14 de Octubre de 2026
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El Laboratorio de Termoluminiscencia de la Universidad Católica fue por años el único de Sudamérica en brindar este servicio fundamental a la comunidad arqueológica de la región, al datar las piezas de arcilla a partir de la energía contenida en los granos de cuarzo. Tras su descontinuación, en 2025, un equipo busca rescatar el valioso archivo documental de este laboratorio.
Por Lissette Fossa
A finales de la década de los setentas, el físico Álvaro Román regresó a Chile tras concluir sus estudios de doctorado en Francia. Traía consigo el dominio de una técnica analítica pionera que cambiaría el estudio del pasado en el país: la termoluminiscencia aplicada a la datación de fragmentos cerámicos. Durante casi medio siglo, el Laboratorio de Termoluminiscencia de la Universidad Católica prestó un servicio fundamental, convirtiéndose en el único laboratorio de Sudamérica en ofrecer este tipo de fechado a la comunidad arqueológica e investigadora regional.
Sin embargo, el retiro definitivo en 2025 del profesor Román —quien era uno de los pocos con este conocimiento específico— marcó también la descontinuación del servicio de datación arqueológica por termoluminiscencia.
El cierre de esta área no solo dejó un vacío técnico en la arqueología local —que ahora debe depender de laboratorios extranjeros y análisis de radiocarbono 14 para contextualizar sus hallazgos—, sino que planteó la interrogante de ¿qué sucederá con las décadas de datos científicos, informes, gráficos en papel milimetrado y libretas de notas acumuladas por el académico?
Para evitar que la memoria científica se pierda, surge una iniciativa financiada por la Dirección de Arte y Patrimonio Cultural (DAC) de la Universidad Católica. Liderado por el académico Roberto Campbell, de la Escuela de Antropología, el proyecto busca ordenar, catalogar y digitalizar cerca de 50 años de historia analítica, sentando las bases para concebir la información científica generada en las aulas y laboratorios universitarios como un patrimonio institucional y nacional inestimable.

La llave para conocer la antigüedad de los objetos
Para comprender la trascendencia del archivo que hoy se busca poner en valor, es imprescindible situar la importancia del fechado dentro de la arqueología. Como explica el profesor Roberto Campbell, responsable del proyecto, la disciplina requiere constantemente precisar la antigüedad de los vestigios encontrados en Chile.
“En arqueología, para nosotros es súper importante saber la antigüedad de las cosas. Necesitamos saber de qué época son los objetos y las sociedades que estamos investigando: cuál es lo más antiguo, cuál es lo más reciente. En Chile se han utilizado dos técnicas principales: el radiocarbono 14, que es la más conocida, pero se realiza exclusivamente fuera del país porque requiere de una tecnología muy compleja y sofisticada; y la termoluminiscencia. Esta última cobró un valor fundamental porque estaba aquí en la universidad, a cargo de Álvaro Román, y resultaba mucho más accesible y económica”, relata.
La termoluminiscencia es una técnica física capaz de fechar el instante exacto en que una vasija o elemento de arcilla fue manufacturado y sometido al fuego. La arcilla contiene de forma natural pequeños granos de cuarzo, mineral que, desde la formación del universo, absorbe y almacena energía en forma de electrones producto de la radiación ambiental.

“Lo que ocurre es que cuando la gente del pasado fabricaba la cerámica y la sometía a temperaturas elevadas —más de 800 grados Celsius—, esa energía acumulada por el cuarzo se liberaba por completo. Es como si el fragmento cerámico se ‘reseteara’ cronológicamente. A partir de ese minuto de cocción, la pieza recomienza su captura de energía. La termoluminiscencia mide precisamente cuánta energía ha vuelto a acumular esa vasija desde que fue hecha y, mediante una resta analítica, nos entrega la fecha exacta de su fabricación”, detalla Campbell.
Esta metodología permitió fechar los desarrollos culturales de las sociedades alfareras en Chile durante los últimos 2.000 a 3.000 años. Un trabajo que se dejó de hacer a fines del 2025, pero que dejó cientos de archivos y registros que ahora son parte del patrimonio cultural de la universidad.
Un trabajo multidisciplinario
Frente a la inminente jubilación del profesor Román, la preocupación central de Campbell y su equipo fue la preservación del conocimiento generado en esos casi 50 años de servicio. La documentación del laboratorio no existía en formatos digitales modernos, sino en carpetas y cajas repletas de cuadernos manuscritos, resultados y gráficos dibujados a mano.
“El profesor Román mantuvo un sistema de registro manual, nunca implementó un soporte digital. El riesgo de no intervenir era que toda esa documentación terminara en cajas olvidadas o en la basura. Queríamos evitar que eso pasara”, relata el investigador.

El proyecto actual cuenta con dos pilares centrales: uno enfocado en el procesamiento computacional e informático y otro en el rescate histórico y documental. Para ello, se articuló una amplia red multidisciplinaria que reúne a académicos, investigadores y estudiantes de diversas unidades de la universidad.
Por parte de la Escuela de Antropología participarán Roberto Campbell y el profesor Víctor Méndez —coordinador del Laboratorio de Arqueología Digital— junto a Gonzalo Barceló y el equipo del Laboratorio de Antropología Visual, encargados de registrar fotográfica y audiovisualmente el proceso y las entrevistas del proyecto. La dimensión informática recae en los profesores Cristian Riveros y Marcelo Arenas, de la Escuela de Ingeniería (Ciencias de la Computación), quienes continúan el desarrollo de una infraestructura digital y repositorio abierto para la gestión de datos arqueológicos.
En la dimensión física y de alojamiento colabora la académica Paola Caprile del Instituto de Física —donde funcionaba el laboratorio—, mientras que el procesamiento documental cuenta con el apoyo técnico del Laboratorio de Patrimonio Documental y Humanidades Digitales de la Biblioteca de San Joaquín, liderado por Nicole Larrondo y Umberto Bonomo. Además, desde el Instituto de Historia se sumaron Rodrigo Sandoval y María José Vial para las tareas de archivística y catalogación, junto a Sylvia Dummer, directora del Magíster en Historia Pública.

Holograma del profesor Román
Una de las aristas más innovadoras del proyecto es la intervención de Felipe Baeza, profesor de la Escuela de Arte, quien ha implementado técnicas de captura tridimensional para documentar la figura del propio profesor Román.
“Felipe desarrolló una tecnología de registro 3D que permite generar una suerte de ‘holograma’ o representación en movimiento de las personas desde distintos ángulos. Quisimos experimentar registrando a Álvaro Román hablando sobre la relación entre física y arqueología. Así, el usuario no solo escucha su testimonio, sino que puede interactuar espacialmente con la figura del profesor mientras habla”, explica Campbell.
El producto final comprometido para esta etapa contempla la catalogación completa del material físico y su entrega a la red de Bibliotecas UC para crear formalmente un fondo, sumado a la carga de todos los datos científicos digitalizados en la plataforma web de arqueología. Asimismo, se redactará un guion museográfico para una futura exposición del archivo de termoluminiscencia en Chile.
“Los datos científicos son también un patrimonio”
Más allá de la organización de papeles, el trasfondo ético y teórico de la propuesta radica en resignificar el rol de la universidad respecto a la producción de sus investigadores. Durante décadas, el foco académico ha estado puesto en la publicación del artículo científico en revistas de alto impacto, dejando de lado los cuadernos de campo, las planillas manuales y los esquemas preliminares donde verdaderamente germina la ciencia.
“El patrimonio no son únicamente los edificios antiguos, los cuadros o las piezas dentro de una vitrina de museo. También lo son los cuadernos de notas de un científico, tal como los cuadernos donde Charles Darwin dibujaba los animales que encontraba”.- Roberto Campbell, Escuela de Antropólogía UC
Roberto Campbell enfatiza: “La argumentación central que armamos para el fondo de la Dirección de Arte y Patrimonio Cultural fue que los datos científicos generados por los profesores de la universidad son también un patrimonio. La institución debe hacerse cargo de ese patrimonio. Un artículo publicado es solo el eslabón final de una cadena larguísima de trabajo previo”, señala.
“Los cuadernos originales donde se hizo la ciencia deben preservarse porque nos permiten, incluso años después, reevaluar lo que damos por sentado. Si un fechado nunca le cuadró a un arqueólogo, al poder revisar las mediciones originales anotadas en el cuaderno de hace 30 años se puede detectar un error de transcripción y corregir la historia”, añade.

El académico compara este ejercicio con experiencias internacionales, como la digitalización en el Reino Unido de los registros diarios del nivel del río Támesis tomados durante más de dos siglos. Aunque en su momento parecían anotaciones rutinarias, hoy constituyen un insumo invaluable para estudiar el cambio climático global.
“El patrimonio no son únicamente los edificios antiguos, los cuadros o las piezas dentro de una vitrina de museo. También lo son los cuadernos de notas de un científico, tal como los cuadernos donde Charles Darwin dibujaba los animales que encontraba”, reflexiona Campbell.
Un nuevo escenario para la arqueología en Chile

El cierre definitivo del área de datación arqueológica por termoluminiscencia en la Universidad Católica representa el fin de una era para la investigación arqueológica en el país. A partir de ahora, la comunidad científica e instituciones encargadas de estudios de impacto ambiental se enfrentan a un escenario complejo.
“El laboratorio de termoluminiscencia sigue funcionando hasta hoy, pero enfocado exclusivamente en el servicio de dosimetría médica —control de radiación para personal de hospitales y centros radiológicos—, que es una actividad permanente y rentable. Sin embargo, el área de fechado arqueológico se cerró formalmente en diciembre pasado”, aclara Campbell.
Ahora, los equipos de investigación y las consultoras ambientales que desarrollan rescates arqueológicos deberán enviar sus muestras al extranjero para ser analizadas mediante radiocarbono 14, un proceso considerablemente más costoso y burocrático.
“Nos obliga a repensar nuestras formas de investigar y planificar los proyectos. De aquí en adelante, la única alternativa inmediata será datar fuera de Chile. Por eso cobra aún más urgencia rescatar y democratizar todo el volumen de información que el profesor Román generó en su vida académica”, concluye el profesor Campbell.
Gracias al financiamiento de la Dirección de Arte y Patrimonio Cultural de la UC, el archivo de Álvaro Román pasará de estar contenido en cajas de cartón a transformarse en un acervo digital y físico permanente, asegurando que el legado de uno de los pioneros de la ciencia aplicada en Chile continúe iluminando la historia.
Ficha Técnica del Proyecto
- Nombre de la iniciativa: Medir el tiempo, preservar el patrimonio científico: Creación del Archivo de Arqueología del Laboratorio de Termoluminiscencia
- Financiamiento: Fondo de Artes, Cultura y Patrimonio 2025, línea PRESERVACIÓN
- Investigador Responsable: Roberto Campbell (Escuela de Antropología UC).
- Unidades y Laboratorios Participantes:
- Escuela de Antropología (Laboratorio de Arqueología Digital y Laboratorio de Antropología Visual).
- Escuela de Ingeniería (Departamento de Ciencia de la Computación).
- Instituto de Física (Laboratorio de Dosimetría y Termoluminiscencia).
- Instituto de Historia y Magíster en Historia Pública.
- Escuela de Arte.
- Sistema de Bibliotecas UC y Centro del Patrimonio Cultural (Laboratorio de Patrimonio Documental y Humanidades Digitales).


