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¿Cuánto cuesta tener un hijo en Chile? Estudio de Clapes UC cifra la crianza en hasta $223,7 millones

6 de Octubre de 2026

6 MINUTOS DE LECTURA

guagua

El análisis, elaborado por Leonardo Hernández y Anja Uslar, analiza el costo económico de criar a un hijo hasta los 25 años, diferenciando a las familias según su quintil socioeconómico. También se indaga si tener un hijo puede resultar económicamente "rentable" desde una perspectiva privada.

Por CLAPES UC

En medio de la fuerte caída de la natalidad que enfrenta Chile, Clapes UC presentó un nuevo estudio que pone cifras a una dimensión específica de la decisión de tener hijos: el costo económico-financiero que representa la crianza para las familias.

La investigación fue presentada durante el seminario “Crisis de natalidad: ¿cuán costoso es tener hijos en Chile?”, organizado por Clapes UC. “La caída de la natalidad y la fecundidad es un fenómeno que afecta a numerosos países y regiones, pero en Chile ha sido especialmente rápida y se ha acelerado durante las últimas décadas“, advirtió el director de Clapes UC, Felipe Larraín.

En 2025, la tasa de fecundidad cayó a 0,99 hijos por mujer en edad fértil, cifra que disminuye a 0,78 si se consideran solo las madres chilenas. “La velocidad de esta caída da cuenta de la magnitud del desafío que enfrenta el país”, sostuvo.

Las razones del mayor costo

El estudio, elaborado por Leonardo Hernández, director alterno de Clapes UC, y Anja Uslar, investigadora del centro, busca aportar al debate abordando específicamente la dimensión económico-financiera de la decisión de tener hijos.

A partir de datos de la IX Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), la investigación estima el costo acumulado de criar a un hijo desde su nacimiento hasta los 25 años, diferenciando a las familias según su quintil socioeconómico.

Los resultados muestran diferencias significativas. Para los hogares pertenecientes al quintil 1, el costo total de crianza alcanza los $78,5 millones (UF 1.979,7), mientras que para aquellos del quintil 5 asciende a $223,7 millones (UF 5.637,6), a precios de diciembre de 2025.

Para dimensionar estas cifras, los autores calculan que dichos montos equivalen al valor de una vivienda de aproximadamente 25,6 m² en el Gran Santiago para una familia del quintil 1 y de 72,9 m² para una del quintil 5.

“Debemos preguntarnos cuánto facilitan nuestras instituciones hoy día la vida familiar y qué dificultades pueden estar imponiéndose”, dijo María Jesús Wulf.

Parte del mayor costo observado en los hogares de ingresos más altos se explica por la brecha salarial que enfrentan las madres. Según la literatura recogida por el estudio, esta alcanza alrededor de un 23% respecto de un hombre de iguales características, costo que aumenta a medida que se incrementan los ingresos laborales de las mujeres.

La “rentabilidad” de tener un hijo

Además de estimar cuánto cuesta la crianza, Hernández y Uslar analizan una pregunta menos explorada en la discusión sobre natalidad: si tener un hijo puede resultar económicamente “rentable” desde una perspectiva privada.

Los resultados muestran que existen dos variables especialmente relevantes: el crecimiento futuro de los salarios y la tasa de interés o de descuento.

Para ello, calculan el Valor Presente Neto (VPN) del proyecto de tener un hijo, metodología que permite comparar los costos asociados a la crianza con los beneficios económicos futuros considerados en el modelo. Para efectos de este ejercicio, los salarios futuros de los hijos son incorporados como beneficios.

Los resultados muestran que existen dos variables especialmente relevantes: el crecimiento futuro de los salarios y la tasa de interés o de descuento. El VPN asociado a tener un hijo aumenta a medida que crecen los salarios futuros, pero disminuye cuando se incrementa la tasa de interés.

A ello se suma un tercer factor: la movilidad social. El estudio analiza un escenario en que los hijos logran alcanzar los salarios correspondientes al quintil inmediatamente superior, manteniendo los costos de crianza del quintil de origen. Bajo este supuesto, una mayor movilidad social mejora significativamente el resultado económico del proyecto, especialmente para los hogares de menores ingresos.

De esta manera, la investigación amplía la discusión sobre la crisis de natalidad y la vincula no solo con las ayudas directas que reciben las familias, sino también con las perspectivas de crecimiento económico, empleo, salarios, educación y movilidad social.

Crecimiento, empleo y educación

A partir de estos resultados, el estudio plantea que las políticas orientadas a elevar el crecimiento económico, generar empleos de calidad y favorecer aumentos salariales sostenibles en el tiempo podrían mejorar los incentivos económicos asociados a la decisión de tener hijos.

En la misma dirección apuntan las medidas destinadas a disminuir la brecha salarial que enfrentan las mujeres al convertirse en madres, entre ellas el acceso a sala cuna universal y una mayor corresponsabilidad en las tareas de cuidado.

Mejoras en la calidad de la educación pueden favorecer una mayor movilidad social y, al mismo tiempo, elevar la productividad.

Asimismo, políticas que contribuyan a aumentar el ahorro nacional y reducir las tasas de interés de largo plazo podrían tener efectos favorables. En este ámbito, el trabajo menciona como ejemplo el reciente aumento de la tasa de cotización previsional.

Finalmente, los autores relevan el papel de la educación. Mejoras en su calidad pueden favorecer una mayor movilidad social y, al mismo tiempo, elevar la productividad y, con ello, los salarios futuros de los trabajadores.

El debate sobre la crisis de natalidad

La presentación del estudio dio paso a un panel de conversación sobre los desafíos que plantea la crisis de natalidad y las políticas públicas necesarias para enfrentarla.

En la conversación participaron María José Naudon, decana de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez y presidenta de la Comisión Asesora Presidencial para enfrentar la crisis de natalidad; Martina Yopo, académica del Instituto de Sociología UC; Karin Moore, asesora legal de CLAPES UC; y Andrea Balladares, senadora e integrante de la Comisión de Familia, Infancia y Adolescencia del Senado. El panel fue moderado por Jaime Mañalich, investigador principal de CLAPES UC.

También expuso la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, quien sostuvo que “debemos preguntarnos cuánto facilitan nuestras instituciones hoy día la vida familiar y qué dificultades pueden estar imponiéndose”. En esa línea, explicó que el propósito del programa Chile Renace es “contribuir con una respuesta integral y de largo plazo, que no dependa solo del impulso que realice un gobierno sino que logre articular la acción pública con el aporte de las familias, las comunidades y el mundo privado en el largo plazo”.

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