Opinión
“Memoria y atrevimiento”

Andrés Kalawski
Director de Archivos de la Facultad de Artes UC
27 de Agosto de 2025
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No tanto gente joven como gente porfiada. Los teatros universitarios en Chile recién se estaban volviendo hegemónicos cuando un grupo de la UC armó Ictus. Era una forma curiosa de salir al ruedo, haciendo tragedia griega. Y al poco tiempo hacían vanguardia. Teatro raro. Con abogados, que no era tan raro, pero con gente mezclada de distintas partes. Y de repente teatro chileno. Y después creación colectiva. Anticipando la explosión de creatividad juvenil de la década siguiente, pero también yendo a la identidad cristiana, a su forma más radical, la que es un grupo medio escondido que se comunica con mensajes cifrados.
El horror de la dictadura y la ternura que pusieron los artistas para resistirla son conmovedores, pero dificultan mirar el resto de la historia.
Al regreso de la democracia, algunos de sus miembros pasaron al centro de la institucionalidad: asesor de ministerio, miembro de directorio, diputado. La compañía perdió filo, pero resistió la vejez y la muerte.
Este siglo, su manera de revisar su pasado ha sido lúcida y crítica. Remontan versiones de algunas de sus obras más importantes, pero ya la década pasada pataleaban contra el estancamiento. No es fácil acarrear un montón de clásicos y seguirse atreviendo a crear, a salir de la marca, así que junto con mirar para atrás siguen inventando lo nuevo.
El grupo ha cambiado. ¿Cuánto queda de la compañía original, o de ese Ictus legendario en el que tenemos ahora? La identidad del grupo, que fue a la vez memoria y atrevimiento, descansa sobre la conversación continua entre artistas y con el público. Sus obras siguen siendo mensajes cifrados de una comunidad secreta, independiente, libre, pero también apertura e invitación a sumarse a su iglesia teatral.