14 de Mayo de 2026
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Decenas de académicas y críticas literarias se congregarán durante tres días en el Campus Oriente de la UC, en las Jornadas de Historiografía Literaria Feminista, para intentar reconstruir cómo se disputó el espacio de las mujeres a través de la palabra, en la historia nacional. "La mirada feminista es una mirada abierta a los procesos y sujetos que han quedado fuera del relato histórico y el relato del poder", afirma Lorena Amaro, una de las organizadoras del encuentro.
Por Sofía Gallardo y Lissette Fossa
“Claro que existe”, afirma Lorena Amaro, cuando se le pregunta sobre la literatura feminista chilena. La académica UC y doctora en Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid es una de las impulsoras de las jornadas Historiografía Literaria Feminista, que se desarrolla entre el 13 y el 15 de mayo en el Instituto Interdisciplinario de Estética, y que justamente busca abordar cómo se define la literatura feminista nacional, sus principales características y sus desafíos futuros.
El lema de estas jornadas es una pregunta: “¿Cómo y por qué escribir una historia feminista de la literatura chilena?”. Y no es fácil de responder. Por eso, decenas de académicas, críticas literarias e investigadoras se congregarán estos tres días en torno a este tema, para reflexionar y discutir conceptos como la literatura feminista chilena y la crítica feminista.
“Las exposiciones tienen que ser muy breves y responder a la pregunta que proponemos como título, ‘¿Cómo y por qué escribir una historia feminista de la literatura chilena?’”
Durante la instancia -que organiza Amaro junto a la académica Natalia Cisterna, de la Universidad de Chile- se desarrollarán distintas mesas y conferencias, que explorarán los cruces entre literatura, artes, archivo, territorio, racialización y pensamiento crítico.
“Estas jornadas están enfocadas para público general, porque hemos pensado una estructura inusual en los eventos académicos: las exposiciones tienen que ser muy breves y responder a la pregunta que proponemos como título, ‘¿Cómo y por qué escribir una historia feminista de la literatura chilena?’”, comenta Amaro, quien también dirigió el Instituto de Estética entre 2019 y 2022.
“Lo fundamental es la conversación, porque queremos tantear con la coorganizadora y coinvestigadora del proyecto, Natalia Cisterna, la posibilidad de efectivamente reunir a un grupo de especialistas en literatura que deseen escribir y tengan ideas y propuestas para esta historia. Entonces gran parte de las actividades son de conversación”, añade la investigadora, en entrevista con Visión Universitaria.
“El lenguaje es el espacio en disputa”
–¿Existe actualmente una literatura feminista en Chile? ¿Podría dar algunos ejemplos de autoras u obras?
Claro que existe, incluso existen textos de principios del siglo XX en que ya podemos ver rasgos y preocupaciones feministas. La historia del feminismo en Chile es larga y amplia, va desde la escritura de mujeres en la prensa obrera a la de mujeres de la élite, como Inés Echeverría Bello o Martina Barros, que nacieron en el siglo XIX. Históricamente han sido muy importantes creadoras como Gabriela Mistral, Violeta Parra, Marta Brunet. Explícitamente o no, ellas incorporaron inquietudes sobre el lugar de las mujeres en nuestra sociedad, a través de la palabra.
“La mirada feminista es una mirada abierta a los procesos y sujetos que han quedado fuera del relato histórico y el relato del poder”.
Hoy tenemos ensayistas, narradoras, dramaturgas, poetas, cuya palabra reivindica el lugar de las mujeres, desde los más distintos feminismos, porque hay distintas escuelas de pensamiento. Quiero relevar a la Premio Nacional de Literatura Diamela Eltit, cuya obra, nacida en los años 80, en plena dictadura, articula las reflexiones sobre el cuerpo, la subjetividad, el poder y la experiencia de las mujeres. Como ensayista, ella además ha investigado el sufragismo, entre otros temas del feminismo histórico.

–¿Qué temas son más característicos de las obras feministas?
Un elemento muy importante es el lenguaje. Es el espacio en disputa, es el campo al cual arriban las mujeres, confrontando normas y convenciones impuestas por una cultura que las ha confinado o silenciado. Es muy importante en un texto feminista la conciencia sobre el lenguaje y lo que se puede llegar a hacer con él.
Otro aspecto relevante es la relación que se sostiene con la corporalidad y con experiencias que viven las mujeres. Aparece mucho la enfermedad, la anomalía, a veces también de manera simbólica, para significar una subjetividad que el machismo lee como anómala o extraña.
La reconstrucción de los vínculos y afectos entre mujeres son también muy importantes, las maternidades, los maternajes, también las relaciones de afecto interespecies y la relación de lo humano con aquello que no lo es, pero que sostiene la vida, ya que este tipo de mirada, alimentada por el feminismo, busca saberes y respuestas a nuestras catástrofes económicas y sociales, a nuestros fracasos planetarios, en lugares poco convencionales. La mirada feminista es una mirada abierta a los procesos y sujetos que han quedado fuera del relato histórico y el relato del poder.
“La mirada feminista es una mirada abierta a los procesos y sujetos que han quedado fuera del relato histórico y el relato del poder”.- Lorena Amaro
–Para una persona que quiera acercarse recién a este tipo de literatura, ¿qué le recomendaría leer o estudiar?
Voy a proponer un conjunto de textos, aunque podrían ser muchos otros, más antiguos o más recientes. Para mí fue un hallazgo descubrir en los 90 el texto de una crítica chilena, “La mujer fragmentada: historias de un signo”, que recomiendo a quienes quieran comenzar a leer. Luego está “Lengua víbora”, un libro de ensayos de Raquel Olea que es también muy importante en la historia de la crítica feminista chilena. Recomiendo leerlas a ellas y a María Lugones y un ensayo muy esclarecedor que se llama “Colonialidad y género”, para entender cómo el género femenino se construye sobre la base, también, de las diferencias de raza y clase, y es parte del dispositivo colonial.
También recomiendo mucho unas clases de mi colega del Instituto Interdisciplinario de Estética, Luciana Cadahia, una tremenda pensadora, que realizó unas clases sobre feminismo para la Universidad de Cornell, muy iluminadoras y situadas en la realidad latinoamericana, que están en Youtube.
Y para quienes desean ahondar sobre los problemas de la autoría, recomiendo el libro editado por las académicas catalanas Aina Pérez y Meri Torras, ¿Qué es una autora? Encrucijadas entre género y autoría.
Entre las escritoras de ficción, recomiendo siempre leer los cuentos de Marta Brunet “Piedra callada”, “Aguas abajo” y “Doña Santitos”. Se puede sacar muchísimo de ellos, y los escribió una autora de la primera mitad del siglo XX. Proponen una mirada muy lúcida y una poderosa crítica a nuestra sociedad patriarcal.
“Creo que algo que define la crítica feminista chilena es el interés por trazar genealogías de autoras, reconstruir una historia que no se había contado”.

-La crítica literaria también será uno de los temas abordados en las jornadas. ¿Existe una crítica literaria feminista en Chile? ¿Qué la diferencia de una crítica no feminista?
En la inauguración tendremos a tres grandes críticas e investigadoras: Raquel Olea, Soledad Bianchi y Ana Pizarro. Ellas tres abrieron caminos para quienes luego hemos ingresado en la universidad a trabajar temas de literatura chilena y latinoamericana, con un enfoque de género.
Desde los años 80 Olea publicó ensayos feministas y creó espacios como los de la casa La Morada, donde se realizaban talleres de lectura feminista en que también participó Soledad Bianchi. Ana Pizarro es una de las grandes pensadoras latinoamericanas, que ha pensado la historiografía de nuestros países. Creo que algo que define la crítica feminista chilena es el interés por trazar genealogías de autoras, reconstruir una historia que no se había contado, que es como han funcionado los rescates que han efectuado.
En los últimos 40 años, ha sido la crítica feminista la que ha leído con nuevas ideas y teorías los textos de autoras como María Flora Yáñez, Inés Echeverría, Maipina de la Barra, Delie Rouge Gabriela Mistral, Marta Brunet, María Luisa Bombal, María Carolina Geel, Mercedes Valdivieso, y también otras zonas de la cultura impresa, como las revistas, la prensa, las editoriales destinadas a las mujeres desde comienzos del siglo XX. Ese es otro elemento distintivo: la crítica feminista se abre a todo tipo de textos e inscripciones de la experiencia de las mujeres, a autorías antes ignoradas o silenciadas. Y es una crítica militante, que busca transformaciones sociales, que busca abrir nuevos espacios y oír y entender otras voces y subjetividades que antes eran eclipsadas o silenciadas.


