6 de Octubre de 2026
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Abel Wajnerman, académico del Instituto de Éticas Aplicadas UC, plantea en su premiado libro "Pensamiento a la intemperie" cómo estas tecnologías podrían acceder a información cada vez más íntima de la mente humana y exponer nuestros pensamientos al mundo. Ante esto, advierte la necesidad de anticipar las implicancias éticas y legales de este desarrollo.
Por Josefina Lira
La neurociencia y la neurotecnología podrían “desnudar” nuestra mente y sacar los pensamientos del “castillo del cerebro” para exponerlos al mundo. Esto es lo que plantea Abel Wajnerman Paz, docente del Instituto de Éticas Aplicadas UC, en su libro “Pensamiento a la intemperie: ¿Qué entendemos por neuroética y de qué manera incide en nuestras vidas?”, publicado por la Editorial La Pollera.
El académico fue recientemente distinguido por el Centro de Comunicación de las Ciencias y Ediciones Autónoma, con el Premio Cultura Científica 2026 en la categoría “Libro de divulgación científica para adultos” por su obra.
En el libro aborda cómo el avance exponencial de la neurociencia y las neurotecnologías está derribando las barreras de privacidad más íntimas del ser humano: las paredes del propio cerebro.
Tecnologías que podrían derribar las paredes del cerebro
Las neurotecnologías son aquellas que interactúan directamente con el sistema nervioso y tienen distintas aplicaciones. Por una parte, están aquellas que permiten modificar la actividad cerebral (y los estados mentales con los que está asociada) mediante estimulación eléctrica o magnética del cerebro, como es el caso de la Estimulación Transcraneal por Corriente Directa.
También existen tecnologías ampliamente conocidas, como la resonancia magnética funcional o la tomografía por emisión de positrones (PET), que podrían potencialmente llegar a “leer la mente”, al recoger información sobre la actividad cerebral e inferir a partir de ella información acerca de los estados mentales. Todas estas tecnologías se utilizan desde hace años en el ámbito médico para comprender y diagnosticar problemas neurológicos o psiquiátricos.
Sin embargo, estos desarrollos han comenzado a trascender el ámbito médico y a incorporarse a lo que se conoce como tecnologías del bienestar.
“Lo más problemático son las tecnologías que utilizan procedimientos que existen hace muchos años, como el encefalograma, pero que ahora se aplican en ámbitos educativos o laborales para monitorear marcadores de desempeño”, explica el académico.
Un ejemplo, destaca el experto, son aquellas que utilizan neurofeedback, una técnica que emplea señales de la actividad cerebral para entregar retroalimentación en tiempo real. Estas herramientas pueden monitorear aspectos como el cansancio, la concentración o la ansiedad, para que educadores o empleadores puedan optimizar el desempeño de estudiantes y trabajadores.
“El problema es que, cuando hablamos de tecnología del bienestar o no clínica, ya no se busca recuperar una funcionalidad o un estado de salud, sino algo más (como mejorar el desempeño educativo o laboral), y ahí surge la pregunta de cuáles son los límites. Hay preocupaciones relacionadas con la privacidad y, sobre todo, con la aplicación de estas tecnologías en niños, jóvenes, adolescentes y otras personas vulnerables, cuyos datos podrían quedar al alcance de profesores, familias, empleadores o incluso gobiernos, con fines que no están adecuadamente definidos o constreñidos” – Abel Wajnerman Paz, académico UC.
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“El problema es que, cuando hablamos de tecnología del bienestar o no clínica, ya no se busca recuperar una funcionalidad o un estado de salud, sino algo más (como mejorar el desempeño educativo o laboral), y ahí surge la pregunta de cuáles son los límites. Hay preocupaciones relacionadas con la privacidad y, sobre todo, con la aplicación de estas tecnologías en niños, jóvenes, adolescentes y otras personas vulnerables, cuyos datos podrían quedar al alcance de profesores, familias, empleadores o incluso gobiernos, con fines que no están adecuadamente definidos o constreñidos”, recalca.
De la ficción a la realidad
Estos sistemas hoy entregan información más “gruesa”, como el estado de concentración o ansiedad. Aún no existen tecnologías que “desnuden” los pensamientos, pero ya se desarrollan soluciones que podrían avanzar hacia una interpretación cada vez más precisa de la actividad cerebral.
Un ejemplo de lo anterior son las “brain-computer interfaces” (BCIs), o interfaces cerebro-computador, diseñadas para restaurar la capacidad de comunicación de personas que no pueden hablar (Speech-BCIs). Estas permiten que las personas puedan comunicarse convirtiendo las señales eléctricas del cerebro en texto o audio.
“Estas tecnologías se están desarrollando principalmente en el ámbito médico para personas que, debido a una parálisis, no pueden comunicarse ni siquiera mediante señas u otro medio físico, pero conservan la capacidad de pensar y son conscientes. A partir de la interpretación de la actividad cerebral, permiten generar mensajes para que puedan comunicarse. Sin embargo, muchos desarrolladores proyectan que, en el futuro, podrían utilizarse fuera del ámbito médico e integrarse a dispositivos como celulares y computadores, transformando la manera en que interactuamos con la tecnología digital”, comenta el académico.
Esta posible expansión también plantea interrogantes respecto del acceso a la información cerebral. “Eso sí puede ser algo muy disruptivo y transformador. No necesariamente en un sentido negativo, pero sí puede generar alertas por el tipo de información a la que eventualmente podrían acceder las empresas u otras entidades que tengan acceso a nuestros datos sobre la actividad cerebral“, agrega.
La IA como punto de partida
Aunque este fenómeno pueda sonar sacado de una película de ciencia ficción, no es algo que ocurra exclusivamente en guiones de Hollywood. El académico asegura que la neurotecnología podría llegar a profundizar una situación que ya se está desarrollando con las plataformas digitales.
“A través del análisis algorítmico de datos sobre nuestro comportamiento en las plataformas digitales y redes sociales, es posible construir perfiles psicológicos que entregan información sobre nuestra salud, estados emocionales, preferencias y otros aspectos personales e íntimos, y que pueden utilizarse para tomar decisiones sobre nosotros. Lo que agregaría la neurotecnología es una capa de mayor precisión y granularidad en el acceso a este tipo de información” – Abel Wajnerman Paz, académico UC.
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“A través del análisis algorítmico de datos sobre nuestro comportamiento en las plataformas digitales y redes sociales, es posible construir perfiles psicológicos que entregan información sobre nuestra salud, estados emocionales, preferencias y otros aspectos personales e íntimos, y que pueden utilizarse para tomar decisiones sobre nosotros. Lo que agregaría la neurotecnología es una capa de mayor precisión y granularidad en el acceso a este tipo de información”, afirma el experto.
La importancia de la reflexión
La inteligencia artificial en un par de años se convirtió en algo indispensable y ha logrado permear desde el mundo laboral hasta el uso cotidiano. Lo mismo va a pasar eventualmente con la neurotecnología; la pregunta es cuándo. Por eso, insiste el experto, es importante anticipar la reflexión ética y legal.
“La neurotecnología ofrece una ventana de oportunidad única: como todavía no está completamente incorporada a nuestra sociedad, podemos reflexionar sobre sus implicancias antes de que sea demasiado tarde. El desafío es encontrar un punto medio: no anticiparnos a algo que todavía no conocemos y cuyo impacto es incierto, pero tampoco esperar a que esté completamente desarrollado para recién entonces actuar, porque podría ser mucho más difícil regularlo”, comenta Abel Wajnerman Paz.


