6 de Marzo de 2026
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Esta investigadora ha combinado ciencia de frontera, redes internacionales y enseñanza adaptada a diferentes audiencias. Desde la UC, lidera el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), con la convicción de que el conocimiento teórico también puede conectarse con la sociedad.
Por Richard García y Eliette Angel
Probablemente la primera vez que Patricia Tissera escuchó la palabra galaxia fue cuando era niña, mientras veía la serie de televisión Viaje a las Estrellas. Esa fascinación inicial con los misterios del universo y la ciencia ficción derivó, con el tiempo, en una carrera científica consolidada a nivel internacional, basada en modelos y simulaciones numéricas capaces de reproducir en un computador cómo se formaron y evolucionaron las galaxias.
Estas fórmulas teóricas son como máquinas del tiempo para entender mejor cómo llegaron las aglomeraciones de millones de estrellas a su forma actual y lo que podría ocurrir con ellas en el futuro, incluyendo la que nos aloja, la Vía Láctea. “La verdad es que son impresionantes, en especial cuando uno ve sus imágenes, que parece que fueran dibujos o pinturas, pero existen en realidad”, dice Tissera con fascinación.
Para la investigadora del Instituto de Astrofísica UC es un misterio cómo es que el universo está lleno de estas estructuras en equilibrio a escalas gigantescas y que siguen reglas que guían su formación y evolución.
“Me emociona pensar que las leyes de la física que estudiamos aquí en el laboratorio son las mismas que gobiernan el universo, que uno puede explicar y entender, por lo menos a grandes rasgos”, señala.
Tissera nació en Córdoba, Argentina, y en 1988 entró a estudiar a la hoy Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, donde obtuvo la licenciatura en Astronomía (1991). Fue la única mujer que se tituló de su generación. En paralelo a su doctorado (1995), que cursó en la misma facultad, realizó estancias en prestigiosas universidades europeas, incluido el Instituto Max Planck de Astrofísica en Alemania, con el que sigue vinculada hasta hoy. En 1998 se integró al Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE) en Buenos Aires.
Reconoce que un logro que marcó su carrera fue la Early Career Grant que le otorgó la Fundación Antorchas en Argentina. “Significó un antes y después puesto que me permitió armar mi primer clúster de computadores para correr simulaciones y analizarlas, además que me ayudó a formar mi primer grupo de investigación. Mi hija había nacido también ese año 2001, entonces fue un gran aliciente”, recuerda.

En el IAFE permaneció por casi dos décadas y alcanzó el rango de investigadora principal, pero debido a la inestabilidad política y económica del país vecino, en 2014 decidió, junto a su esposo abogado y sus hijos, cruzar la cordillera. Primero arribó a la Universidad Andrés Bello y luego a la UC, en 2020.
Su llegada al Instituto de Astrofísica representó una oportunidad de crecimiento profesional, como profesora e investigadora, señala. Actualmente imparte clases tanto en la Licenciatura en Astronomía como en cursos de formación general, donde enfrenta el reto de enseñar la disciplina a estudiantes de diversas carreras. Esto la ha obligado a buscar una manera de explicar los conceptos sin utilizar ecuaciones, y adaptarse a diferentes intereses. “Tuve un grupo de estudiantes de literatura al que se le ocurrió buscar el origen de las palabras astronómicas para lo cual hicieron un proyecto fascinante”, comenta esta autora de más de 140 artículos y que ha formado 12 doctores.
Hoy su experiencia encuentra un nuevo punto de expansión en la dirección del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), que asumió en mayo de 2025. Este proyecto articula a más de 200 personas entre académicos, estudiantes e ingenieros, repartidos en distintas instituciones del país.
Desde el lado de la investigación ha aportado a fortalecer la astronomía teórica, es decir, a desarrollar sus modelos matemáticos y teorías que explican y predicen fenómenos astronómicos de gran escala. “La creación de estos universos virtuales ha sido clave para
tender puentes entre la teoría y las observaciones. Y ahora más que nunca son necesarios porque, gracias al poder de los telescopios actuales, hay muchos datos disponibles, especialmente de cuando el universo era muy joven, y necesitamos entenderlos e interpretarlos dentro un modelo cosmológico”, reconoce.
Esas simulaciones y modelos no se hacen en una pizarra, sino que requieren de gran poder de cómputo. Por eso, en CATA Tissera ha impulsado la inversión en infraestructura computacional, ámbito que conoce en profundidad debido a su trabajo con grupos de investigación de alto desempeño en Europa y América Latina.

Su trabajo en particular está vinculado con la evolución química cósmica, esto es incorporar en los modelos cómo y por qué el universo y las estrellas se fueron enriqueciendo con elementos químicos, principalmente los más pesados. “Estudiamos cómo se distribuyen y hacemos predicciones sobre su presencia y organización en el tiempo. Estamos en el proceso de corroborar nuestros resultados con observaciones de última generación”, adelanta.
Esa continuidad química, que conecta galaxias y estrellas con los elementos —incluyendo los que componen la vida—, la lleva a una convicción personal: “Yo creo que en algún lado del universo hay vida. Eso no quiere decir que uno interprete que nos van a estar aquí visitando… no, no, no”, aclara.
Más allá de las modelaciones, la investigadora mantiene un especial interés en la divulgación, donde destaca su participación en “El Gen Universal”, proyecto que utiliza la astronomía como una forma de aprender ciencia en la educación básica a través de capacitaciones docentes, material didáctico y experiencias presenciales. Lo impulsó el Núcleo Milenio Evolución Reconstruida del Medio Interestelar (ERIS), grupo de investigación multidisciplinario del cual fue codirectora.
“Me gustaría encontrar una manera de conectar las simulaciones con la sociedad y hacer una transferencia de conocimiento que impacte directamente en la calidad de vida”, afirma. Ya lo explora a través de un proyecto que utiliza modelos computacionales de órganos humanos —como el pulmón— para estudiar el recorrido de partículas de medicamentos y así determinar su eficiencia. “Es muy similar a lo que hacemos en las simulaciones de galaxias: tenemos un modelo, sacamos parámetros comparables con las observaciones, y queremos saber si está bien o mal, o cómo funciona”, dice.
Otro de sus sueños es generar un proyecto observacional propio para corroborar una de sus predicciones teóricas sobre la configuración de elementos químicos en galaxias lejanas. “Hasta ahora uso observaciones de otros, pero me gustaría poder diseñar un proyecto que demuestre claramente la conexión entre las propiedades químicas de una galaxia y su historia de formación”.
Esta entrevista es uno de los 28 reportajes que forman parte del libro “Profesores titulares. Nombramientos 2025”, disponible en este link.

MODELANDO GALAXIAS
Patricia Tissera desarrolla modelos por computador para entender mejor cómo llegaron estas aglomeraciones de millones de estrellas a su forma actual y lo que podría ocurrir con ellas. Esto sirve para conectar la teoría sobre el origen del cosmos con las cada vez más poderosas observaciones de los telescopios.




