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El cuerpo y el arte como vía esencial de comunicación en personas con discapacidad cognitiva

28 de Noviembre de 2025

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Poesía transformada en experiencia sensorial y ejercicios para reconocer el cuerpo como un lugar de memoria, fueron algunas de las actividades en que participaron los alumnos y alumnas del Centro UC Síndrome de Down, en una jornada de talleres y performances que integró arte y discapacidad. “Todas las formas de expresión son bienvenidas para construir una mayor participación cultural y social inclusiva”, comenta Macarena Lizama, directora del centro.

Por Virginia Soto-Aguilar C.

Con un espíritu de encuentro y creación conjunta, se desarrolló en la Universidad Católica el evento “Un Solo Cuerpo: Ensamblajes del Ser”, organizado por el Centro UC Síndrome de Down junto a Yo Artista, el Grupo de Autogestoras/es de la Vida Adulta (AVA) y el proyecto ecuatoriano La Rueca de la Urku. Durante tres días, la comunidad UC participó de talleres, exposiciones, performances y lanzamientos editoriales que integraron arte, discapacidad, memoria y pensamiento.

La jornada inaugural tuvo lugar el miércoles 12 en la Escuela de Teatro, donde se realizó un taller dirigido a mujeres, mujeres cuidadoras y personas no binarias, centrado en la exploración corporal y la palabra como territorios comunes de creación.

Performance, autonomía y vida cotidiana

El jueves 13 se vivió el evento principal, marcado por la participación del colectivo Yo Artista y una performance realizada por el grupo AVA (Autogestores y Autogestoras de la Vida Adulta), quienes abordaron temas de autonomía desde una propuesta inclusiva. Ese mismo día, se presentó el libro ecuatoriano La Rueca de la Urku, un trabajo artístico que, según explicó Victor Romero-Rojas, “concibe el arte de hilar la rueca como el gesto con el que la montaña nos va contando sus sensaciones, emociones y sentimientos”.

Victor Romero-Rojas, quien lidera la Unidad de Investigación y Desarrollo Académico del Centro UC Síndrome de Down, destacó que la colaboración con Ecuador buscó “relevar el sentido que tiene el cuerpo y la expresión no verbal como vías esenciales de comunicación entre la población con discapacidad cognitiva”.

Por su parte, Macarena Lizama, directora del Centro UC Síndrome de Down, señaló: “La actividad ‘Un Solo Cuerpo: Ensamblajes del Ser’ en donde convergen poetizas ecuatorianas visitantes y participantes de los programas de Autogestores para la vida adulta (AVA) y del colectivo ‘Yo artista’, ha sido un encuentro fundamental que resalta la convicción profunda de nuestro Centro de que la expresión a través de las diversas disciplinas de las artes son vías esenciales y ricas de comunicación para personas con discapacidad cognitiva. Todas las formas de expresión son bienvenidas para construir una mayor participación cultural y social inclusiva”.

Poética sensorial y accesibilidad

El lanzamiento del poemario La Rueca de la Urku estuvo acompañado de talleres prácticos que permitieron transformar el lenguaje poético en una experiencia sensorial abierta a todas y todos. “El libro nos plantea opciones de explorar distintas sensaciones e imágenes”, explicó Romero-Rojas, enfatizando que su mayor objetivo fue “generar recursos de accesibilidad para que la carga emocional y sensorial de la poesía fuera una experiencia concreta y compartida”.

Para la poeta ecuatoriana Mireia Ortega Enríquez, una de las impulsoras del proyecto, la propuesta artística “junta y teje: la palabra, el cuerpo y la memoria aparecen en escena para nombrarnos como humanos diversos”. Destacó además que el trabajo con el Centro UC Síndrome de Down permitió “un relato vivo sobre la posibilidad de la poesía de construirse sobre una dimensión concreta”.

Hilos de memoria compartida

El viernes 14 se cerró el encuentro con el taller “Tejiendo la Palabra”, donde las creadoras de La Rueca de la Urku invitaron al público a entrelazar cuerpo, poesía y memoria en un ejercicio de creación colectiva. Según Ortega, esta experiencia otorgó a las y los participantes “una consigna de ‘yo soy la poesía, la poesía soy yo’, que acerca la vivencia poética a lo cotidiano”.

Romero-Rojas resumió el impacto de este proceso señalando que el proyecto invitó a “reconocer el cuerpo como un lugar de memoria” y a que todas las formas expresivas —verbales y no verbales— permitan construir “mayor participación cultural y social”.

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