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Regular para educar: una mirada pedagógica a la ley de celulares

Magdalena Claro

Académica Educación UC, directora del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación, CEPPE UC

16 de Abril de 2026

2 MINUTOS DE LECTURA

La discusión sobre el uso de celulares en las escuelas se ha instalado con fuerza en Chile, y la reciente ley que busca regular su uso refleja una preocupación compartida por docentes, familias y comunidades educativas. Distracción, conflictos de convivencia y malestar socioemocional son inquietudes reales y atendibles. En ese contexto, avanzar hacia una regulación puede parecer una respuesta necesaria. La clave, sin embargo, está en cómo la entendemos y la implementamos.

Porque prohibir, por sí solo, no educa. A lo sumo, ordena el corto plazo y posterga un desafío mayor.

Los celulares forman parte del mundo en el que hoy crecen niños, niñas y adolescentes. Son herramientas cotidianas de comunicación, información y socialización. Pretender que queden completamente fuera de la experiencia escolar es desconocer esa realidad. Del mismo modo, convertir a escuelas y docentes en fiscalizadores permanentes de una norma, revisando mochilas o sancionando incumplimientos, corre el riesgo de tensionar el clima escolar y desplazar el foco desde el aprendizaje hacia el control.

La buena noticia es que esta ley también puede leerse como una oportunidad si se articula con una apuesta clara por la educación en ciudadanía digital. Educar en ciudadanía digital no es solo advertir sobre los riesgos de internet, sino formar criterio: aprender a evaluar información, comprender cómo funcionan las plataformas, cuidar la privacidad, relacionarse con respeto y participar de manera responsable en entornos digitales. Es preparar para la vida.

Desde esta mirada, la ley puede ser un punto de partida valioso si va acompañada de orientaciones pedagógicas, formación docente y espacios de diálogo en las comunidades educativas. Una política bien diseñada no se limita a decir qué no hacer, sino que ayuda a modelar usos positivos de la tecnología al servicio del aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral.

En definitiva, la ley interpela la capacidad del sistema educativo para preparar de manera pertinente a las nuevas generaciones para un mundo digital que ya es parte de su vida cotidiana. El desafío no es administrar un dispositivo, sino construir las condiciones pedagógicas, institucionales y formativas para que niños, niñas y adolescentes desarrollen criterio, responsabilidad y autonomía en entornos digitales cada vez más complejos.

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