24 de Abril de 2026
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En su libro "La Olla Común", el académico aporta una mirada cualitativa a un debate que suele ser técnico. Ahonda en la percepción de los chilenos sobre la tributación y el rol que juegan los impuestos en la formación de ciudadanía. “Chile es una sociedad muy marcada por quiénes somos como compradores (...) En el caso de la contribución, no es una relación de compraventa. Pagar impuestos nos inscribe en una red de reciprocidad", plantea.
Por Tomás Herrera
Los impuestos son un tema que se discute cíclicamente en Chile: cuando se vota la Ley de Presupuesto, durante las campañas presidenciales o al instalarse una nueva administración. Si bien este gravamen está siempre presente –en cada compra del día a día–, y se ha avanzado en transparencia y disponibilidad de la información, la tributación sigue siendo un tema abstracto para muchos chilenos.
Esta falta de consciencia tributaria en el país es uno de los temas centrales que se analiza en el libro “La Olla Común: un estudio sobre los impuestos y la ciudadanía” del profesor del Instituto de Sociología UC, Jorge Atria, que acaba de ser publicado.
El texto busca poner en contexto la discusión sobre la tributación en Chile y aportar a un debate que –como explica su autor– muchas veces se aborda únicamente desde sus dimensiones técnicas, dejando de lado una mirada más sociológica y cualitativa sobre el rol que juegan los impuestos en la consolidación del lazo entre la ciudadanía y el Estado.
Desde la imagen de una olla común, el libro entrega herramientas, datos y evidencia acerca de lo que los ciudadanos entienden y desconocen sobre los impuestos, y cuál es la verdadera importancia de preservar, nutrir y cuidar este lazo fiscal.
“No toda la gente quiere pagar menos impuestos”
-¿Cómo surgió este libro?
En el marco de un proyecto, quise entender cómo era la cultura tributaria en Chile: cómo es la relación con los impuestos y cómo se perciben en el día a día. Hay investigaciones parecidas en España, Alemania o Estados Unidos y algunas encuestas en América Latina, pero no hay tantos estudios sistemáticos sobre los impuestos en términos de percepción, creencias y comportamiento.
Me enfoqué en particular en la consciencia tributaria, esto es, el conocimiento sobre impuestos y moral tributaria. Con este enfoque se realizó un gran trabajo de encuesta a nivel nacional y se aprovechó el trabajo de “Diálogos Tributarios” que se creó en el proceso de Reforma Tributaria del Ministerio de Hacienda en 2022. Eso dio lugar a material cualitativo inédito en Chile. Participaron personas que sabían y que no sabían de impuestos, de distintas regiones. De ahí, me parecía que había material para hacer un libro donde se ofrecieran esos resultados y se generara una reflexión mayor a partir de estos.
-¿Cuál fue la hipótesis previa al estudio y lo que descubriste al terminar la investigación?
Uno puede tener la idea de que en Chile el nivel de información tributaria es bien bajo. Hay antecedentes de eso: por ejemplo, en la Encuesta Bicentenario UC se incorporó un módulo tributario que da cuenta de una baja consciencia y conocimiento tributario. Pero más allá de esa evidencia, creo que existe la idea de que en Chile hay una mirada muy negativa sobre los impuestos y el Estado.
Y al mirar los datos hay matices: claro que existe una mirada negativa, pero un porcentaje relevante de chilenos ve el pago de impuestos como un aporte al bien común y como una necesidad para el financiamiento del Estado o una forma de apoyo a los que tienen menos.
Asimismo, respecto al Estado, hay poca disposición a pagar más impuestos y una crítica muy grande a la ineficiencia. Pero no toda la gente quiere pagar menos; incluso hay quienes estarían dispuestos a pagar más, si así se mejoraran ciertos servicios. Esta evidencia ayuda a disputar la idea de que todo el mundo está necesariamente en contra de los impuestos o que todos opinamos lo mismo.

En Chile hay más consciencia de consumidor que de contribuyente
-En algunas entrevistas comentas cómo en otros países existe una fuerte consciencia contribuyente, pero en Chile existe más una consciencia de consumidor. ¿Qué explica esta diferencia y cómo se ve reflejada a la hora de considerar los impuestos?
Esta consciencia tributaria está ligada fuertemente a la formación del Estado en Chile, proceso que difiere al de otros países del hemisferio norte. En esta historia hay una relación más distante con el Estado, en donde no todas las personas se sienten parte e incorporadas a este desde su inicio. Hoy esto ha cambiado: existen otras formas, existen políticas públicas más amplias, oportunidades sociales distintas. Pero creo que esa historia influye y el sistema tributario ha reflejado esas diferencias de pertenencia, de acceso.
Por otro lado, Chile es una sociedad muy marcada por la lógica del mercado, por quiénes somos como compradores. Está la idea de que yo tengo un derecho a ciertas cosas y a reclamar por ellas en la medida en que pague por ellas. La idea de contribuyente, en tanto, se ha incorporado muy poco.
Hay varias razones y el libro las analiza: por ejemplo, el hecho de que en Chile pagar IVA no necesariamente se entienda como ser contribuyente. El IVA era un impuesto invisible que recién en los últimos años empieza a aparecer en los vouchers electrónicos. Creo que eso, con un conjunto de otras cosas, hace más fácil para las chilenas y los chilenos identificarse como consumidores más que contribuyentes que apoyan y financian el Estado todos los días y que, por tanto, tienen derecho a exigir y hacer ver ciertas cosas que no les parecen.
“Tributar no es una relación de compraventa; nos inscribe en una red de reciprocidad”
-Parece haber una tensión entre esos modos de exigir nuestros derechos como consumidor o contribuyente, en la medida en que ambas están cruzadas por esta lógica contractual de dar para recibir
La lógica de intercambio de una cosa por otra es parte de las relaciones modernas con el Estado. El lazo fiscal se nutre de expectativas y cuando se pagan impuestos también se espera retribución. No es posible pensar el pago de impuestos sin ella. Pero, a diferencia del consumo, las personas tenemos una comprensión mucho menos activa de qué nos faculta al ser contribuyentes y cómo podemos ejercer nuestra ciudadanía para que el Estado sea distinto. Creo que hay una visión un poco pasiva que tenemos los ciudadanos de pensar que no hay información cuando sí la hay realmente, o de no organizarse cuando en realidad la acción ciudadana puede influir en que el Estado funcione mejor; y, en cambio, se ve una disposición mucho más proactiva respecto a ser consumidor.
En el caso de la contribución no es una relación de compraventa. Pagar impuestos nos inscribe a pasar a ser parte de una red de reciprocidad, donde uno aporta y no obtiene necesariamente ni exactamente lo mismo que uno pagó, ni tampoco lo obtiene inmediatamente de vuelta. Uno se inscribe en una red de reciprocidad donde sabes que, en algún momento cuando lo necesitas, se cubrirán ciertos gastos en salud, en educación, en la construcción de una carretera. Y si eso funciona mal, tú puedes hacer ver que hay una decepción y que el Estado debe tratar de responder a eso.

Que la discusión tributaria sea siempre acalorada, no ayuda a formar esta consciencia
-Eso tiene mucho que ver con el manejo de las expectativas que significan ese lazo, ¿cómo evalúas la tarea que hace el mundo político para conservarlo o protegerlo?
En todo el mundo la política funciona con una inmediatez y donde impera la forma por sobre el fondo. Sobre todo en contextos de campaña que hacen esta tarea más difícil, tanto para que la ciudadanía entienda y tenga el tiempo y estén las condiciones para discutir de forma profunda. Entonces, es parte del juego de la política que la discusión de impuestos sea siempre muy acalorada en contextos de reforma y como una manera de expresar visiones de sociedad.
Ahora bien, cuando uno mira la experiencia de otros países, hay políticas públicas e incorporadas en los Estados que se juegan en un nivel distinto a la política cotidiana y que ayudan a la formación de consciencia de la importancia del pago de impuestos y de lo relevante que es el rol de los contribuyentes. Hay iniciativas de educación y cultura tributaria que van desde programas de radio, podcasts, museos que muestran el orgullo tributario, iniciativas parecidas a las de patrimonio que nos recuerda nuestra historia, arquitectura y patrimonio cultural, por ejemplo.
Todo esto se trabaja de distintas maneras y es un desafío que, si bien, no es tanto para la política cotidiana, esta sí puede ayudar a mejorar la situación.
-En Chile hay altos grados de trasparencia y digitalización en el pago de impuestos, a diferencia de otros países. Esto hace que con un par de clicks se pueda tener ya una propuesta y saber si hay o no que pagar impuestos. ¿Qué impacto tiene eso sobre nuestra relación con los impuestos?
El pago de impuestos siempre es un tema técnico complicado. En Chile esto funciona bien y que sea una tarea facilitada diría que es bueno. Es un logro de nuestra administración tributaria y el Estado chileno haber convertido al Servicio de Impuestos Internos en un pionero de la modernización. Ese es un flanco que está bien cubierto, pero donde hay trabajo que hacer es en educación tributaria y consciencia contribuyente. Es algo que puede verse en términos curriculares, pero también información para el ciudadano como es, por ejemplo, el mensaje de informarse antes de votar o estudiar las leyes del tránsito para sacar un carnet de manejo.
Hay mucho por explorar, porque sabemos que especialmente en Chile hay una desconfianza profunda en las instituciones. Esto nos lleva rápido a la pregunta de cómo hacemos que nuestra ciudadanía sea más activa y qué se puede hacer para revertir esos niveles de desconfianza y desafección.

El lazo fiscal preserva la relación de la ciudadanía con el Estado
-Y que esto nos lleva también a pensar cómo se puede lidiar con la complejidad y los tecnicismos que implica la tributación…
Pero pese a esa complejidad, se puede hacer ver más cercano. Pongo el ejemplo del consulado de Suecia, donde los impuestos son mucho más altos, pero donde se incentiva esa consciencia tributaria y se da cuenta de lo importante que es el pago de los impuestos. Eso permite tener otro tipo de discusiones frente al financiamiento de políticas públicas, frente al rol que tiene el Estado.
No todos los países tienen que ser como Suecia, pero sí tener consciencia de que esta entidad que organiza los recursos comunes puede beneficiada cuando tienes una consciencia mayor sobre lo que uno hace y lo importante que es tu aporte.
-Que es la idea de nutrir ese lazo fiscal, que sea una institución que se cuide y se preserve…
Claro, lo que se preserva es la relación de la ciudadanía con el Estado. Una relación que, además, hoy en día tiene poco para nutrirse. Cuando uno piensa en las relaciones cotidianas entre Estado y ciudadanía, los grupos más pobres y vulnerables tienen una relación más frecuente, a través de subsidios, beneficios, hay que ir a tales y cuales servicios del Estado. Pero en otros grupos de la sociedad es más escaso, por el tamaño del Estado que tenemos y por las formas en las que funcionan nuestras políticas públicas, que es más focalizada y que casi llega a la clase media, pero que no cubre a toda la sociedad.
Entonces, los impuestos son uno de los pocos vínculos que cubre a toda la ciudadanía con el Estado. Te toque o no pagar algo en tu declaración, igual todos los días al comprar estás pagando impuestos, entonces ese vínculo es uno de los escasos vínculos que quedan, junto con respetar las leyes, votar. Las formas tradicionales —como era antes el servicio militar, por ejemplo— de vinculación entre ciudadanía y Estado quedan pocas y esto es lo que le da una gran importancia y centralidad al tema de la tributación.



