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Vice Gran Canciller invita a novatos a descubrir su vocación de servicio: “Tenemos que volver al mundo; bajar de la montaña”

5 de Marzo de 2026

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photo_cameraLa misa fue celebrada por el Vice Gran Canciller, Pbro. Osvaldo Fernández de Castro. En su homilía invitó a las y los nuevos estudiantes a vivir este tiempo como una experiencia decisiva y transformadora.

Durante su homilía en la misa de bienvenida celebrada en el campus San Joaquín, el Pbro. Osvaldo Fernández de Castro llamó a las y los nuevos estudiantes a complementar la excelencia académica con una mirada centrada en la dignidad humana, el amor y el servicio.

Por Virginia Soto-Aguilar C.

Con la Iglesia del Sagrado Corazón del campus San Joaquín repleta, la Universidad Católica dio la bienvenida a las y los nuevos estudiantes que este año se integran a la comunidad universitaria. En la ceremonia, organizada por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana, se invitó a los jóvenes a acercarse a conocer los diferentes proyectos de evangelización o de solidaridad que existen en la UC.

La misa fue celebrada por el Vice Gran Canciller, Pbro. Osvaldo Fernández de Castro, junto al Capellán Mayor UC, Pbro. Jorge Merino Reed, y otros sacerdotes de la universidad. En su homilía, el Vice Gran Canciller invitó a las y los nuevos estudiantes a vivir este tiempo como una experiencia decisiva y transformadora.

“Les quiero contar algo, aquí en la universidad, se van a preparar con un conocimiento científico, profundo, amplio, que es muy importante, pero no es suficiente el conocimiento que van a encontrar en los libros o en el aula. Aquí, en la Universidad Católica, van a tener la oportunidad de subir una y otra vez a la montaña donde Dios habita, para complementar el conocimiento con lo que es la mirada que Dios tiene sobre el mundo, sobre la realidad, sobre las relaciones entre nosotros”, expresó el sacerdote.

El llamado fue claro: aquí se formarán con excelencia académica, pero ese conocimiento no es suficiente si no se complementa con una mirada que ponga en el centro la dignidad humana, el amor y el servicio. Una invitación a crecer no solo en saber, sino también en propósito.

En ese sentido, el Vice Gran Canciller invitó a los jóvenes a servir a los demás: “Tenemos que volver al mundo. Tenemos que bajar de la montaña. Pero bajar de la montaña llevando la nueva luz de la experiencia que hemos tenido con Cristo. Nuestra vocación, la que aquí queremos desarrollar en la universidad, es una vocación de servicio. Queremos transformar el mundo, queremos transformar nuestro país”.

A continuación, la homilía del Vice Gran Canciller, Osvaldo Fernández de Castro, en la misa de bienvenida a los novatos (2 de marzo de 2026):

“¡Qué emocionante ver desde acá arriba la iglesia completa, afuera, y más allá! Con un montón de jóvenes, también, caminando. Cerca de 7.000 estudiantes son los que entran este año a la universidad. Y la verdad es que nos llena de orgullo porque acá en la universidad generalmente se trabaja mucho, pero cuando los vemos a ustedes acá, uno se reconforta, se dice, vale la pena.

Nos toca muchas veces acompañar las titulaciones, el final del año, y uno se da cuenta que ustedes y los que van saliendo de la universidad pasan por muchas cosas durante estos años. Son años muy importantes en la vida de ustedes.

Creo que es muy significativo el evangelio que hemos escuchado hoy día: el de la transfiguración. Yo lo quiero separar en tres partes, que se relacionan un poco con la etapa que van a vivir ustedes acá en la universidad.

Lo primero, he estado en Tierra Santa. Y he estado en este monte, el Monte Labor. No es un gran cerro, es como nuestro cerro San Cristóbal, es un cerrito bonito, se puede subir caminando, refleja el lugar donde Dios habita. Y esto es muy importante para nosotros, porque vivimos en la llanura, mirándonos entre nosotros, pero nuestra fe nos hace subir la montaña y entrar permanentemente en el mundo de Dios, que nos permite ver desde otra perspectiva la realidad.

Ustedes, jóvenes, han hecho un esfuerzo grande por estar acá hoy día. Llevan años preparándose para el mundo de la universidad, han estudiado mucho. Hay un montón de talento acá entre ustedes.

Les quiero contar algo, aquí en la universidad, se van a preparar con un conocimiento científico, profundo, amplio, que es muy importante, pero no es suficiente el conocimiento que van a encontrar en los libros o en el aula. Aquí, en la Universidad Católica, van a tener la oportunidad de subir una y otra vez a la montaña donde Dios habita, para complementar el conocimiento con lo que es la mirada que Dios tiene sobre el mundo, sobre la realidad, sobre las relaciones entre nosotros.

No nos basta con mirarnos entre nosotros, no nos basta con buscar en los libros, queremos entrar en lo profundo de nuestro corazón y encontrarnos con Dios para ayudarnos de su sabiduría.

Aquí viene la segunda etapa de este precioso texto de la transfiguración. Estamos en la montaña, los discípulos ven el rostro tradicional de Cristo. En Cristo ven la belleza de la condición humana, un rostro brillante, resplandeciente. Y es cierto, Jesús les había hablado de la muerte, pero lo ven radiante, porque la muerte de Cristo tiene que ver con la entrega por amor. Y eso lo transforma todo, y eso saca de nosotros la mejor versión, la más bella.

Lo que les quiero decir con esto es que en este monte, en este lugar de oración, de servicio a otro, se va a transfigurar la imagen que tenemos del mundo y del hombre. En Cristo, en Dios, conocemos al mundo y la humanidad de una forma distinta.

La antropología cristiana los va a acompañar a lo largo de la formación para entender verdaderamente quiénes somos. ¿En el mundo, qué es lo que van a ver? Competencia. ¿Qué es lo que van a ver en el Evangelio? Servicio, entrega a los demás. No nos basta con la mirada del mundo. Necesitamos el Evangelio.

Y la tercera etapa es cuando Pedro dice, “Señor, estamos bien aquí, quedémonos acá”. Es como si alguno le hiciera pensar en la universidad, quedémonos aquí estudiando para siempre. Bueno, algunos los hacen, los académicos, está bien, ¿cierto? Pero, en verdad, tenemos que volver al mundo. Tenemos que bajar de la montaña. Pero bajar de la montaña llevando la nueva luz de la experiencia que hemos tenido con Cristo. Nuestra vocación, la que aquí queremos desarrollar en la universidad, es una vocación de servicio. Queremos transformar el mundo, queremos transformar nuestro país.

Sabemos que lo más bello de nuestra condición humana tiene que ver con el amor y con el servicio. Aquí en la universidad queremos aprender conocimientos, pero también queremos aprender a amar y queremos aprender a servir.

Por eso, esta experiencia comienza aquí, en la universidad. Lo que es la prueba del amor infinito que Dios tiene por nosotros.

Pidamos a Dios, por ustedes, que sean años fascinantes acá en la universidad, que sean de grandes amigos, que conozcan a grandes maestros, y, sobre todo, que puedan colocar todo el talento que tienen para el servicio y la transformación de nuestra sociedad. Al Señor Jesucristo, sea el amor y la gloria por los siglos de los siglos”.

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