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Cómo leer, comprender y no abrumarse con la bibliografía universitaria

31 de Marzo de 2026

5 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraUno de los errores más comunes que cometen los alumnos de primer año es abordar los textos universitarios de la misma manera que la lectura recreativa. Crédito foto: Karina Fuenzalida.

Uno de los cambios más significativos para quienes ingresan a la universidad es el tipo de lectura al que deben enfrentarse, ya que los textos académicos se diferencian de los escolares, tanto en volumen, complejidad y densidad informativa. Este cambio exige nuevas estrategias de análisis y estudio.

Por Josefina Lira

La transición del colegio a la universidad implica múltiples cambios. Los estudiantes pasan de tener siempre los mismos compañeros a compartir ramos con diferentes personas; de recreos marcados por una campana a “ventanas” libres entre clases; y de un horario estructurado a una mayor autonomía en la organización de sus tiempos.

Pero uno de los cambios más significativos que deben afrontar, en muchas carreras, es el tipo de lectura al que se enfrentan: los textos académicos que forman parte de la bibliografía universitaria se diferencian bastante de las lecturas escolares, tanto en complejidad como en volumen, lo que podría abrumar a algunos estudiantes, sobre todo en primer año. Este cambio exige nuevas estrategias de comprensión, análisis y estudio.

“Los textos académicos son más complejos por diversas razones, entre ellas: mayor extensión y densidad informativa —tienen más contenido importante en pocos párrafos—; géneros discursivos particulares —por ejemplo, textos de tipo “ensayo” filosófico o de tipo expositivo científico—; un vocabulario especializado y oraciones más largas y complejas” – Soledad Aravena, académica UC.

“Los textos académicos son más complejos por diversas razones, entre ellas: mayor extensión y densidad informativa —tienen más contenido importante en pocos párrafos—; géneros discursivos particulares —por ejemplo, textos de tipo “ensayo” filosófico o de tipo expositivo científico—; un vocabulario especializado y oraciones más largas y complejas, entre otros”, comenta Soledad Aravena, académica de la Facultad de Letras UC. “Conocer estos rasgos puede ayudarnos a abordar mejor las lecturas“, agrega.

Uno de los errores más comunes que cometen los alumnos de primer año es abordar este tipo de textos de la misma manera que la lectura recreativa, explica la docente. Además, los estudiantes muchas veces no se dan cuenta de que están teniendo dificultades en la lectura o piensan que solo ellos tienen problemas para comprender los textos.

“Todos tenemos dificultades similares y se van superando con la práctica; compartirlas con otros puede ayudar”, indica la experta.

Segmentar párrafos, identificar temas principales y dedicar un tiempo a elaborar lo aprendido mediante un resumen, un esquema o un mapa conceptual. “Es clave reconocernos como lectores activos”, subraya Alejandra Meneses, académica del Campus Villarrica UC. Crédito foto: Karina Fuenzalida.

Preparación, objetivos y estrategias de lectura

Para enfrentarse a estos textos, lo primero es la preparación. Aravena explica que, al leer este tipo de documentos, se debe considerar un mayor tiempo de concentración y planificación, además de tener objetivos claros.

Alejandra Meneses, académica del Campus Villarrica UC, pone énfasis en trazarse objetivos de lectura: “Tener un propósito ayuda a orientar la atención y a distinguir qué información resulta más relevante. Uno debe preguntarse: ¿para qué voy a leer este texto?, ¿qué espero aprender?”, subraya.

En segundo lugar, es importante activar los conocimientos previos antes de leer. Para ello, se deben reconocer los elementos del texto —título, subtítulos, imágenes, palabras destacadas, gráficos— y preguntarse qué sé sobre este tema y qué preguntas me surgen. “Esto favorece una disposición más activa frente a la lectura”, indica Meneses.

Otro punto, que sugiere Aravena, es usar estrategias para abordar el contenido, es decir, segmentar párrafos, identificar temas e ideas principales, hacer resúmenes o esquemas, formular preguntas y comentarlas con otros.

En la misma línea, se enfatiza en la importancia de identificar las ideas clave. “Una manera útil de hacerlo es preguntarse de qué o de quién se habla en un fragmento y qué se dice sobre eso. Luego, conviene reformular esa idea con palabras propias y preguntarse cómo se relaciona con el objetivo de lectura planteado al inicio”, señala Meneses.

Las académicas también concuerdan en que, durante la lectura, es fundamental monitorear la comprensión, para verificar si se está entendiendo o si es necesario volver atrás.

“Si la comprensión se obstaculiza, conviene identificar con la mayor precisión posible dónde está la dificultad: en una palabra, en una oración, en la relación entre varias ideas o en un párrafo completo. En ocasiones, también es razonable detenerse y retomar la lectura más tarde, sobre todo si el cansancio está interfiriendo” – Alejandra Meneses, académica UC.

“Si la comprensión se obstaculiza, conviene identificar con la mayor precisión posible dónde está la dificultad: en una palabra, en una oración, en la relación entre varias ideas o en un párrafo completo. En ocasiones, también es razonable detenerse y retomar la lectura más tarde, sobre todo si el cansancio está interfiriendo”, aconseja la académica del Campus Villarrica.

Por último, plantea que, después de leer, es recomendable que los estudiantes dediquen un tiempo a elaborar lo comprendido y lo aprendido mediante un breve resumen, un esquema o un mapa conceptual. “Es clave reconocernos como lectores activos que estamos aprendiendo a través de este texto”, dice.

Pero también hay un factor clave que los estudiantes deben considerar a la hora de enfrentarse a una lectura académica: la actitud. “Deben buscar el sentido y el gusto, hacer conexiones con lo que les interesa, estar motivados”, asegura Aravena.

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