4 de Septiembre de 2025
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Evitan la confrontación y omiten hablar de explotación animal. Los jóvenes veganos utilizan la comensalidad y las redes sociales para presentar la comida de una forma alegre y amistosa, como una forma de convencer a otros sobre la viabilidad de seguir una dieta basada en plantas.
Por Tomás Herrera
El veganismo hace tiempo que dejó de ser una práctica de nicho en el país. Según la encuesta Nacional de Juventud de 2019 -del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) y la Dirección de Estudios Sociales UC (DESUC)-, el 10% de los jóvenes chilenos de entre 15 y 29 años declara no incluir productos de origen animal en su dieta.
La práctica del veganismo, definido por el no consumo de alimentos y el no uso de materiales provenientes de animales, es un estilo de vida que posee múltiples motivaciones —desde preocupaciones medioambientales hasta la explotación animal —, pero que sigue siendo visto por muchos con sospecha e incluso hostilidad. Esta situación ha motivado a muchos jóvenes a adoptar lo que Claudia Giacoman, académica del Instituto de Sociología UC, ha denominado en su última investigación como “activismo culinario”.
Este activismo se define por el uso de la cocina vegana como una vía de persuadir a quienes no son veganos a través de darles de probar alimentos y preparaciones en base a plantas.
El término fue acuñado por la investigadora, especializada en sociología de la alimentación y sociología del cuerpo, junto a Camila Joustra, en el paper titulado “El camino para llegar a la mente de alguien es a través de su estómago: veganos y activismo culinario” (The way to someone’s mind is through their stomach: vegans and culinary activism), que fue publicado en la revista Sociology.
El estudio se realizó en el contexto del Fondecyt número 1201629 que se concentró en investigar el proceso de adopción del veganismo y su puesta en práctica por distintas clases sociales en jóvenes veganos en Santiago de Chile. Para esto, el estudio realizó entrevistas a 40 jóvenes veganos de entre 18 y 29 años entre el 2020 y 2022. El estudio incluyó, además, la incorporación de otros registros para el estudio cualitativo, como videodiarios, análisis de redes sociales y comunidades virtuales.

Abrir la paleta de sabores es el primer paso
El activismo -como comenta la profesora Giacoman- generalmente está representado por manifestaciones o protestas. En el caso específico del veganismo, se dan discusiones legislativas en torno al bienestar animal, intervenciones artísticas o políticas de liberación animal en centros ganaderos, por ejemplo. Pero lo que reveló este estudio es cómo los veganos, en particular, conceptualizan y amplían esta idea al incluir en ella también la cocina.
Preparar y compartir alimentos veganos en contextos sociales en donde se relacionan tanto personas veganas como quienes no lo son, es conceptualizado como una forma específica de activismo que, al dar a conocer preparaciones y abrir la paleta de sabores, permitía introducir el veganismo en primer lugar como práctica, para posteriormente, en algunos casos, abrir la conversación sobre la explotación animal.
Las razones detrás de este activismo, que se desmarca de sus versiones más directas, se relacionan con que permite romper estigmatizaciones que existen en torno a la comida vegana (que sea desabrida, poco palatable o no saludable, por ejemplo), así como también evitar los sentimientos negativos que experimentan las personas no veganas cuando escuchan hablar sobre la explotación animal.
Como revelaron los participantes del estudio, muchas personas no veganas no están dispuestas a abordar temas controversiales en torno al uso de animales en la alimentación y suelen tomar una actitud defensiva frente al veganismo como discurso. Sin embargo, gracias a la comida y el degustar estos platos en el contexto de la comensalidad —es decir, compartir una comida con otras personas en el contexto de fiestas, comidas familiares o entornos sociales—, las personas están más dispuestas a abrirse a probar otro tipo de alimentos, para proteger el vínculo que crea el compartir con otros.
Así, la comida vegana puede ser una puerta de entrada para, a partir de ahí, abrirse a otro tipo de experiencias culinarias, incorporar recetas y prácticas veganas y, en último término, cuestionar sus decisiones alimentarias.
No ser “aguafiestas” ni incomodar a los demás
Un término clave que desarrollaron las autoras del estudio y que explica la razón detrás de esta forma particular de activismo es el término aguafiestas (killjoy en inglés) que tomaron de la filósofa británica Sarah Ahmed. El término, desarrollado en el libro Manual de la feminista aguafiesta (The feminist killjoy handbook), describe cómo muchas veces el activismo feminista es interpretado como amenazante dentro de distintos círculos y contextos sociales en la medida en que busca incomodar al poner en cuestionamiento las normas sociales de un espacio. El feminismo, en este caso, es interpretado como un pensamiento ‘aguafiesta’ al poner de relieve creencias, actitudes o prácticas que se encuentran normalizadas y de las que, en muchos contextos, se prefiere ignorar. La clave, rescatada por las autoras de la investigación, es cómo esta disposición afectiva configura la forma de relacionarnos con otros.
La noción es retomada para abordar el veganismo, como práctica y creencia en contra de la explotación animal, en la medida en que pone en entredicho las normas sociales, relativas a la alimentación.
En muchos casos y estudios recientes, la percepción de muchas personas es que los veganos son personas agresivas, arrogantes o intolerantes. De ahí la reticencia de muchas personas a ni siquiera abrirse a cualquier práctica vegana.
Esto ha motivado a muchos a buscar otras vías de persuasión para poder introducir la conversación sobre la explotación o el bienestar animal, que les permita escapar a las asociaciones de ‘aguafiesta’.
Así, el activismo culinario es una forma específica de persuasión —distinta a la de la protesta o la intervención— que permite crear asociaciones positivas para las personas no veganas las que, posteriormente, pueden tener un efecto acumulativo para cambiar sus hábitos alimentarios.
Es a través del plato de comida vegano, como explica la profesora Giacoman, que se integran y se abren conversaciones que, de otra manera, podrían ser rechazadas por quienes no son veganos. De esta forma, el activismo culinario permite visibilizar y extender no solo una alimentación vegana, sino competencias específicas (recetas de cocina y alimentación saludable) como también significados (comida sabrosa, sin sufrimiento animal o éticamente producida).

Bailes y memes entre los “nuevos activismos”
Como comenta la investigadora, el activismo culinario da cuenta de la emergencia de nuevas formas de involucramiento político en jóvenes que se escapan a las formas convencionalmente esperadas.
La profesora Giacoman, por ejemplo, ha realizado trabajos etnográficos sobre el rol que puede tener el baile y la performance en el espacio público para crear otras formas de involucrar e invitar a participar a las personas dentro de movimientos políticos.
Asimismo, y en el contexto del mismo Fondecyt sobre veganos, la profesora también publicó un trabajo sobre el uso de de memes por jóvenes veganos como una forma de emergente para la transmisión de discursos políticos, así como también de creación de identidad en torno al veganismo.




