20 de Febrero de 2026
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Entre silbidos y trinos, logra comunicarse con zorzales, chincoles, queltehues y picaflores mientras trabaja en los jardines del campus San Joaquín. En ese entorno no solamente siente la cercanía con las aves sino también el cariño de quienes allí estudian y trabajan.
Por Ana María Bolumburu
Ocurrió la primera vez que saludó a los pájaros en el Campus San Joaquín. José Beltrán Contreras (65 años) recién se incorporaba a su trabajo –muy temprano en la mañana– cuando observó que las aves respondían a sus silbidos con cantos y trinos. Fue el comienzo de una amistad que fue creciendo junto con las migas de pan que les repartía de desayuno.
Hace más de 15 años que don José trabaja en la universidad, al principio en Campus Oriente cuando aún era integrante de una empresa externa de jardinería y más tarde como parte del grupo en San Joaquín.
Le gusta la naturaleza, lo verde, las plantas. En ese entorno se siente feliz, entre zorzales, chincoles, queltehues y picaflores, “me miran desde los árboles, y cuando los saludo se acercan. Como me ven todos los días, ya me conocen”, dice.

No solamente lo reconocen las aves, sino también quienes estudian y trabajan en el campus lo saludan y se le acercan con cariño: ¡Hola canario!, ¿Cómo estás pajarero? “Es porque soy alegre y silbo bonito”, dice con modestia.
Pero esos sonidos habituales también le han jugado alguna mala pasada. En una oportunidad, un grupo de estudiantes que rendía una prueba le llamó la atención: “Si no te callas, te acusaremos a tu jefa ¡Necesitamos concentrarnos!”, cuenta riendo.
Cada mañana, puntualmente a las 6:30 am, llega contento a cambiarse de ropa para iniciar su jornada. “Hay que hacer la pega temprano, antes de que lleguen los estudiantes al parque”. La UC es su casa, aquí trabaja con gusto, aquí están sus amigos, con los que habla de la vida, ríen y bromean, “pero con respeto”, asegura.
También comenta que le gustaría conocer la Casa Central de la universidad, “queda por la Alameda, ¿cierto?, dicen que es chica y que no hay parque como aquí”.

Desde este año, su trabajo se encuentra a la vista en los espacios que preparó para incorporar “Baños de Bosque”, destinados al bienestar y el relajo en medio de la naturaleza, donde se pueden realizar caminatas y actividades guiadas para evitar el estrés y recuperar la calma física y mental.
Esta práctica se implementó en San Joaquín por primera vez en una sede universitaria en Latinoamérica. Allí se instalaron tres espacios en distintos puntos del campus, donde el visitante puede acceder, desde el celular, a una serie de audios que lo guían por distintas experiencias multisensoriales.
¿Qué le pareció esta experiencia? “No he ido todavía, pero me gustaría hacerlo algún día para silbarle a los pájaros”, dice.
Bajo la quietud de los árboles de San Joaquín, don José recuerda su niñez en Yumbel, en la Región del Biobío, junto a sus padres y a cinco hermanos, cuando compartían la vida en el campo, las siembras y cosechas. Dice que era “más o menos para los estudios”, por eso se vino “a buscar pega a Santiago”. Soltero, sin hijos, en la capital vive en calma, sin mayores sobresaltos, con la esperanza de continuar trabajando en la universidad por mucho tiempo.


