con personas experimentadas capaces de corregirla”.

—¿Estamos trasladando a las universidades la responsabilidad de entregar esa experiencia laboral?

“Es un tema muy importante. Pueden ser las universidades. Incluso empresas que desarrollan inteligencia artificial, como Anthropic y OpenAI, están planteando la necesidad de generar una etapa intermedia entre la universidad y el trabajo, donde las personas puedan desarrollar experiencia y juicio crítico”.

—Además del trabajo, ¿qué capacidades humanas podríamos perder por depender tanto de la IA?

“Me preocupa especialmente nuestra capacidad de pensamiento profundo. Cuando trabajaba en Silicon Valley, preparar un análisis de datos o diseñar un plan de estudio podía tomarme semanas. Hoy la inteligencia artificial me propone uno o dos planes y, en el mismo día, ya estoy analizando los resultados. Eso tiene enormes ventajas, pero también existe el riesgo de renunciar al proceso de reflexión que antes era necesario para llegar a esas conclusiones: analizar alternativas, evaluar los pros y los contras, cuestionar nuestras propias ideas”.

“Hay otro fenómeno que me llama mucho la atención. La inteligencia artificial tiende a complacernos, a halagarnos y a darnos la razón. Incluso cuando uno le dice que se equivocó, muchas veces responde inmediatamente: “Sí, tienes toda la razón”. Eso es muy distinto de lo que ocurre en una relación de trabajo. Un buen jefe te cuestiona, te dice que estás equivocado y te explica por qué. Esa confrontación también es parte del aprendizaje. Me pregunto qué ocurrirá con los jóvenes que están creciendo con herramientas que permanentemente los validan. ¿Cómo van a recibir una crítica o una evaluación negativa cuando entren al mundo laboral?”

—Un estudio de la UC muestra que muchas personas usan IA en su trabajo, pero pocas empresas las han incorporado formalmente. ¿Cómo explicas esa diferencia?

“Los datos muestran precisamente eso. Un estudio sobre el uso de ChatGPT revela que una gran proporción de las interacciones corresponde a usos personales. Y cuando se analiza su utilización laboral, una de las principales aplicaciones es la escritura, especialmente la edición de textos. Estamos viviendo, en cierto sentido, la era de la mejor gramática. Los correos electrónicos son más claros, los mensajes están mejor escritos. Yo también utilizo estas herramientas para eso”.

“Estamos viviendo, en cierto sentido, la era de la mejor gramática”.

“Pero una cosa es mejorar la productividad individual y otra muy distinta es transformar una organización. A diferencia de la transformación digital, que muchas veces dejamos en manos de los equipos tecnológicos, la inteligencia artificial requiere transformar la cultura, los procesos y los roles de las personas. Las áreas de recursos humanos y las gerencias del negocio tienen que participar directamente. No podemos esperar que un trabajador, sentado frente a su computador, transforme por sí solo una empresa utilizando inteligencia artificial. Si la organización no tiene claro qué quiere cambiar, lo más probable es que sus trabajadores simplemente terminen escribiendo mejores correos”.

—El Congreso Social UC plantea el desafío de cuidar lo humano frente a la inteligencia artificial. ¿Qué significa eso?

“Hay una idea que me parece fundamental y que está presente en Magnifica humanitas, del papa León XIV: la tecnología no es neutral. Cuando uno construye un algoritmo, está incorporando criterios y decisiones humanas. Define qué va a medir, qué va a ignorar, a quién va a clasificar y a quién le va a dar preferencia. Muchas veces escuchamos: ‘Ah, pero fue el algoritmo’. No. No fue el algoritmo. Fue el criterio que tú incorporaste al algoritmo el que tomó esa decisión”.

“Pensemos, por ejemplo, en los sistemas que ayudan a decidir a quién otorgar un crédito. Si discriminan a determinados grupos, ese sesgo no apareció mágicamente. Tiene que ver con las decisiones humanas que están detrás de su diseño”.

“Por eso me parece tan importante entender cómo funciona la inteligencia artificial. No piensa como un ser humano, no tiene cuerpo ni experiencia. Trabaja a partir de probabilidades estadísticas. Me sorprende que muchos jóvenes utilicen estas herramientas sin comprender cómo generan sus respuestas. Y creo que ahí las escuelas y las universidades tienen una responsabilidad enorme”.

“No se trata de que todos tengan que convertirse en especialistas, pero sí de entender qué es un algoritmo, cómo aprende y cuáles son sus limitaciones. Comprender cómo funciona la inteligencia artificial es la clave para proteger lo humano. No basta con que las personas utilicen estas herramientas: tienen que seguir participando en las decisiones, especialmente cuando afectan la vida de otros seres humanos. No podemos delegarlo todo”.

—También has planteado que la IA puede ayudar a igualar oportunidades. ¿Cómo se aprovecha ese potencial?

“Creo que esta tecnología tiene una capacidad enorme para igualar la cancha. Los estudios muestran que puede reducir las diferencias de productividad entre personas con distintos niveles de experiencia. Eso es especialmente relevante para quienes parten con menos recursos, menos conocimientos o menos oportunidades. La inteligencia artificial puede entregarles capacidades que antes estaban reservadas para quienes tenían mayor experiencia o acceso a determinados recursos”.

“Nosotros no somos meros espectadores de esta transformación. No son los algoritmos los que están decidiendo automatizar el trabajo o reemplazar determinadas funciones. Somos nosotros quienes tomamos esas decisiones”

“Pero eso no ocurre automáticamente. Tenemos que diseñar las condiciones para que efectivamente suceda. De lo contrario, es muy fácil que estas herramientas terminen reemplazando a las personas en lugar de ayudarlas. Y ahí volvemos al desafío humano. Nosotros no somos meros espectadores de esta transformación. No son los algoritmos los que están decidiendo automatizar el trabajo o reemplazar determinadas funciones. Somos nosotros quienes tomamos esas decisiones”.

—¿Qué temas abordarás en tu presentación en el Congreso Social UC?

“Quiero comenzar con un ejemplo concreto de inteligencia artificial que me tocó desarrollar cuando trabajaba en Airbnb. Me interesa que las personas, especialmente los jóvenes, puedan entender cómo se utilizan estas tecnologías sin necesidad de entrar inmediatamente en explicaciones demasiado técnicas. Después haré un recorrido por la historia de la inteligencia artificial, para mostrar cómo llegamos a las herramientas que tenemos hoy y cómo se construyen estos algoritmos”.

“Finalmente, quiero abordar las oportunidades y los desafíos para las personas: cómo la inteligencia artificial puede aumentar nuestra productividad, qué ocurre con el primer empleo y cómo podemos aprovecharla para igualar oportunidades. Mi intención es inspirar a las personas a conocerla y utilizarla, pero también a comprender sus riesgos. Porque el futuro de esta tecnología no está predeterminado. Depende de las decisiones que tomemos sobre cómo queremos utilizarla”.

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