27 de Agosto de 2025
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Investigadores UC estudian cómo las bacterias que habitan en el intestino pueden influir directamente en el desarrollo y progresión de enfermedades cardiovasculares, y proponen nuevos enfoques para prevenirlas.
Por Escuela de Medicina
La principal causa de muerte tanto en Chile como en el mundo son las enfermedades cardiovasculares. Solo en nuestro país, se le atribuyen 27 mil decesos al año. Entre sus factores de riesgo más comunes se menciona la obesidad, el tabaquismo, la falta de actividad física y los antecedentes familiares, entre muchos otros.
Sin embargo, investigadores chilenos estudian una nueva pieza clave en la salud del corazón: la microbiota intestinal –conjunto de bacterias y otros microorganismos que habitan en el intestino-, la que podrían influir directamente en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
La investigación -realizada por el Instituto Milenio en Ingeniería e Inteligencia Artificial para la Salud (iHEALTH) y la Universidad Católica– explora el “eje intestino-corazón”, una conexión biológica en que cambios en la integridad intestinal pueden inducir una inflamación generalizada en el cuerpo y, con ello, alterar el delicado equilibrio del sistema cardiovascular, afectando directamente la salud cardiaca.
Por ejemplo, las dietas bajas en fibras y altas en carbohidratos y lípidos producen una alteración en la diversidad bacteriana intestinal, lo que se traduce en un aumento de la permeabilidad de la pared del intestino, permitiendo el paso de moléculas proinflamatorias al torrente sanguíneo, lo cual podría favorecer la aparición y progresión de daño cardiovascular.
El factor protector de algunos antioxidantes
El trabajo –liderado por el doctor Marcelo Andia, académico de la Escuela de Medicina UC y director alterno del Instituto Milenio en Ingeniería e Inteligencia Artificial para la Salud (iHEALTH); junto a la estudiante de Doctorado UC, Katherine Rivera; y en colaboración con científicos del Reino Unido– utilizó un modelo animal para simular la enfermedad de las arterias coronarias, con el fin de evaluar cómo la dieta y ciertos compuestos antioxidantes podrían modificar este problema.
Los resultados mostraron que una dieta rica en grasas y colesterol alteró la capacidad del intestino para filtrar adecuadamente lo que pasa a la sangre, modificando la microbiota intestinal, aumentando la inflamación y provocando daños metabólicos en el corazón.
Asimismo, se descubrió que el uso de un subproducto de la elaboración de vino —orujos de uva—, rico en antioxidantes, mejoró el microambiente intestinal, redujo la inflamación, potenció la función cardíaca y previno la muerte prematura de los animales estudiados, en un modelo preclínico de enfermedad coronaria.
“Restaurar la microbiota intestinal no solo tuvo un efecto protector sobre el corazón, sino que también prolongó significativamente la supervivencia en nuestro modelo experimental”, destaca la investigadora Katherine Rivera.
Según el doctor Marcelo Andia, esta línea de investigación abre la puerta a nuevas estrategias preventivas y terapéuticas en pacientes con alto riesgo cardiovascular y para la población general. “Entender cómo la salud intestinal impacta el corazón, nos permite pensar en intervenciones más integrales, que incluyan alimentación, microbiota y biomarcadores de daño cardíaco detectables de forma no invasiva”, afirma.
Además, las técnicas propuestas en el estudio podrían ayudar a identificar alimentos con potencial de prevención cardiaca, dando sustento técnico a la frase de Hipócrates de que “nuestro mejor remedio es la alimentación”. Los investigadores también coinciden en que el cuidado del corazón va mucho más allá del ejercicio y la dieta: también pasa por cuidar a las bacterias que habitan en nuestro intestino.




