29 de Enero de 2026
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Frente a un escenario de cambios regulatorios y presión sobre los modelos tradicionales de financiamiento, el Plan Estratégico UC 2026–2030 impulsa una evolución del modelo económico de la universidad para fortalecer su autonomía, sostenibilidad y capacidad de decisión académica.
Por Equipo Visión Universitaria
Durante el diseño del Plan Estratégico UC 2026–2030, una de las discusiones más complejas —y menos visibles— estuvo lejos de los proyectos específicos, sino en una pregunta estructural: cómo asegurar la autonomía del proyecto universitario en un escenario marcado por cambios regulatorios, transformaciones tecnológicas aceleradas y una creciente presión sobre los modelos tradicionales de financiamiento. La respuesta que propone el plan no es coyuntural ni defensiva, sino una redefinición de fondo del modelo de ingresos de la universidad.
Hoy, la estructura de ingresos de la Universidad Católica presenta una alta concentración en las matrículas de pregrado. Esta dependencia reduce los márgenes de autonomía institucional y expone a la universidad a riesgos externos que no controla plenamente. En ese contexto, el Plan Estratégico UC 2026–2030 asume que avanzar en impacto académico, calidad formativa y compromiso con el país exige, al mismo tiempo, diversificar las fuentes de financiamiento y fortalecer la sostenibilidad económica de largo plazo.
Desde la Vicerrectoría Económica, esta discusión se plantea como una condición habilitante del proyecto universitario. “La autonomía financiera no es un objetivo en sí mismo, sino una condición esencial para que la universidad pueda tomar decisiones académicas con libertad y proyección de largo plazo”, dice María Fernanda Vicuña, vicerrectora económica de la Universidad. “Mantener inalterado el modelo actual implica riesgos crecientes. El plan nos permite anticiparnos a esos riesgos y construir una base financiera más diversificada y sostenible”.
“La autonomía financiera no es un objetivo aislado, sino una condición esencial para que el proyecto universitario pueda desplegarse con consistencia y proyección de largo plazo” .- Fernanda Vicuña, vicerrectora Económica.
El Plan Estratégico UC 2026–2030 no propone simplemente sumar nuevas líneas de ingresos, sino impulsar un cambio cultural en la forma en que la universidad concibe su sostenibilidad. La lógica que orienta esta transformación ha sido sintetizada internamente como la necesidad de que la institución “aprenda a pescar”: desarrollar capacidades propias para generar recursos alineados con su misión académica y su rol público, reduciendo la vulnerabilidad frente a decisiones externas.
En términos agregados, la estrategia apunta a que, hacia el final del período, nuevos mecanismos de financiamiento que surjan en torno al Plan permitan generar un crecimiento adicional cercano al 7% anual, lo que equivaldría a ingresos recurrentes que refuercen la autonomía institucional a partir de la próxima década.
Educación profesional y continua como pilar estructural
El componente más relevante de este nuevo modelo de ingresos es el fortalecimiento de la educación profesional y continua. Lejos de concebirse como una oferta complementaria, esta línea se proyecta como un pilar estructural del modelo económico futuro de la UC, estrechamente vinculado a las capacidades académicas de sus facultades y centros.
La estrategia contempla una expansión y diversificación de programas, una mayor articulación con las unidades académicas y el desarrollo de formatos flexibles —presenciales, híbridos y digitales— que respondan a trayectorias formativas a lo largo de la vida. El foco está puesto en profesionales, técnicos y egresados que requieren actualización permanente en un contexto de cambios tecnológicos y laborales acelerados, tanto en Chile como en el extranjero.
Este enfoque permite, al mismo tiempo, ampliar el impacto social del conocimiento universitario y generar ingresos recurrentes alineados con el proyecto académico. En el diseño del plan, la educación profesional y continua aparece como la principal fuente individual de nuevos ingresos hacia el mediano plazo, reflejando una apuesta por conectar formación avanzada, necesidades del entorno productivo y sostenibilidad financiera.
Filantropía, públicos específicos y vínculo con la sociedad
Un segundo eje relevante del nuevo modelo de financiamiento es el fortalecimiento de la filantropía y de programas orientados a públicos específicos, como adultos mayores y otros segmentos con trayectorias formativas distintas al pregrado tradicional. Esta línea busca consolidar una relación más estratégica con exalumnos, benefactores y la sociedad civil, orientando los aportes privados hacia proyectos con alto impacto académico, cultural y social.
La filantropía deja así de entenderse como un complemento marginal y pasa a integrarse de manera más sistemática al modelo económico de la universidad, reduciendo la dependencia de fuentes volátiles y reforzando la conexión entre misión institucional y financiamiento.
Eficiencia, servicios y sostenibilidad
El modelo se completa con un énfasis transversal en eficiencia y optimización de recursos, orientado a generar ahorros estructurales y liberar capacidades financieras para prioridades estratégicas. A ello se suma el desarrollo de servicios profesionales especializados, vinculados a las capacidades académicas y técnicas de la universidad, como una fuente complementaria de ingresos alineada con su rol público.
En su conjunto, estas líneas —educación profesional y continua, filantropía, programas para públicos específicos, eficiencia y servicios— configuran un modelo de financiamiento más diversificado, menos dependiente del pregrado y mejor preparado para enfrentar los riesgos del statu quo.
“La sostenibilidad financiera es inseparable de la autonomía académica”, subraya la vicerrectora económica. “Diversificar los ingresos es lo que nos permite resguardar nuestra capacidad de decisión, sostener la calidad y avanzar en las transformaciones que el país espera de la universidad”.
Así, el eje económico del Plan Estratégico UC 2026–2030 no busca únicamente equilibrar cifras, sino asegurar que la universidad cuente con las condiciones financieras necesarias para desplegar, en el tiempo, un proyecto académico con impacto real, autonomía y vocación pública.




