1 de Septiembre de 2026
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El académico Eduardo Valenzuela, del Instituto de Sociología UC, analizó los cambios religiosos en el país, a partir de la Encuesta Bicentenario. Los datos muestran que, aunque cada vez más desinstitucionalizada, persiste una espiritualidad activa entre los chilenos. "Nuestro catolicismo es muy cultural y es poco congregacional, hay poca religiosidad de templo", plantea.
Por Virginia Soto-Aguilar | Fotografías: César Dellepiane y Karina Fuenzalida
Distintos datos muestran que cada vez menos chilenos se identifican con la religión católica. Sin embargo, bajo esas cifras hay una realidad más compleja y una particular forma de religiosidad que se manifiesta en los chilenos.
Esto es lo que busca descifrar una investigación de Eduardo Valenzuela, académico de Sociología UC e integrante de la Escuela de Gobierno, quien analizó los cambios que ha experimentado la religiosidad en Chile, a partir de los resultados acumulados de la Encuesta Bicentenario entre 2006 y 2025. El estudio examina dos décadas de transformaciones en las creencias, prácticas y formas de pertenencia religiosa de los chilenos.
Uno de los hallazgos más relevantes es el marcado descenso de la identificación con el catolicismo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. En efecto, entre los jóvenes de 18 a 34 años, un 51% declara no identificarse con ninguna religión.
Según explicó el investigador, el fenómeno no puede entenderse únicamente por acontecimientos recientes, sino por cambios de largo plazo vinculados a la transmisión intergeneracional de la fe. “La identificación que hace una persona con la religión católica cae, como se aprecia, fuertemente en la generación más joven. Pero, además, está lo que se llama el efecto cohorte: Cada generación entra con menos religión, al menos, menos catolicismo que la anterior”, indica el académico.
El análisis muestra que la desafiliación religiosa avanza principalmente porque cada nueva generación comienza desde niveles más bajos de identificación religiosa que la precedente. A juicio del académico, esto revela dificultades crecientes para transmitir la fe dentro de las familias.
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Valenzuela sostiene que este proceso comenzó antes de la crisis de abusos en la Iglesia y responde principalmente a dinámicas de secularización y recambio generacional: “El grueso del problema de la desafiliación no tiene que ver con la crisis de los abusos sexuales, que algún efecto ha tenido, sino más bien con efectos de recambio generacional, de transmisión intergeneracional. La secularización avanza de esta manera”.
Sin embargo, el investigador explica que la pérdida de pertenencia institucional no implica necesariamente una desaparición de las creencias religiosas. Por el contrario, las evidencias muestran que muchas personas mantienen prácticas espirituales aun cuando ya no participan regularmente en la vida eclesial.
Templos vacíos, santuarios llenos
En este contexto surge uno de los conceptos centrales del estudio: “templos vacíos, santuarios llenos”, una expresión que busca describir la particular forma que adopta la religiosidad chilena.
Los datos muestran que solo un 14% de los católicos asiste semanalmente a misa, una cifra considerablemente baja en comparación con otros contextos internacionales. Al mismo tiempo, la práctica de la oración personal sigue teniendo una presencia significativa en la vida de las personas.
“La asistencia semanal a la Iglesia es baja: 14%. Uno de cada ocho católicos más o menos va a cumplir con la Iglesia. Es una tasa baja en comparación con otros países. El catolicismo nuestro es muy cultural y es poco congregacional. Hay poca religiosidad de templo entre nosotros”, recalca el sociólogo.

Paradójicamente, mientras disminuye la asistencia regular a las celebraciones religiosas, la oración cotidiana mantiene altos niveles de adhesión. De acuerdo con los datos expuestos por Valenzuela, un 42% de los católicos reza al menos una vez al día, cifra que revela la persistencia de una espiritualidad activa.
“Tenemos oración diaria, un 42% reza al menos una vez todos los días. Para que vean que hay poca asistencia a la misa dominical, pero mucha oración fuera del templo. A eso apunta esta fórmula: los santuarios están llenos”, indica el profesor.
Según el académico UC, este patrón responde a una historia religiosa distinta a la de Europa o Estados Unidos. Mientras en esos contextos gran parte de la experiencia religiosa se concentra en la asistencia al templo, en Chile la religiosidad ha estado históricamente vinculada a expresiones de devoción popular, peregrinaciones, santuarios y prácticas personales de oración.

Se cree, pero no se pertenece
La investigación también muestra que muchas personas que ya no se identifican con una religión continúan sosteniendo creencias tradicionalmente cristianas.
“La generación que va perdiendo identidad religiosa vive, sin embargo, en un entorno donde hay religión, en una casa donde hay religión, donde los padres tienen religión. Eso genera un fenómeno que se llama ‘believing without belonging’. Se cree, pero no se pertenece”, señala el académico.
El estudio de Eduardo Valenzuela busca explicar estas transformaciones desde una perspectiva histórica y sociológica, ofreciendo una mirada amplia sobre el presente y el futuro de la religión en Chile. Más allá de la disminución de la participación en las iglesias, su investigación plantea que la experiencia religiosa sigue vigente, aunque cada vez más desinstitucionalizada y expresada a través de formas diversas de espiritualidad y devoción personal.




