22 de Agosto de 2025
8 MINUTOS DE LECTURA

Desde Ucrania y Afganistán, Natalia Hamziuk y Fateme Jalaly llegaron a Santiago tras escapar de la guerra y la inseguridad. Entre recuerdos, pérdidas y nuevos aprendizajes, hoy construyen un hogar lejos de su tierra natal. Ambas son estudiantes del Programa Español UC de la Facultad de Letras para personas refugiadas y solicitantes de refugio.
Por Mariela Cabello
Cuando Natalia Hamziuk habla de su vida en Ucrania, lo hace con la voz de quien todavía revisa las noticias cada mañana y espera que algo haya cambiado. Llegó a Chile en marzo de 2022, poco después del inicio de la guerra. Profesora de idioma ucraniano y literatura extranjera, con 20 años de trabajo en un centro para niños con discapacidad, cambió su aula y sus calles por Santiago, donde la acompaña únicamente su marido chileno.
“Me gusta Chile, me gusta Santiago, me gustan los chilenos. Pero no fue fácil. Lloraba cada día, no entendía nada y olvidé todo mi español” – Natalia Hamziuk, estudiante del Programa Español UC.
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“Me gusta Chile, me gusta Santiago, me gustan los chilenos. Pero no fue fácil. Lloraba cada día, no entendía nada y olvidé todo mi español”, recuerda.
Pese a la distancia con su familia, y a que su única hija decidió volver a Ucrania, Natalia encontró espacios para enseñar, pues habla ruso e inglés, y así seguir cerca de los niños, algunos de ellos con padres de distintas nacionalidades.
Entre sus palabras favoritas en español está “desafortunadamente”, porque, por su extensión, es todo un reto para ella. Uno de sus sueños es aprender bien español para mostrar su país y su cultura. “Porque, desafortunadamente para muchos chilenos, Ucrania es una parte de Rusia”, y dice que lo mejor de su país es “¡Primero, la gente!”, luego su idioma, sus canciones y un largo etcétera.

A más de 5.000 kilómetros de distancia, pero con una historia marcada también por la huida, Fateme Jalaly dejó Afganistán en 2021. Con 33 años, estudios en Administración de Empresas con especialización en Gestión (American University of Afghanistan) y experiencia en el departamento de investigación y recopilación de datos de una organización internacional de Afganistán relacionada con el World Bank, vio cómo las oportunidades para las mujeres se reducían drásticamente. “Quería un futuro más seguro y una vida más estable”, dice.
Hoy es profesora en una universidad, donde enseña sobre liderazgo femenino, emprendimiento social y vida en migración con sus clases “Women’s Life in Afghanistan: Leadership and Social Entrepreneurship” y “Between Two Worlds: Life in Migration”.

Al principio, adaptarse fue difícil: el idioma, los trámites y la búsqueda de trabajo pusieron a prueba su paciencia. “Lo más difícil es entender cuando hablan muy rápido, usan expresiones locales y algunas reglas gramaticales”, admite Fateme. Sin embargo, “las clases de español en la Universidad Católica, la práctica con los vecinos y ver televisión o videos me han ayudado mucho”.
Su palabra favorita es “hogar”, pues para ella es más que una casa: es un lugar donde se pertenece y se encuentra calidez. Entre amistades multiculturales y platos tradicionales afganos, sueña con tener una vida estable, trabajar en algo que disfrute, aprender más y mejorar su español y sus habilidades profesionales.
“Me gustaría compartir la cultura afgana a través de la comida, el arte o las historias, para que la gente aquí entienda de dónde vengo. Algún día espero viajar, conocer más del mundo y tal vez volver a mi país si llega a ser seguro” – Fateme Jalaly, estudiante del Programa Español UC.
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“Me gustaría compartir la cultura afgana a través de la comida, el arte o las historias, para que la gente aquí entienda de dónde vengo. Algún día espero viajar, conocer más del mundo y tal vez volver a mi país si llega a ser seguro”, dice.
El fin de un ciclo con Español UC
Este 19 de agosto, Natalia y Fateme participaron en la ceremonia de graduación del Programa Español UC de la Facultad de Letras para personas refugiadas y solicitantes de refugio, donde recibieron sus certificados junto a 55 estudiantes de Afganistán, Irán, Turquía, Rusia, Ucrania y Haití, en niveles A1, A2, B1, B2 y C1.

Los cursos se realizan gracias a la alianza con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Departamento de Acción Social de la Subsecretaría del Interior.
En esta instancia, en la que asistieron autoridades y representantes de las organizaciones colaboradoras, el rector Juan Carlos de la Llera manifestó que la enseñanza del español no es solo transmitir conocimientos, sino una llave de inclusión a nuestra sociedad.
“La presencia de historias de vidas de cada uno de ustedes nos interpela y enaltece profundamente nuestra vida universitaria. Nos recuerda que, con su esfuerzo y resiliencia, la diversidad es una fuente inagotable de aprendizaje y humanidad compartida”, rector Juan Carlos de la Llera.
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“Para nuestra universidad, compuesta por estudiantes de diversas nacionalidades y culturas, es una experiencia muy enriquecedora. La presencia de historias de vidas de cada uno de ustedes nos interpela y enaltece profundamente nuestra vida universitaria. Nos recuerda que, con su esfuerzo y resiliencia, la diversidad es una fuente inagotable de aprendizaje y humanidad compartida”, dijo.
Asimismo, destacó el ejercicio que realizaron los estudiantes de compartir cartas que dieron origen al libro “Donde empieza el refugio”, presentado durante la ceremonia como continuación de la iniciativa Puentes de Papel, impulsada por ACNUR, el Departamento de Acción Social de la Subsecretaría del Interior y el Servicio Nacional de Migraciones, que es una recopilación de relatos escritos por los propios estudiantes, quienes narran en primera persona sus experiencias de llegada e integración en Chile.

Los aprendizajes de los estudiantes
Las historias de Natalia y Fateme dan cuenta de que aprender una lengua no es solo cuestión de gramática y vocabulario: es abrir una puerta a nuevas relaciones, oportunidades y formas de entender el mundo.
Luis Herrera, coordinador de los cursos de español para personas refugiadas y solicitantes de refugio del programa Español UC, indicó que, independientemente de los ritmos de aprendizaje, los estudiantes se enfrentan a diferentes desafíos.
“Cada estudiante lleva ritmos distintos, debido a múltiples factores, tales como la disposición a la interacción, el temor al error, ciertas experiencias traumáticas o el nivel educacional. En la mayoría de los casos, los resultados han sido sorprendentes y muy efectivos, mientras que en otros nos hemos enfrentado a bloqueos frente al aprendizaje. Yo diría que estos mismos factores dan cuenta de las complejidades y desafíos frente a la integración a la cultura chilena”.
También valoró que muchos de sus estudiantes en Chile “puedan continuar sosteniendo sus historias, experiencias y culturas, al proyectar un camino desde su propia identidad, mucho más amable que aquel del que muchos vienen huyendo. Esto también fortalece dimensiones de la sociedad chilena que están en plena discusión, como la apertura, la diversidad cultural y el enriquecimiento de otros valores”, dijo.




