30 de Agosto de 2025
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Una versión de la obra "Las tres hermanas", donde la familia Prozorov dialoga, discute y filosofa con inteligencias artificiales: avatares creados para entretener sus días sin rumbo. Esta es la propuesta del director Angelo Solari de este texto ineludible del realismo ruso que, el próximo 16 de octubre, será estrenado en Teatro UC.
Por Lía Alvear
Una renovada propuesta de la obra de Antón Chéjov “Las tres hermanas” –que se estrenó en Moscú en 1901- presentará Teatro UC del 16 de octubre al 22 de noviembre. Bajo la mirada crítica del director Angelo Solari, la obra se sitúa en un tiempo y espacio indeterminados, donde Irina, Masha, Olga y su hermano Andrei viven atrapados en una especie de simulación.
En una serie de pantallas, que estarán en escena junto al elenco integrado por Blanca Lewin, Montserrat Ballarín, Valentina Muhr, Rodrigo Pérez y Luis Cerda, se proyectará un mundo creado por sus propios anhelos de los personajes, recreado con sus caras y voces. Se trata de una metáfora de la IA, entendida como un loop de simulación y eterno retorno: un mecanismo que les permite experimentar versiones fragmentadas de sus vidas, mientras intentan huir de su aburrida realidad.
El encargado de animar digitalmente a estos avatares es el artista transdisciplinario Diego Muhr, quien luego de estudiar composición musical en el Instituto de Música UC, se especializó en la composición de bandas sonoras para cine en el Berklee College of Music (España) y realizó una maestría en composición multimedia en la Hamburg University of Music and Drama (Alemania).
Según Muhr, aunque estos avatares surgen de procesos asistidos por IA, no buscan ser perfectos y, muy por el contrario, estarán llenos de glitches, errores y fallos. “Así se enfatiza su dimensión humana, frágil y defectuosa”(..) para mí, esa tensión entre simulación y error expone el límite de la IA: no puede reemplazar nuestra capacidad de fallar, de contradecirnos y de imaginar otras versiones de lo real”, comenta.
Una nueva caja de recursos

Muhr ha trabajado con una serie de softwares que se complementan entre sí: Unreal Engine, para construir y animar los entornos y personajes; Metahuman Creator y Character Creator, para detallar los rasgos humanos; FaceBuilder (de Keen Tools) para reconstruir rostros a partir de sesiones fotográficas; y iClone, para sincronizar las voces grabadas con la animación facial. En la postproducción utiliza After Effects, donde algunos efectos trabajan con Neural Networks y, finalmente, todo se integra con MadMapper, para proyectar las imágenes en las pantallas.
“En varios de estos pasos se incorporan tecnologías que podríamos llamar inteligencia artificial o algoritmos de aprendizaje automático, por ejemplo, en la fotogrametría de rostros o en la conversión de voz a animación. En conjunto, estas herramientas permiten ampliar las posibilidades creativas, pero siempre dentro de un trabajo artesanal, donde la IA se entiende como un recurso específico y no como un generador automático de imágenes”, explica el artista transdisciplinario.
El artista subraya que no se trata de pedirle a una IA que haga todo, sino de combinar su potencial con la mirada crítica y la sensibilidad humana. “La precisión técnica que aportan estos algoritmos —como la captura de gestos o la sincronización de labios— ayuda a profundizar en la construcción de los personajes y las atmósferas, pero la intención, la selección de detalles y la narrativa final siguen siendo decisiones humanas. En este sentido, la IA es solo una pieza más dentro de un proceso mucho más amplio, donde cada parte dialoga con las demás para dar forma a un lenguaje propio”, puntualiza.
“Para mí, la IA nunca sustituye la mirada, la sensibilidad ni la contradicción humana. El artista no solo produce contenido; produce sentido, contexto y posiciones políticas frente a la herramienta. El desafío es aprender a dialogar con la IA, usarla para complementar —y no reemplazar— nuestra capacidad de imaginar mundos”, reflexiona.




