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Del like al aplauso real: Por qué hoy los jóvenes quieren farmear aura

3 de Septiembre de 2026

10 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraEsta semana se realizó un torneo de aura en el campus San Joaquín, que convocó a más de mil estudiantes. La ganadora obtuvo una entrada a la gala de la Escuela de Ingeniería y, por supuesto, el reconocimiento del público.

Lo que comenzó como uno de tantos virales de redes sociales, se trasladó rápidamente a espacios reales y hoy convoca a cientos de jóvenes en la calle, el patio del colegio y en los campus. Las batallas de aura reflejan nuevas formas de entretención y reconocimiento social, al tiempo que reabren preguntas sobre el carisma, la autenticidad y la imagen.

Por Virginia Soto-Aguilar, Héctor Mendoza y N. Ramírez | Fotografías: César Dellepiane

Son las 13.30 horas en el patio de Ingeniería del campus San Joaquín de la UC. Hace mucho calor y unos 1.500 jóvenes están esperando que empiece una batalla de aura. Sin necesidad de que les den muchas instrucciones, han dejado un espacio vacío al centro para que se desarrolle el desafío. Con diez minutos de atraso, uno de los organizadores toma el micrófono y empiezan los aplausos.

El público responde con gritos ante cada movimiento de los competidores, que tienen exactamente un minuto para enfrentarse. Los participantes usan diferentes estrategias: máscaras, disfraces, movimientos virales o inventados por ellos mismos. Después de media hora de duelo, se escoge una ganadora por aplausómetro. Su premio: una entrada a la gala de la Escuela de Ingeniería y el reconocimiento del público. De hecho, tras su performance estudiantes se acercan espontáneamente a pedirle fotos.

¿Por qué vinieron a esta batalla? “Venimos porque nos gusta verlos hacer el ridículo, es entretenido, causa gracia”, dice Francisca. “Además, es parte de nuestra cultura joven”, comenta Diego. Ambos son estudiantes de Ingeniería UC que se tomaron una pausa en su estudio para acudir a la cita.

Otros estudiantes fueron porque querían entretenerse y comentan que les gustaba ver cómo los patios se llenan de gente y actividades.

Del like digital al aplauso real

La tendencia gira en torno al concepto de farmear aura. El término combina la palabra inglesa farming (cultivar) con el lenguaje de los videojuegos, donde farmear significa acumular recursos o experiencia para avanzar y subir de nivel. Trasladada al mundo digital, la expresión alude a la capacidad de construir una imagen poderosa, atractiva o magnética ante una audiencia. 

Arly Faundes, académica de la Facultad de Comunicaciones, explica que “este tipo de comportamiento se viraliza rápido porque combina algo que funciona bien en el algoritmo como los memes y el juego, el tener puntaje (simbólico), el like, la validación, muy propio de las redes sociales”.  

Farmear aura se vincula con ser reconocido, con ganar puntaje; es por esto que pasa de lo digital a lo físico, a una validación social en el plano físico en las batallas: del like digital a los aplausos en el plano físico“, apunta. Asimismo, “esta búsqueda de comunidad online y de pertenencia y validación social se lleva de lo online a lo físico”. 

En cuanto al vínculo con los videojuegos, señala que “está todo conectado” y que “apropiarse de estos términos y masificarlos hace que ya no sean propios de un grupo específico, como podrían ser (quienes juegan a) los videojuegos, si no de la generación”. 

“Gamificación del reconocimiento social”

¿Pero por qué logra captar tanto el interés de los jóvenes? Desde la psicología social, Jorge Manzi, académico de la Escuela de Psicología UC y miembro del Consejo Directivo de MIDE UC, comenta que “se trata de un mecanismo que alude a la construcción de una identidad y reputación, tarea que es fundamental en el desarrollo de las personas, especialmente en la juventud”. “Las personas construimos nuestra autoestima (autovaloración) parcialmente a partir del reconocimiento que otros nos entregan”, explica.

En esa línea, plantea que “el farmear aura representa un mecanismo culturalmente establecido para buscar de manera, algo sutil –nunca exagerada u obvia–, el reconocimiento de otros a través de desafíos, pruebas, gestos y demostraciones públicas que reciben aprobación de otros”. “Aunque se trata de una variante de mecanismos que siempre han existido, en este caso está basado en una gamificación del reconocimiento social”, explica.

Es un mecanismo popular, pues es funcional a una tarea central –la construcción de una identidad y reconocimiento–, y que aspira a validar una visión positiva acerca del sí mismo, que la gran mayoría de las personas aspiramos a construir, y que nos hace usualmente creer que somos algo mejores de lo que realmente somos –es una ilusión positiva, tal como ha sido estudiada en la psicología social–. O sea, es un mecanismo –como tantos otros– al servicio de mantener o enaltecer nuestra autoestima”, señala.

Estudiantes se fotografían con la ganadora de la batalla de aura.
El título se define por aplausómetro.

El aura de los santos y de las obras de arte que anteceden a TikTok

¿Y por qué utilizar el concepto de aura? Desde una perspectiva histórica, la representación de figuras rodeadas por un halo de luz aparece en distintas culturas y tradiciones religiosas de la antigüedad. En el cristianismo, esta imagen se desarrolló especialmente a través de la iconografía, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la santidad. 

Según explica Rodrigo Álvarez, académico de Teología UC, la iconografía cristiana comenzó a utilizar elementos visibles para expresar una realidad espiritual. “A partir de la Alta Edad Media, se ha querido representar gráficamente la santidad mediante este recurso que llamamos aureola o nimbo, que da cuenta de que esa persona ha alcanzado una unión con Cristo y que la hace distinguirse de las demás“. Así, este círculo luminoso cumple la función simbólica de mostrar una santidad que no siempre se percibe a simple vista.

Asimismo, la presencia de esa luz en las representaciones religiosas remite a una larga tradición bíblica y teológica. Uno de sus antecedentes puede encontrarse en el relato del libro del Éxodo, cuando Moisés desciende de su encuentro con Dios irradiando luz en su rostro. Desde entonces, la iconografía cristiana desarrolló diversos modos de expresar visualmente esa cercanía con lo divino. En el caso de Cristo, la aureola suele incorporar una cruz para destacar su identidad dentro de la tradición cristiana, mientras que otros elementos permiten distinguir representaciones de la Virgen y los santos. 

Para Federico Aguirre, académico de Teología UC y pintor de íconos religiosos, la aureola no busca representar una energía misteriosa ni una irradiación física del cuerpo, sino una transformación mucho más profunda. “El aura, en el caso de la imagen de culto cristiana, da cuenta de una experiencia del ser humano transformado por la gracia de Dios. En el fondo se trata de mostrar algo que la Iglesia, la comunidad creyente, ha visto y ha percibido“. 

Según explica, esta representación visual está vinculada a uno de los temas centrales del cristianismo: la posibilidad de que la persona participe plenamente de la vida divina sin dejar de ser humana

Pese a esta raíz, el concepto de “aura” religiosa y del fenómeno viral aluden a lógicas diferentes. Mientras la tradición cristiana la relaciona con una transformación interior que se manifiesta exteriormente, las redes sociales entienden el aura como una forma de presencia, carisma o influencia percibida por los demás. Es decir, busca destacar ante la mirada de otros. 

La reflexión también alcanza al mundo del arte. Aguirre recuerda que el filósofo Walter Benjamin hablaba del “aura” de las obras artísticas para describir aquello que las hace únicas e irrepetibles. “El arte es una expresión de la búsqueda de Dios”, afirma el académico, subrayando que toda creación artística alude al ser humano, la búsqueda de sentido y la trascendencia. 

Identidad, creatividad y expresión

¿Y es posible evaluar si esta dinámica tiene un efecto positivo o negativo en los jóvenes? Jorge Manzi comenta que, al contener elementos de competitividad y gamificación en un contexto social, “no representa un alejamiento sustantivo de otros mecanismos a través de los que buscamos el reconocimiento de otros, muchos de los cuales se basan en la comparación con otros, como ocurre en este caso”.

De todos modos, aclara que, por tratarse de un fenómeno nuevo, aún no hay estudios que puedan dar cuenta de las consecuencias -positivas o negativas- que puede implicar para la construcción de la identidad juvenil.

En tanto, Federico Aguirre invita a observar el fenómeno desde una perspectiva amplia. A su juicio, detrás de estas prácticas también existen búsquedas humanas relacionadas con la creatividad y la necesidad de expresarse ante los demás. “Ha habido cierta mirada negativa o de desprecio hacia estas cosas que hacen los jóvenes. Pero hay que considerar que el origen de muchas expresiones artísticas y religiosas es precisamente el juego“, afirma. 

Viral de Facultad de Teología: 
FARMEAR AURA NO NACIÓ EN TIKTOK: LA HISTORIA DETRÁS DEL FENÓMENO VIRAL 

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