27 de Octubre de 2026
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El programa chileno Nova-IA, impulsado por Corfo y ejecutado por Dictuc, combina ciencia y nuevas tecnologías para transformar pérdidas alimentarias y subproductos en nuevos ingredientes para el consumo humano.
Por Nicolás Cabeza
Cerca de un tercio de todos los alimentos que se producen en el mundo para el consumo humano se pierde o se desperdicia. Un 13% se pierde entre la cosecha y la distribución, en etapas como el transporte, almacenamiento y procesamiento (según datos de la FAO de 2023); y otro 19% se desperdicia en el comercio, restaurantes y en los hogares (PNUMA 2022).
Aprovechar mejor los recursos alimentarios es clave, sobre todo en un contexto de cambio climático. Cuando se pierde o desperdician alimentos, también se desaprovechan el agua, la energía y el trabajo empleados en producirlo.
En este escenario, el programa Nova-IA –impulsado por Corfo y ejecutado por Dictuc– estudia la composición de las pérdidas alimentarias y los subproductos que se generan al procesar los alimentos –como cáscaras, semillas y orujos, que pueden conservar fibra, proteínas o compuestos bioactivos– para descubrir cómo aprovecharlos para desarrollar nuevos ingredientes. Este proceso de valorización se conoce como upcycling alimentario.
“Durante los procesos productivos y a lo largo de la cadena alimentaria se generan pérdidas y subproductos que aún contienen componentes valiosos. En Nova-IA combinamos ciencia e inteligencia artificial para aprovechar ese potencial y transformarlos en nuevos ingredientes y productos, promoviendo un uso más eficiente de los recursos alimentarios, con calidad y seguridad”, explica Pedro Bouchon, académico de Ingeniería UC y director de Nova-IA.
La iniciativa reúne a la academia, el sector público y las empresas en torno a tres pilares: aprovechar las pérdidas alimentarias, mejorar los procesos productivos y comprender el mercado y las preferencias de los consumidores.

La IA analiza la composición orgánica y orienta posibles usos
La inteligencia artificial permite relacionar la composición orgánica de un material con sus posibles usos y priorizar las opciones más prometedoras, que luego se prueban en el laboratorio. Por ejemplo, si un descarte es rico en fibra, puede ayudar a identificar en qué productos podría incorporarse.
En este trabajo participa el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA), que pone estas herramientas al servicio de la investigación alimentaria y de los desafíos de la industria.
“La inteligencia artificial puede ayudarnos a analizar información, identificar patrones y orientar la investigación sobre pérdidas alimentarias. Al conectar estas herramientas con la ciencia de los alimentos y el conocimiento de la industria, podemos explorar formas de recuperar y apoyar decisiones sobre su aprovechamiento”, explica Rodrigo Durán, gerente de CENIA.
Con ciencia y tecnología, lo que hoy queda fuera de la cadena alimentaria puede convertirse en nuevos ingredientes de calidad y en una oportunidad para que Chile se posicione como referente internacional en la valorización de alimentos.



