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Agua para el futuro: cómo equilibrar el avance de la desalinización con el cuidado de los océanos

25 de Agosto de 2026

4 MINUTOS DE LECTURA

Fotos WordPress UC
photo_cameraFoto: Pexels.

El agua desalada, proveniente del océano, es una de las principales alternativas que tiene Chile para enfrentar el fenómeno de la escasez hídrica. Sin embargo, expertos advierten que hay aspectos críticos que deben regularse, como el impacto de las descargas de salmuera (subproducto de la desalinización) en los ecosistemas marinos.

Por Nicolás Massai D.

La falta de agua para el consumo humano es uno de los desafíos globales, que va de la mano con un aumento de la población, un mayor consumo, el cambio climático y el desgaste de las reservas. En Chile, a inicios de 2022 el 50% de comunas contaba con decretos de escasez hídrica. En medio de este panorama, han aparecido alternativas para no sobrexigir las fuentes de agua dulce, siendo una de las principales la desalinización. Este es un proceso por el cual se elimina la sal y los minerales del agua de mar o salobre para convertirla en agua dulce, apta para el consumo humano, la agricultura o la industria.

A la fecha, en el país se han implementado diversas plantas desalinizadoras ubicadas en distintos puntos de la costa del país. El 80% del agua desalada se utiliza para abastecer la industria minera y el 20% restante tiene un destino sanitario. “En los próximos años se espera una expansión significativa de la capacidad de desalinización en Chile, proyectándose un aumento cercano a cuatro veces la infraestructura actualmente existente”, comenta Eduardo Leiva, académico de la Facultad de Química y de Farmacia y del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Escuela de Ingeniería UC.

Ante esto, plantea que “es urgente contar con fuentes alternativas de agua y la desalación representa una de las principales fuentes que está explorando la industria y que ahora ya se está extrapolando a consumo humano”, dice.

El impacto de la salmuera en el medio ambiente

Si bien en Chile ya se promulgó una ley de desalinización, que establece por primera vez un marco regulatorio integral para el uso y tratamiento de agua de mar frente a la escasez hídrica, el experto asegura que aún persisten aspectos críticos que deben regularse, como el impacto de las descargas de salmuera (subproducto de la desalinización) en los ecosistemas marinos. Es por eso que el profesor Leiva, junto a otros académicos, trabajaron con el Centro de Políticas Públicas UC en una propuesta para regular de mejor manera este y otros aspectos.

Una planta desaladora genera dos productos, principalmente: agua desalada, que para ser consumida por el ser humano requiere de un proceso de mineralización hasta alcanzar los estándares con los que cuenta el agua potable.

El otro producto es la salmuera: un concentrado de sal, mucho más alto que el nivel del mar, que se devuelve al océano, y que puede ser nocivo en el medio ambiente. “En Chile no hay muchos estudios científicos que evalúen los impactos que puede tener la descarga de la salmuera en los ecosistemas marinos a largo plazo. Hay investigación, por ejemplo, en España, en Israel y en otros países, pero no hay mucha en Chile”, comenta el académico.

Las propuestas para mejorar la regulación

Una de las primeras necesidades que surge entonces es contar con más investigación en torno a la desalinización en el país. “La incertidumbre sobre los efectos de la desalinización en los ecosistemas marinos a mediano y largo plazo requiere impulsar investigaciones que permitan definir sus impactos con mayor precisión”, dice Leiva. “Necesitamos evaluar los efectos de las descargas sobre la calidad del agua y los sedimentos marinos, y también investigar los impactos de la salmuera en especies de importancia ecológica, comercial y en la biodiversidad”, agrega.

En el documento Propuestas para Chile, del Centro de Políticas Públicas UC, aparecen más propuestas para abordar esta situación.  Una consiste en incentivos para utilizar la mejor tecnología disponible, de manera de avanzar hacia un enfoque precautorio con minimización de impactos ambientales.

Otra medida es decretar zonas de exclusión para captación de aguas, y luego descarga de salmuera. “De especial relevancia son los bosques de macroalgas y las praderas de pastos marinos, que cumplen funciones esenciales en los ecosistemas costeros. Por tanto, las descargas deben emplazarse a suficiente distancia de estos hábitats, garantizando su no afectación”, dice el documento.

Además, según los autores, debería haber un nuevo límite de salinidad en las llamadas áreas de influencia, es decir, donde se produce la descarga de salmuera. “Los límites deben basarse en las características de nuestros ecosistemas y no únicamente en referencias internacionales. Esto, junto con otras medidas, permitirá fortalecer el marco regulatorio para el desarrollo sustentable de la desalinización en Chile”, concluye Leiva.

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