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Investigación UC analiza los sedimentos de los lagos para medir el impacto humano en la historia hídrica de Chile

21 de Julio de 2026

5 MINUTOS DE LECTURA

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A través del análisis de "archivos sedimentarios" y ADN antiguo, los investigadores buscas descifrar cómo la industria forestal, la minería y la colonización han alterado permanentemente el paisaje chileno, afectando la calidad del agua y la mantención de los ecosistemas hídricos del país.

Por Nicolás Massai D.

Aguas abajo, cavando en el fango húmedo, se pueden documentar los efectos de la actividad humana en los lagos de Chile a lo largo de la historia. Prácticamente todos los ecosistemas terrestres tienen algún grado de intervención, por más que los percibamos como naturales. Eso es lo que plantea un equipo de científicos que planea demostrar, a través de estos “archivos sedimentarios”, el impacto ambiental que existe en la región.

El estudio es financiado por Avanza UC, fondo creado por la Universidad Católica para impulsar, con recursos propios, proyectos de investigación de alto impacto en el país. Esto es parte del Plan Estratégico UC 2026–2030 que tiene como objetivo contribuir a transformar a Chile.

El hallazgo más alarmante se podría dar en el lago Vichuquén y su aledaña laguna Torca. En ambos sitios el agua se tiñe de verde oscuro durante gran parte del año, debido a un proceso de eutrofización, el exceso de nutrientes provoca afloramientos de algas nocivas que consumen el oxígeno y matan la fauna acuática.

¿Cómo devino este ecosistema en uno donde existe tal exceso de nutrientes? La pregunta parece tener una respuesta que tiene un protagonista: el tránsito del ser humano.

“La eutrofización es básicamente un aumento en las concentraciones de nutrientes que llevan a floramientos o ‘blooms’ algales”, explica la investigadora UC Magdalena Fuentealba, quien está tras este estudio. “Esto genera que la dinámica físico-química del lago cambie, así como la productividad biológica, generando una alta mortandad de peces y una situación en cadena que genera la pérdida de calidad de agua tanto para la mantención del ecosistema acuático como para su consumo”.

Según la experta, en estos sectores las plantaciones de pinos han aumentado un 60% en los últimos 40 años, lo que ha transformado radicalmente el ciclo de nutrientes del sistema hídrico.

Las líneas de base

Lo que buscan establecer los investigadores es una línea de base anterior a la intensificación del accionar humano en distintos lagos a lo largo de Chile, definiendo cómo eran esos ecosistemas en ese entonces, y luego establecer la línea de base actual.

Mediante la extracción de “testigos” -tubos de sedimento que funcionan como una línea de tiempo geológica-, el equipo está analizando cómo la minería, la industria forestal y la colonización han alterado permanentemente el paisaje chileno, afectando la calidad del agua y la mantención de los ecosistemas.

Incluso en la Patagonia, explica Magdalena Fuentealba, a menudo considerada un refugio prístino, la huella humana es profunda, señalando que durante sus colonizaciones a principios del siglo pasado el fuego ha sido una herramienta clave para el despeje de terrenos y esto ha quedado registrado como una marca indeleble en los sedimentos lacustres.

En el hemisferio norte se considera que el punto de inflexión del impacto humano global ocurrió alrededor de 1950, pero los datos en Chile sugieren una cronología distinta.

“Lo que hemos estado viendo acá en Sudamérica es que ese (punto) es posiblemente muy posterior”, señala Claudio Latorre, investigador UC tras este estudio. “Probablemente fue algo que ocurrió mucho más reciente, entre los 80 y los 90… realmente empezamos a ver una alteración significativa del paisaje comparando con una línea base anterior. Esto es un reflejo de un cambio fundamental en la intensificación del uso del suelo producto de políticas públicas. Por ejemplo, la llamada ‘Ley de Bosque’ que subsidió el fomento de plantaciones forestales en la década de los 80”.

“Hay una normalización de la transformación del paisaje que es netamente inducida por humanos”, advierte Latorre, señalando que lo que hoy vemos como “normal” es, en realidad, un ecosistema ya profundamente alterado.

Ciencia de frontera para la restauración

El estudio emplea técnicas de vanguardia, como el análisis de ADN antiguo en los sedimentos, para observar cómo han cambiado las comunidades de microorganismos a lo largo de los siglos. Esto permite distinguir entre la variabilidad climática natural y la “huella humana”.

“La integración del ADN antiguo con la geoquímica en los sedimentos lacustres permite vincular los cambios ocurridos en la cuenca con la respuesta biológica de los lagos. La geoquímica nos permite identificar los aportes de nutrientes y sedimentos provenientes desde la cuenca, ello se logra a partir de la geoquímica, mientras que el ADN antiguo permite reconstruir las comunidades de  microrganismos que habitaban en los lagos”, explica Magdalena Fuentealba.

Esto “nos permite entender cómo las actividades humanas, como la minería o la agricultura, han transformado su funcionamiento en escalas temporales mayores a las del registro instrumental y en aquellos lugares donde no existe monitoreo”.

El objetivo final de la investigación no es solo documentar el daño, sino proporcionar las herramientas necesarias para la recuperación. “Es la llave para tratar de generar una restauración”, afirma Latorre. “Yo creo que eso va a ser la pega de la generación futura: realmente tratar de empezar a arreglar la embarrada que está quedando”.

A medida que Chile avanza en la explotación de recursos estratégicos como el litio en el Salar de Maricunga, estos registros sedimentarios servirán como el único testigo objetivo para medir si las promesas de una industria “verde” son compatibles con la preservación de los ecosistemas más frágiles del planeta.

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