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Paula Luengo-Kanacri: Entender la desigualdad para transformar a Chile 

11 de Febrero de 2026

6 MINUTOS DE LECTURA

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Una profunda mirada social, crítica y orientada a cambiar actitudes –como el trato entre las personas, los prejuicios y los estereotipos- es lo que define a la investigadora que se dedica a entender cómo la desigualdad también tiene que ver con factores personales e interpersonales. ¿Su fin último? Promover mejores condiciones de vida, sobre todo entre niños, niñas y adolescentes.

Por Andrea Fuentes y Eliette Angel

Al igual que su querida Mafalda, la inteligente niña de frondosa melena negra creada por el argentino Quino, Paula Luengo-Kanacri se caracteriza por mirar el mundo de manera aguda, cuestionando las injusticias y buscando transformarlas: “Siempre quise explicarme por qué la sociedad era así”, dice la doctora en psicología y postdoctorada del proyecto La crianza entre culturas (Parenting Across Cultures), financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (National Institutes of Health, NIH). 

Influyeron en su trayectoria los contrastes socioeconómicos entre su padre y su madre egipcia, quien venía de un ambiente más acomodado y fue la primera mujer de su familia en estudiar en la universidad. Le hicieron preguntarse a temprana edad sobre la desigualdad y por qué algunos tenían oportunidades que otros no. Un interés por transformar su entorno que fue creciendo gracias a figuras clave en su vida, como Chiara Lubich y Marcelo Didier, pionero de la psicología social en Chile.  

“Él me dijo que la psicología social ayudaba a entender las injusticias y a transformarlas. Esa conversación me marcó y fue fundamental para que entrara a estudiar psicología en la UC. Era profesor de esta escuela y lo conocí justo cuando acababa de enfermarse de leucemia. Falleció de manera muy repentina, pero tuve la sensación de recibir de él como una especie de posta”, señala. 

Tras trabajar en Argentina, la psicóloga se fue a estudiar el doctorado a Italia, a la Sapienza Università di Roma (2011), donde se involucró en proyectos de promoción de comportamientos prosociales: acciones que manifiestan interés real hacia los demás, como la empatía, la cooperación y el cuidado. 

Paula Luengo realizó su doctorado en Psicología, en la Facultad de Medicina y Psicología de la Sapienza Universitá di Roma, Italia.

Formó parte del Estudio Longitudinal de Genzano (pequeña ciudad ubicada cerca de Roma), que analizó por cerca de 25 años a adolescentes desde los 12-13 años hasta los inicios de su adultez, enfocándose en áreas cruciales del desarrollo, como la prosocialidad y la personalidad, o la génesis de la violencia.  La iniciativa fue liderada por Concetta Pastorelli y Gian Vittorio Caprara, uno de los referentes de la psicología italiana. Después de hacer parte de su carrera académica en La Sapienza, regresó a Chile en 2014. En 2016 se incorporó como académica a la Escuela de Psicología UC, donde actualmente es directora de su programa de doctorado. 

Su experiencia en el extranjero, que incluyó una estadía en Suiza y Estados Unidos, le permitió conocer distintas realidades y colaborar con Nancy Eisenberg, una de las profesoras más reconocidas a nivel mundial en el área de la psicología del desarrollo. También pudo entender que los seres humanos no están determinados totalmente por estructuras sociales, que esa determinación no tiene la última palabra.  

“La desigualdad es un problema mucho más amplio, que tiene una dimensión estructural, pero en la que también influyen dimensiones personales e interpersonales en su reproducción”, afirma Luengo. Y añade: “El trato entre las personas, los prejuicios y los estereotipos que se instalan acerca de las estratificaciones sociales y las diferencias étnicas o migratorias, están profundamente anclados en una dimensión más psicológica que ha sido muy poco estudiada. Esas atribuciones de inferioridad de unos grupos en relación con otros, que se manifiestan ya desde edades tempranas, siguen transmitiéndose de una generación a otra”. 

Para la investigadora, las transformaciones en torno a estos fenómenos solo pueden ocurrir si entendemos su génesis. En esa búsqueda de respuestas, ha liderado diversos proyectos Fondecyt que no solo estudian, sino que también promueven temas como la participación cívica y conductas prosociales. De hecho, en 2015 creó el programa ProCíviCo, proyecto de investigación aplicada dirigido a estudiantes y a docentes que busca fomentar habilidades empáticas para promover la cohesión social, es decir, la conexión entre grupos de clases sociales o de culturas distintas.  

“No hay sentido de lo que hacemos si no es dando espacio para que se introduzca la novedad en el mundo. Y eso solo es posible en diálogo con los más jóvenes”.

“En sociedades desiguales como la chilena, la prosocialidad y la empatía deben ir acompañadas de creencias de igualdad para no caer en el asistencialismo asimétrico, que supere los prejuicios y la violencia asociada a la discriminación”, acota la también investigadora asociada del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES). 

Con el destacado psicólogo Albert Bandura (1925-2021), a la izquierda, autor de la Teoría del Aprendizaje Social.

La académica está convencida de que la investigación en psicología debe ser de excelencia para que impacte. El ejemplo del profesor italiano Gian Vittorio Caprara fue clave. “Con él aprendí el rigor científico: nunca quedarme tranquila con los resultados, siempre indagar y seguir preguntándome acerca de los mecanismos detrás de lo observado. Le agradezco eso, y a Concetta Pastorelli, a desmenuzar los datos, a dejarlos hablar y saber interpretarlos dinámicamente”.  

En Chile, otra gran maestra fue María Loreto Martínez, académica UC fallecida en junio de 2025. De ella aprendió la pasión, la dedicación y que la psicología del desarrollo no solo es una disciplina, sino una forma de mirar el conocimiento. Un sello que ha intentado traspasar a sus estudiantes, quienes se han transformado en uno de sus grandes motores, desde que comenzó a hacer clases en la Escuela de Psicología en 2016. 

“Me siento muy orgullosa cuando un estudiante me dice que le hizo sentido algo que compartí en clase o que investigué, o cuando me hacen preguntas desestabilizantes. Ellos son la posibilidad de ponerme en discusión constantemente. No hay sentido de lo que hacemos si no es dando espacio para que se introduzca la novedad en el mundo. Y eso solo es posible en diálogo con los más jóvenes”, reflexiona. 

Los cambios sociales no solo los aborda en las aulas o en la investigación, también los vive en la calle. Desde hace años participa en distintas iniciativas comunitarias vinculadas con personas en situación de pobreza. Una faceta más personal que se cruza con la escritura. “Me gusta escribir sobre lo que observo, sobre quienes suelen ser invisibles, especialmente sobre las personas que habitan en la calle con quienes he entablado amistad”, confiesa. 

A Convivir se aprende 

Paula Luengo- Kanacri junto al profesor de psicología UC, Christian Berger, ha liderado la implementación del programa del Ministerio de Educación “A Convivir se aprende” en las comunas de la Región Metropolitana. Esta iniciativa plantea la prevención de la violencia al interior de los establecimientos educacionales, desarrollando competencias y habilidades que promuevan la resolución crítica y pacífica de conflictos entre estudiantes. “Proyectos como éste, afirma la experta, son muy significativos porque siempre he creído que otro mundo es posible y que la academia está convocada a aportar y estar en la mesa de las decisiones”. 

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