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“Dios estuvo conmigo en el cautiverio”: el testimonio de la hermana Gloria Narváez, secuestrada por Al Qaeda

29 de Agosto de 2025

4 MINUTOS DE LECTURA

Gloria Narváez

La religiosa estuvo casi cinco años en cautiverio en África. El único crimen que cometió: ser cristiana. Durante esos años de hambre, tortura y sufrimiento en el desierto, no cedió a la presión de sus secuestradores que le pedían abandonar su fe en favor del islam.

Por Virginia Soto-Aguilar

Con un rostro calmado y una mirada dulce, la religiosa colombiana Gloria Narváez relata las atrocidades que le ocurrieron durante los casi cinco años que estuvo secuestrada por la organización terrorista Al Qaeda. Su voz apenas se quiebra cuando cuenta que pasaba días encadenada a un árbol con apenas un poco de agua o que, para castigarla por intentar huir, la arrastraban con una camioneta por el suelo. Con un rostro calmado y una mirada dulce, la religiosa colombiana Gloria Narváez relata las atrocidades que le ocurrieron durante los casi cinco años que estuvo secuestrada por la organización terrorista Al Qaeda. Su voz apenas se quiebra cuando cuenta que pasaba días encadenada a un árbol con apenas un poco de agua o que, para castigarla por intentar huir, la arrastraban con una camioneta por el suelo.

Su relato, a pesar de las horribles imágenes de tortura, no transmite un dolor desgarrador, sino que la paz que embarga a esta religiosa que asegura haberse sanado gracias a que ha podido compartir la experiencia que vivió y gracias al amor de Dios.

Su testimonio lo entregó en una actividad organizada por la Pastoral UC, con la colaboración de la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, que busca visibilizar el drama de los cristianos perseguidos en el mundo.

Las palabras de la religiosa de la congregación de las Franciscanas de María Inmaculada fueron escuchadas por jóvenes universitarios que repletaron el auditorio de la Pastoral UC en campus San Joaquín.

Se sacrificó para defender a otras religiosas

“Estuve cuatro años y ocho meses secuestrada. Fue una experiencia muy fuerte, pero también de mucha oración. Dios me dio la fuerza y el valor para resistir”, comienza relatando la hermana Gloria.

Originaria de Colombia, llegó a Mali en 2014 como parte de su labor misionera, trabajando en comunidades rurales, atendiendo centros de salud, formando mujeres y acompañando a los más pobres. “Fui a servir, a enseñar a leer, a cuidar niños, a consolar enfermos”, afirma.

En febrero de 2017 fue secuestrada por un grupo yihadista vinculado a Al Qaeda. Ellos pretendían llevarse a una religiosa, y ella se ofreció para evitar que secuestraran a otras que eran más jóvenes.

Fue apartada bruscamente de su comunidad, obligada a caminar largas distancias por el desierto, y vivió en condiciones extremas, con escasa alimentación, sin acceso a medicinas y sometida al rigor del clima. Sin embargo, nunca perdió su conexión interior. “Rezaba el rosario todos los días, meditaba las escrituras y sentía que no estaba sola. Dios estaba conmigo. Me sostenía”, dice. “Una vez les pedí una Biblia, pero no me la dieron. Entonces la leía en mi memoria, en el corazón”.

“El ayuno más doloroso”

“Aprendí a vivir el momento presente. A confiar, a esperar sin desesperar. Porque Dios no falla”, señala. A pesar del sufrimiento, la hermana Gloria no expresa rencor. Al contrario, su mensaje es de compasión y perdón. “Perdoné a mis captores. El odio enferma el alma. El perdón me liberó. Si yo no perdonaba, seguía siendo prisionera por dentro”, explica con profundidad.

En su cautiverio, su fe fue su única defensa. “Un Ave María era como una coraza que alejaba al enemigo”, relata. No pudo comulgar durante años, lo que definió como “el ayuno más doloroso”, pero encontraba consuelo en la naturaleza. “Miraba el sol, la luna y hacía mi comunión espiritual hasta diez veces al día”.

Al narrar el momento de su liberación, ocurrida en octubre de 2021 luego de largas gestiones diplomáticas, expresa: “Cuando me dijeron que estaba libre, no lo podía creer. Dije gracias a Dios, a mi comunidad, a todos los que rezaron por mí. Nunca estuve sola”

Su sentido mensaje

La hermana Gloria ingresó a la vida religiosa a los 18 años. Desde entonces ha servido en comunidades de Colombia, Ecuador y África. En todas ha trabajado desde una espiritualidad sencilla y profundamente encarnada. “Ser religiosa no me ha quitado nada, me lo ha dado todo. He sido muy feliz, incluso en medio del dolor”, afirma.

En su relato hay una invitación constante a vivir con sentido: “Dense la oportunidad de escucharse. Nunca encadenen a nadie. Nunca tengan palabras armadas. Que nuestras palabras sean de amor y de bondad para todos nuestros hermanos”.

Al finalizar su exposición, muchos estudiantes se acercan a saludarla o simplemente a agradecer. Otros le piden una bendición, una foto o la abrazan conmovidos. La hermana Gloria recibe cada gesto acogedoramente.

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