30 de Agosto de 2025
6 MINUTOS DE LECTURA

En 1985, el filósofo publicó el “El Führer. Carta abierta a Rudolf Hess, prisionero de Spandau”. Hubo quienes lo interpretaron como una romantización del nazismo. También realizó un montaje del texto, protagonizado por Héctor Noguera y Julieta Melo, quienes a continuación revelan las verdaderas intenciones del escritor.
Por Ana Callejas Bustos
¿El lugar? Campus Oriente. ¿La sala? No importa, pero es grande, para unas 50 personas y hoy está repleta. Una audiencia apiñada desde el segundo piso, cerca de la biblioteca de la Escuela de Teatro UC, esperando lo que sí es importante: este es el lugar donde Gastón Soublette va a dar una de sus clases más memorables, con uno de sus textos más cuestionados. Esta es la historia de una polémica, del malentendido libro “El Führer. Carta abierta a Rudolf Hess, prisionero de Spandau”, y el relato de lo que verdaderamente quería representar el filósofo y académico UC con una lectura dramatizada en 1985, y reconstruida hoy, según sus protagonistas, Héctor Noguera y Julieta Melo.
Un acto, una polémica
No había ninguna invitación. Cualquier estudiante del campus Oriente podría haberse detenido con la bulla que salía de la sala, mientras Gastón Soublette terminaba de mirar los detalles previos a la representación actoral de su recién publicado libro “El Führer. Carta abierta a Rudolf Hess, prisionero de Spandau”. En esta actividad de lanzamiento, la sala de clases se llenaba dejando un espacio al centro para el acto: un joven Héctor Noguera, quien ya participaba de teleseries en Canal 13, repasaba el texto, mientras Julieta Melo -estudiante de Periodismo y Estética- se ponía un traje negro.

Julieta ya sabía bien el guión. Ya habían leído el poema “El Führer” varias veces en el grupo de poesía que se juntaba en el restaurante Las Lanzas. Esta vez, en otro escenario y frente a personas que por primera vez oían el texto, sentía un grado de nervio distinto. Sobre todo, además, porque Julieta había aceptado esta misión antes que Gastón Soublette le comentara que su compañero de escena sería nada menos que Héctor Noguera. Soublette quería presentar el texto, pero no lo quería leer él. Así, comenzaron a crear un personaje para Julieta y definieron que sería mudo. Ella jamás había tomado un taller de teatro, y cuando supo que actuaría junto a Noguera, no tuvo tiempo de arrepentirse del compromiso.
“En el momento de esa lectura dramatizada, nadie salió al patio del campus Oriente diciendo ́Gastón es nazi ́. A nadie se le hubiera pasado por la mente” – Julieta Melo
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Ese día de 1985 en campus Oriente, al inicio de la lectura dramatizada, Julieta Melo cruzaba el aula con un vestido negro, con flecos que se movían entre sus pasos lentos, junto a sus medias oscuras, y con el pelo en un moño, mientras Noguera releía “El Führer. Carta abierta a Rudolf Hess, prisionero de Spandau”. Allí, el actor lanzaba frases como “un buenmozo ario de excepción, quiero decir moreno, pero de raza heroica” y “¿Quién fue realmente el Führer? ¿Por qué hasta el fin invocó el nombre del altísimo?”. En la sala colgaba una bandera grande con la imagen de una esvástica sujetada por alfileres. Julieta caminaba por la sala, sombría, hasta esconderse tras esa bandera, para reaparecer después frente al público con otro semblante, otra ropa, otro mensaje: vestida con una túnica blanca, de lino, cara lavada y con el pelo suelto, ella deshacía la esvástica, para luego reaco- modar los alfileres en la bandera hasta dar lugar a una Estrella de David.
“Yo era súper joven en esa época. Imagínate, compartir el escenario con Héctor Noguera, obviamente estaba muy nerviosa. Y no se ensayaba casi nada. Yo no tenía experiencia en teatro, pero hice Periodismo y Estética como carreras paralelas, y allí conocí a Soublette, antes de tenerlo como profesor. Él estaba tocando el piano en una sala de clases y me acerqué a oírle. Después de eso tomé todos sus ramos. ́El Führer ́ era un poema largo, tenía un gran componente histórico. En el momento de esa lectura dramatizada, nadie salió al patio del campus Oriente diciendo ́Gastón es nazi ́. A nadie se le hubiera pasado por la mente. Teníamos una bandera nazi, pero que al final se destruía. Entonces, toda esta polémica posterior, yo creo que es aprovechamiento, porque claro Gastón ya no puede defenderse”, asegura hoy Julieta Melo.

Fuentes cercanas dicen…
Fuera de contexto, aquel libro y performance de 1985 aún despiertan curiosidad. Para muchas personas, el poema en sí reflejaba una cercanía entre Soublette y el nazismo. Hasta el día de hoy, después de la muerte del filósofo el pasado 24 de mayo, hay quienes rememoran el vínculo que Soublette habría tenido con el nazismo cuando más joven, como lo hizo el escritor Álvaro Campos en una conversación con el diario La Segunda a comienzos de junio. Pero quienes estuvieron ese día en campus Oriente desmienten que el profesor de Estética UC haya querido hacer una apología nazi con esta performance.
“Eso es ridículo e impensable. Nadie más alejado de un pensamiento nazi que Gastón Soublette, yo diría que es la antípoda, es el otro extremo. Él nunca perdió el optimismo de que el mundo se estaba transformando, y su fe en las personas es muy importante en estos momentos en que parece que todo sucede en el sentido contrario”, enfatiza Héctor Noguera, testigo cercano de esa época y de la trayectoria de Gastón Soublette.
“Eso es ridículo e impensable. Nadie más alejado de un pensamiento nazi que Gastón Soublette, yo diría que es la antípoda, es el otro extremo. Él nunca perdió el optimismo de que el mundo se estaba transformando, y su fe en las personas es muy importante en estos momentos en que parece que todo sucede en el sentido contrario” – Héctor Noguera.
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“Yo todavía no termino de procesar la muerte de Gastón. Creo que es una persona que va a hacer falta. Tú me puedes decir, bueno, pero era un señor que tenía noventa y tantos años. Y sí, pero es de esa gente que uno desearía que no muriera. Su pensamiento es una cuestión muy ne- cesaria en los tiempos que corren y no es reemplazable. Y Gastón para los años de esta performance ya estaba lejísimo de ser nazi o de tener alguna simpatía por el régimen nazi. Él estaba en contra de cual- quier forma de pensamiento que signifi- cara una opresión intelectual y espiritual del ser humano. Cualquier sistema que oprimiera al ser humano, para Gastón, era inaceptable. Esa era su filosofía”, recuerda Julieta Melo.




