Después del Día de la Actividad Física: cuando todo vuelve a ser igual

Sebastián Espoz Lazo
Académico Facultad de Educación UC
16 de Abril de 2026
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El pasado 6 de abril, se conmemoró el Día Mundial de la Actividad Física. Como cada año, en distintos espacios del país se organizaron actividades: colegios promoviendo el movimiento, universidades realizando reflexiones, congresos y jornadas recreativas, instituciones públicas impulsando reconocimientos. Durante unas horas o, en el mejor de los casos, algunos días, el movimiento se instala en el centro de la conversación. Sin embargo, al día siguiente, todo sigue igual.
Volvemos a las mismas rutinas y a cifras que se repiten año tras año. Más de la mitad de la población en Chile es sedentaria, y en niños y adolescentes la situación es aún más crítica. El problema no es la falta de diagnóstico ni de buenas intenciones, sino la incapacidad de generar transformaciones estructurales en la forma en que la sociedad se relaciona con el movimiento.
Así, el Día de la Actividad Física corre el riesgo de convertirse en un gesto simbólico sin impacto real. Visibiliza el problema, pero no logra sostener cambios en el tiempo. Una de las razones de fondo es que Chile aún no cuenta con un campo robusto, articulado y regulado en torno a las ciencias del deporte y la actividad física.
Hoy intervienen múltiples profesionales como médicos, kinesiólogos, profesores de educación física, preparadores físicos, entrenadores e incluso “influencers”, todos con aportes relevantes, pero en un espacio difuso, sin claridad suficiente en competencias, límites ni formas de colaboración. El resultado es una paradoja: sabemos cada vez más sobre el cuerpo y la salud, pero actuamos de manera fragmentada.
No es que falten especialistas; falta un sistema que ordene ese conocimiento y lo traduzca en soluciones integradas. Esta ausencia de regulación impacta directamente en la calidad de las intervenciones y en la efectividad de las políticas públicas.
La ley que promueve 60 minutos diarios de actividad física en las escuelas es un avance, pero su implementación no puede depender solo de esfuerzos aislados. Requiere un ecosistema profesional y científico capaz de sostenerla en el tiempo, y ese ecosistema hoy no está suficientemente desarrollado ni regulado.
Fortalecer el campo de las Ciencias del Deporte en Chile implica reconocerlas como un área estratégica, establecer estándares formativos, delimitar competencias y promover una verdadera articulación interdisciplinaria. No se trata de separar, sino de integrar con coherencia. Porque, si no abordamos este problema de fondo, seguiremos en lo mismo: un día al año en que hablamos de actividad física y 364 en que el sedentarismo avanza.
El desafío no es solo promover el movimiento. Es construir las condiciones para que ese movimiento tenga continuidad e impacto real. De lo contrario, todo seguirá siendo, simplemente, un día.